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Por César Campoy.

Posiblemente no hayamos arriesgado mucho optando por este gran clásico a la hora de emprender este viaje por la leyenda de lo Sevdah, pero hay que reconocer que reúne todos los condicionantes para recrearse en él; unos tópicos magníficos que la convierten en la pieza casi perfecta para ilustrar filosofía, espíritu e historia del género.

Para comenzar, nuestra versión favorita está interpretada por uno de los grandes, Himzo Polovina, un tipo bastante peculiar. Aquí donde lo ven, pese a ir ataviado, en muchas de las instantáneas que se conservan de él, con el típico traje tradicional bosnio, este señor nacido en Mostar fue un reputado doctor, especializado en neuropsiquiatría. De hecho, fundó la primera sociedad terapéutica para enfermos mentales de Bosnia-Herzegovina, e impartió clases magistrales en diversos congresos mundiales; algunas de ellas, sobre la relación entre la música y la mente humana.

Polovina, versión tradicional

Pasión por la tradición…

Polovina, hombre de su tiempo

… y hombre de su tiempo

Por lo visto, Polovina era un señor amable, interesado en recuperar y dignificar los sonidos tradicionales, pero, también, curioso de los ritmos más modernos. En una ocasión afirmó que, de no haberse dedicado a cantar sevdalinkas, le hubiera gustado convertirse en estrella del rock. Lo cierto es que se tomó tan serio esto del Sevdah, que está considerado uno de los maestros del género. Interpretó cientos de sevdalinkas, entre ellas, casi todas las más conocidas, como este Kad ja pođoh na Bembašu, del cual llegó a registrar varias versiones. Nosotros hemos elegido ésta que tira de pulso y púa (vamos, de tamburica), porque nos parece la más depurada, dulce y dramática. Además, la línea melódica y los arreglos son menos ásperos que otras versiones, como otra que se arropa en instrumentos de cuerda y acordeones (eso sí, hay que reconocer que cuenta con algunos coquetos pizzicatos de violín), y, sobre todo, aquella mucho más orquestal y recargada que, incluso, llega a limitar la excelente versatilidad de Himzo.

Polovina (derecha), junto a Nada Mamula, Safet Isović y Ksenija Cicvarić: Póquer de ases

Polovina (derecha), con Nada Mamula, Safet Isović y Ksenija Cicvarić: Póquer de ases del Sevdah

Kad ja pođoh na Bembašu, además de por ser una pieza tremendamente emotiva, también ha pasado a la historia por algunas cruciales particularidades. En primer lugar, por su vinculación al espíritu multicultural sarajevita. La tradición judía de la capital bosnia (basada, sobre todo, en el legado de muchos de los expulsados por los Reyes Católicos, que encontraron cobijo en esta y otras zonas de los Balcanes) encuentra aquí uno de sus referentes. Al parecer, Kad ja pođoh na Bembašu está ligada a una pieza sefardí (existen varias versiones, pero ésta es la más conocida), interpretada en ladino, El Dio Alto, cuya primera estrofa reza: “El Dio alto con su gracia, mos mande muncha ganancia, non veamos mal ni ansia, a nos y a todo Israel”.

No olvidemos que, antes de la II Guerra Mundial, en Sarajevo vivían unos 15.000 judíos. La ocupación alemana y el consiguiente holocausto llevado a cabo por nazis, ustachas croatas y colaboracionistas consiguió que, tras la contienda, sobreviviera poco más de un millar. No obstante, la conexión sefardí-sarajevita, hoy en día, sigue vigente. Quien visite la ciudad y quiera comprobarlo, tan sólo tiene que dejarse caer por el viejo cementerio judío, la ulica (calle) La Benevolencija, o tratar de hacerse con una copia de la más de seis veces centenaria Haggadah, una joya manuscrita creada en Cataluña, y que a lo largo de todos estos siglos ha sobrevivido a mil y una amenazas. Decimos lo de hacerse con una copia porque el original de este manuscrito estaba expuesto en una habitación acorazada del Museo Nacional de Bosnia-Herzegovina, pero la falta de presupuesto para su mantenimiento ha provocado el cierre de uno de los principales atractivos culturales de la región. Curiosa y patética paradoja, teniendo en cuenta que la institución resistió los envites de varias guerras (entre ellas, la última) sin doblar su rodilla. Por cierto, sobre las vicisitudes de la Haggadah versa el potable Los guardianes del libro, de Geraldine Brooks (RBA, 2010). Para adentrarse en el histórico universo sefardí de Sarajevo, por supuesto, recomendamos visitar la ciudad. Y aprisa, porque comienza a convertirse en destino turístico solicitado. ¿Una opción más económica? Dejarse caer por la siempre recomendable web de Balkanidades.

Regresando a la pieza que nos ocupa, algunas fuentes definen El Dio Alto como origen de Kad ja pođoh na Bembašu; otras afirman que ambas beben de una pieza de origen turco; otras, tal vez, de una melodía religiosa de origen musulmán…

Hace mucho tiempo, en Bentbaša...

Hace mucho tiempo, en Bentbaša…

La historia que describe esta mágica pieza es universal. Eso sí, tiene lugar en un área muy característica de Sarajevo, Bentbaša, en el río Miljacka, relativamente próxima a la famosa Biblioteca. A grandes rasgos, la letra narra la triste historia de un joven que se dejó caer por la zona (la traducción al castellano del título vendría a ser algo así como Cuando bajé a Bentbasa), acompañado de un corderillo blanco, y, tras echar un vistazo, comprobó que todas las chicas andaban por allí a excepción de su amada, que, desde la ventana de su casa, le citó para esa noche. El mozo se desmarcó con un “tal vez, mañana”, pero, cuando regresó al día siguiente, la joven ya se había casado con otro mozalbete.

La cantidad de versiones que existen de esta sevdalinka es incalculable. Tal es su nivel de popularidad que ha sido revisada por decenas de artistas y formaciones, a partir de innumerables estilos. Nosotros nos quedaremos, además de con la del gran Polovina, con las de las damas Nada Mamula y Zehra Deović, y con la de Zekerijah Đezić. Su condición de tesoro patrio ha hecho que estrellas del pop como Kemal Monteno o Jadranka Stojaković también hayan realizado sus peculiares revisiones, y una de las recreaciones más antiguas, de las que consta registro sonoro, es la que realizó Edo Ljubić. Data de finales de la década de los 30 del siglo XX, y, como el devenir de su intérprete, es tan peculiar como interesante y enigmática.

Tanta importancia tiene esta composición en el sentir identificativo del pueblo que, según algunas leyendas, sus notas fueron las últimas que escucharon, en el Ayuntamiento de Sarajevo, el malogrado archiduque Francisco Fernando y su esposa, antes de que Gavrilo Princip los asesinara y, de rebote, metiera a medio planeta en una guerra mundial. Así lo retrató el realizador Fadil Hadžić en su filme Sarajevski atentat (1968). De hecho, durante buena parte de la última guerra, y su consiguiente posguerra, esta composición fue considerada, sobre todo por los bosníacos, una especie de himno nacional no oficial.

¿Entienden ahora por qué Kad ja pođoh na Bembašu era la pieza ideal para emprender este viaje sonoro balcánico?

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7 pensamientos en “Kad ja pođoh na Bembašu – Himzo Polovina

  1. Pingback: Sevdalinkas, la melancolía bosnia - Revista Balcanes

  2. Shalom, podria mandarme por correo la letra de la canción ladina el dio alto por favor, ya que la cantamos después del Habdala, y quisiera tener la letra. Muchas gracias

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