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Por César Campoy.

Abordamos una de las sevdalinkas más antiguas que se conocen. Sus orígenes se pierden en los tiempos en los que el Imperio Otomano se extendía por buena parte de los Balcanes. De estructura netamente oriental, y aires místicos, este Put putuje Latif-aga es uno de los temas más sentidos y profundos que ha brindado el género a lo largo de siglos y siglos. En esta ocasión hemos optado por recuperar la revisión que de él realizó la incomparable Beba Selimović. Nacida en la localidad bosnia de Trebinje (actualmente, en la República Srpska), Beba está considerada, junto a otras Damas como Nada Mamula o Zehra Deović una de las grandes voces femeninas del Sevdah de la edad de oro del género, las décadas de los 60 y los 70.

Con cuatro años se trasladó a la capital con su familia, y apenas una década más tarde fue seleccionada para cantar en la popular Radio Sarajevo. Sus cualidades vocales impresionaron a propios y extraños y, con tan sólo 19 años, ya publicó su primer sencillo, encabezado por el tema Po mojoj bašti zumbuli cvjetaju, compuesto por el gran Jozo Penava y editado en 1958 por Jugoton. Dotada de un impresionante chorro de voz, la Selimović decidió realizar sus últimas grabaciones a finales de los 80 y, prácticamente, se retiró de la vida pública. Atesora una cantidad incontable de discos de oro y galardones nacionales e internacionales, y es uno de los artistas yugoslavos que en más ocasiones representó a su país en decenas de citas culturales por medio mundo.

Mirada segura, la de la joven Beba

Mirada segura, la de la joven Beba

La importancia de la sevdalinka que nos ocupa es tal que, de hecho, encabezaba un epé de cuatro temas que completaban las composiciones Haj sa prozora (también del gran autor Jozo Penava) y los kolos Kruševačka Petorka (de la virtuosa del acordeón, Radojka Živković) y Banjski Čačak, por supuesto, instrumentales. El vinilo fue editado en 1962 por el sello Diskos y, como adivinarán, el colchón instrumental fue cosa de la orquesta de la incomparable Radojka, habitual, también junto a su marido, de muchas grabaciones de reconocidas figuras del género.

El título de la canción podría traducirse por Latif agá está viajando. Latif es un nombre propio, y agá es una especie de título utilizado por los otomanos, otorgado a aquellos que estaban al servicio del Estado. Según el texto, el tal Latif cabalga en compañía de su amigo Suleimán, y en un momento dado, al verlo cabizbajo le pregunta si está triste. Por lo visto, regresan de Banja Luka, donde Suleimán se lo debió pasar en grande, porque comienza a salir en la conversación las fiestas y merendolas tradicionales a orillas del río Vrbas.

El Vrbas a su paso por Banja Luka

El Vrbas salpicando Banja Luka

No obstante, como era de prever, también en este caso nos topamos con una misma melodía y diferentes letras a lo largo de la historia de este tema, ya que es fácil encontrar, sin ir más lejos, algunos textos de este Put putuje Latif-aga que añaden un par de frases más, en las que, finalmente, también aparece el nombre de una bella y lozana moza (a la que, obviamente, también se le echa de menos), llamada Fata Atlagica, así como otros que añaden diversos elementos característicos de la zona.

La interpretación que nos ocupa, como no podía ser de otra manera, es tremendamente dramática, y está repleta de aires melancólicos. Una larga introducción instrumental repleta de desazón, a cargo de la señora Živković y su orquesta de acordeones, da paso a una primera estrofa, que Beba interpreta de manera pausada pero contundente. Le sigue otro intermedio instrumental, tras el cual la Selimović sigue desgranando, con una calma desconcertante, la historia en cuestión. Continúa el diálogo con los acordeones, que marcan una recta final repleta de nostalgia.

Fikreta: Prestancia y cotundencia

Fikreta: Prestancia y cotundencia

Una de las primeras revisiones de este Put putuje Latif-aga que se conocen fue la grabada por una joven Nada Mamula a principios de los 60, en compañía del incomparable Ismet Alajbegović Šerbo al acordeón. No obstante, tal vez las interpretaciones más celebradas por el gran público han sido las ejecutadas por el maestro Safet Isović a lo largo de su carrera. En 1979 se desmarcó con una despampanante, a partir de su tradicional e incomparable chorro de voz. También la conocidísima Hanka Paldum dijo, en 1980, la suya, mientras que la desconcertante Fikreta Djuvelek, a finales de los 70 del siglo pasado, dejó para la posteridad una dignísima revisión a partir de un misterioso y embriagador efecto de eco.

Por supuesto, las nuevas generación han seguido manteniendo viva la llama de esta incomparable creación artística. Mostar Sevdah Reunion, en su disco A Secret Gate de 2003, siguieron la senda marcada por el proyecto, aunque que, tal vez, la reinterpretación más impresionante de las últimas décadas haya corrido a cargo del sin par Damir Imamović. Se trata de una asombrosa modernización del clásico, aunque manteniendo la esencia primitiva de la guitarra, imitando al clásico saz. El tema abre su imprescindible disco en direco Svrzina Kuća, de 2011. Una auténtica delicia.

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