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Por César Campoy.

Grande entre los grandes. Pocos entendidos en la materia discreparán. Zaim Imamović está considerado, con razón, un maestro de lo Sevdah, y todo un referente de la interpretación de la sevdalinka. Nació en una localidad de la Bosanska Krajina, en 1920, pero su familia pronto se trasladó a Travnik. No obstante, se puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que Zaim se sentía, en gran medida, sarajevita, ya que hasta la capital llegó siendo un adolescente, y allí residió hasta su fallecimiento, en 1994, en pleno asedio a Sarajevo.

Zaim Imamović

Un buen hombre

Zaim Imamovic

Su vertiente instrumental

De registros inconfundibles, característicos son, tanto ese ligero toque nasal de su voz, como la dicción depurada. La delicadeza y técnica con las que se empleaba consiguieron que acabara convirtiéndose en integrante de esa raza de artistas que es capaz de convertir en fácil lo complicado. Por si esto fuera poco, además de depurado vocalista, también fue instrumentista (era un apasionado del acordeón) y compositor. Todo ello convirtió a Zaim Imamović, prácticamente, en un artista total; sin duda alguna, uno de los intérpretes de sevdalinkas que más viajó fuera de Yugoslavia para dar a conocer la cultura de su pueblo.

Eso sí. No nos engañemos. Pese a ser una de las figuras del universo Sevdah más admiradas, incluso, por sus propios compañeros, nunca se comportó como una estrella. Renunció a la posible vida de estrella de la canción popular y se decantó, sin dudarlo, por un modesto devenir, a partir de su sueldo como trabajador de Radio Sarajevo.

Nedžad Salković, Hašim Kučuk Hoki, Beba Selimović, Zaim Imamović i Nada Mamula

En compañía de Salković, Hoki, Selimović i Mamula

Čemu srce da se nada, el tema que nos ocupa, tal vez no sea una de las melodías más masivas de Zaim. Eso sí, se trata de una sevdalinka a medio tiempo, prácticamente de libro. Compuesta, la música, por el propio Imamović, en compañía de uno de sus más fieles colaboradores, Safet Kafedžić (que se encarga de la letra), su elegante texto se recrea en recuerdos de un amor de primavera, mientras la música se apoya en una pegadiza y característica introducción de acordeón que rápidamente da paso a un Zaim sobrio que vocaliza a la perfección, mientras dialoga con una melodía recurrente que va y viene. El ralentizando final, pese a parecer brusco, también suele ser corriente en muchas piezas de estas características. Sin duda, nos hayamos ante una de las composiciones e interpretaciones más contundentes y directas de nuestro protagonista, que en esta ocasión se ve rotundamente arropado por los miembros de la experimentada Orquesta Nacional de la RTV de Sarajevo.

Nedzad Zaim Imamovic

Compartiendo disco con su hijo Nedžad

Safect Isovic Zaim Imamovic

Un clásico: Junto al gran Safet Isović

Comentábamos que Zaim fue una de las figuras de la canción más queridas de Yugoslavia, incluso por sus compañeros de profesión que, además, mostraron hacia su figura, siempre, un respecto increíble. Con muchos de ellos, como era de prever, compartió grabación. Lo hizo, por ejemplo, con el inmenso acordeonista Ismet Alajbegović Šerbo, con quien actuó en innumerables ocasiones. Otros, además, registraron temas compuestos por Imamović. Nada Mamula se lanzó con el Sve behara i sve cvjeta, Ružica Panić se animó con Da znaš samo druže miliZora Dubljević hizo lo propio con Vezak vezla Ajka, la inmensa Zehra Deović fue una de las numerosas voces que se atrevieron con el clásico Sarajevo, behara ti tvoga, el maestro Safet Isović bordó Sjećaš li se draga prošlog ljeta… Precisamente Safet fue uno de los mitos del Sevdah que compartieron estudio de grabación con Zaim. De una de aquellas sesiones surgió la curiosa Hej, Šoferiuna especie de Amigo conductor a la balcánica, compuesta por el propio Isović, y que ambos interpretaron a dúo.

El bueno de Zaim, además de sus canciones e interpretaciones, aseguró la continuidad de la estirpe Imamović relacionada con lo Sevdah merced, en primer lugar, a su hijo Nedžad (también instrumentista y vocalista), y, más recientemente, a través de su nieto, Damir, uno de los revolucionarios y renovadores del género más importantes de las últimas décadas, y parte de cuya obra analizaremos desde aquí.

Todos ellos, a buen seguro, disfrutarían juntos, en muchas ocasiones, de la maravillosa ciudad bosnia de Počitelj, a orillas del río Neretva, donde Zaim poseía un terrenito. Allí, precisamente, grabó algunos de los entrañables vídeo-clips producidos por la televisión nacional. Uno de ellos fue el que promocionaba el tema Djevojka sokolu zulum učinila.

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