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Saz

 

Sobre lo Sevdah

La palabra Sevdah se utiliza, además de para evocar una atmósfera, una forma de ser, de ver la vida, de sentir… para definir un género musical netamente tradicional relacionado con el territorio de Bosnia-Herzegovina. No obstante, dicho campo de acción abarca, también, otras zonas de lo que se dio en llamar Yugoslavia. El término Sevdalinka, por su parte, hace referencia a la pieza musical en sí.

Pese a que, con el paso de los años, la evolución del género ha sido considerable, su espíritu tiene que ver, esencialmente, con sentimientos como la melancolía, la nostalgia o la desazón. Su origen se localiza, según algunos expertos, unos cinco siglos atrás, y su base parece surgir de la mezcolanza cultural que ha impregnado una zona tan diversa, por la que tantos pueblos han transitado, y en los que tantas etnias han convivido.

Deovic Pasic Imamovic

De hecho, nos hallamos ante un género netamente urbano, surgido a partir de la fusión de elementos orientales (germina cuando gran parte de los Balcanes se encontraba bajo el manto otomano), occidentales y sefardíes. No olvidemos que una cantidad importantísima de judíos expulsados de la península Ibérica a finales del siglo XV encontraron su nuevo hogar en la zona, y que una gran parte de ellos echó raíces en Sarajevo. Es más, incluso hay quien encuentra conexión evidente entre elementos Sevdah y características del Flamenco o el Fado. Asimismo, tampoco hemos de olvidar que, pese a que la esencia Sevdah es fácilmente identificable, y tiene unas bases muy sólidas, tampoco es extraño poder escuchar, amparados en el universo de una Sevdalinka, sonidos o melodías de otros orígenes, como el gitano o el eslavo.

La mayoría de las piezas más populares son anónimas. No obstante, no son pocos los poetas que se dedicaron a crear algunos de los textos más conocidos, ni los músicos que, en el último siglo, han compuesto algunas de las melodías más populares. Entre ellos, sin ir más lejos, el magnífico acordeonista Ismet Alajbegović Šerbo, Safvet-beg Bašagić, Osman Đikić, Safet Kafedžić, Husein Kurtagić, el reputado Aleksa Šantić

Isovic Selimovic Mesanovic

Tradicionalmente, la Sevdalinka podía ser interpretada, tanto sin acompañamiento, como arropada por instrumentos de cuerda, más en concreto, la šargija o el saz. La incorporación del acordeón, ya asimilado por la cultura tradicional bosnia, tiene que ver con la dominación austro-húngara, iniciada en las últimas décadas del XIX. Debido a la expansión del área de influencia de la Sevdalinka a otras zonas de la antigua Yugoslavia, así como la progresiva incorporación de nuevos instrumentos, con el paso de las décadas fue habitual que el género se viera arropado, sin ir más lejos, por orquestas de tamburicas.

Pese a su largo recorrido, sin duda alguna, el género vivió una edad dorada durante la vigencia de Yugoslavia, convirtiéndose, prácticamente, en uno de los elementos definitorios de unión. Las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX supusieron un auténtico boom de la producción discográfica, aupando al grado de estrellato, e, incluso, mito, nombres como los de Zehra Deović, Zora Dubljević, Zekerijah Đezić, Zaim Imamović, Safet Isović, Nada Mamula, Sofka Nikolić, Hanka Paldum, Himzo Polovina, Meho Puzić, Nedžad Salković, Beba Selimović o Emina Zečaj, sin olvidarnos de virtuosos del saz como Muhamed Mešanović Hamić, Avdo Lemeš, Hašim Muharemović o Selim Salihović, y del acordeón como el gran Jovica Petković.

Mostar Amira Damir

Este auge propició, incluso, que grandes voces del pop o el rock, como Željko Bebek, Zdravko Čolić, Ibrica Jusić, Josipa Lisac, Toše Proeski, Jadranka Stojaković, así como bandas netamente roqueras como Divlje Jagode o, mucho más depuradamente, Azra y, más en concreto, su carismático líder Branimir Štulić, se animaran a coquetear, con menor o mayor acierto, con el género.

A medida que avanzó el siglo XX, nuevos instrumentos fueron incorporándose a las miles de producciones discográficas, en torno al género. El pulso y la púa, los clarinetes, los violines o los ambiciosos arreglos orquestales, finalmente, acabaron conviviendo con verdaderas coberturas netamente pop integradas por elementos como la guitarra y el bajo eléctricos e, incluso, la batería o el sintetizador, surgiendo, en algunos sectores, cierta controversia.

El fin del anterior siglo, y el inicio de éste, ha visto como nuevas generaciones han recuperado la esencia del espíritu Sevdah, ya sea bajo un prisma netamente tradicional, o a partir de su fusión con ritmos y ambientaciones más vanguardistas. Esta explosión se ha venido gestando a partir de nombres como los de Mostar Sevdah Reunion (encargados, también, de recuperar y reivindicar algunas de las grandes voces tradicionales de la antigua Yugoslavia: Ljljana Butler, Šaban Bajramović…), Damir Imamović, Merima Ključo, Amira Medunjanin, Mustafa Šantić e, incluso, Bojan Z, la mayoría de ellos, estudiosos de la tradición, pero abiertos a la hora de explorar horizontes.

Actualmente, pues, la esencia del Sevdah vive un nuevo empuje, que lleva camino de convertirse en uno de los elementos más recurrentes, a la hora de establecer, tanto una tarjeta de presentación de la marca “Bosnia-Herzegovina”, como uno de los pilares de su reivindicación nacional, aunque nunca deberíamos olvidar la condición multicultural de su esencia. Una prueba: en los nombres de artistas y compositores que aparecen en este texto podemos encontrar orígenes étnicos que van, del bosníaco al serbio, del croata al gitano, pasando por el macedonio. Por César Campoy