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Por César Campoy.

De nuevo tenemos que remontarnos a siglos pasados para tratar de localizar los orígenes de una pieza tradicional, cuyo autor se desconoce. Para que el lector se haga una idea, la primera grabación que nos consta de este Srdo moja, ne srdi se na me fue realizada a principios del siglo XX por el músico de la Vojvodina, Jovan Radivojev. De aquel sencillo, a 78 rpm (completaba Molsko kolo), el sello norteamericano Columbia fue reeditando diversas copias a lo largo, también, de las décadas de 1920 y 1930. Aquella versión recoge, prácticamente, la letra original, aunque añade algunos textos poéticos serbios. A tres voces, también incorpora el concurso del gajde, una suerte de gaita típica de regiones como Eslavonia y Baranja.

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Besko, con sus mejores galas

Debemos dar un salto hasta 1964, eso sí, para encontrarnos con una versión modernizada, que ya será tomada como referencia para los intérpretes de lo Sevdah que harán suya esta pieza, típica de la región de Sandžak. Aquel año, Nestor Gabrić publicaba, vía Jugoton, un epé encabezado por Bosno moja poharana, y que completaban Put putuje Latif-aga y Leti soko od jele do jele. La música corría a cargo del cuarteto de Dragoljub Đorđević.

No obstante, la interpretación que nos importa hoy no es otra que la de Hamid Ragipović Besko, una de las voces más reputadas, precisamente, del Sandžak, el territorio heredero del Sanjak de Novi Pazar otomano que, actualmente, se encuentra dividido entre Serbia y Montenegro, con mayoría de población bosniaca y con unas particularidades culturales específicas. De hecho, pese a no hallarse en territorio bosnio, existe una cantidad importante de sevdalinkas cuyo origen radica en aquella región, cuna de voces amantes de lo folclórico tan celebradas como las del propio Hamid o Ćazim Čolaković (ambos, de la localidad de Sjenica).

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Grabaciones pioneras

Hamid inició su carrera en los 70 del siglo pasado. Tras un encuentro con Safet Isović, este último le animó a que viajara a Sarajevo, y prometió presentarlo en sociedad bajo su manto protector. Así fue, y, en 1974, Besko veía editado el sencillo compuesto por los temas Ja noćas lutam y Zbogom starice majko (ambos de Rade Jovanović), con el apoyo instrumental del inmenso Ratomir Petković. Aquella carta de presentación hizo que se le abrieran todas las puertas. El vibrato y color de su voz encandilaron a un respetable que fue testigo de su consagración en la edición de 1976 del Festival de Ilidža, con aquel Ko te voli, čija li si žena.

En 1977, también Jugoton se encargaba de prensar su primer larga duración, titulado Kad pođoh da se prošetam (bajo el subtítulo Canciones tradicionales de Bosnia y Sandžak), producido por Blagoje Košanin, y conducido y musicado por Spaso Berak. Su buena acogida hizo que, dos años después, viera la luz otro elepé; el que a nosotros nos interesa. Se trata del titulado, precisamente, Srdo moja, ne srdi se na me. En él, el bueno de Ragipović se viene arriba con clásicos como (además del que nos ocupa) Mujo djogu po megdanu voda, Grana od bora u Oj golube, moj golube. En este caso, los arreglos y la dirección musical corrieron a cargo de Jovica Petković (al mando de la Narodni Orkestar Radio-Televizije Sarajevo), y la producción fue cosa de Risto Svirkov, grande entre los grandes, como hemos venido comprobando, a lo largo de la andadura de Sevdalinkas, en piezas interpretadas por los mejores instrumentistas y vocalistas como el Oj Safete, Sajo, Sarajlijo, de Nada Mamula y Safet Isović; el U lijepom starom gradu Višegradu, de Himzo Polovina, o el Đul Zulejha del propio Safet.

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Chaqueta al hombro

La traducción al castellano de Srdo moja vendría a ser algo así como Mi enfado o Mi enojo. La letra de esta canción es bastante breve y, a grandes rasgos, habla de una especie de discusión entre dos partes que no se identifican, aunque, desmenuzando el texto completo, podemos hacernos una idea del objetivo buscado. En la breve narración, uno de los contendientes pide al otro que no se enoje con él, que no sienta ira hacia él. “Porque, si estoy en tu contra, toda nuestra Bosnia no se reconciliará. Ni Bosnia, ni Herzegovina, ni todas las aldeas de Sarajevo“, asegura, mientras sentencia con un broche reconciliador en el que añade que tan sólo sus bocas de miel serán capaces de mantenerlos juntos.

En cuanto a la interpretación que nos ocupa, nada más comenzar, el tempo y la irrupción alocada y pizpireta de acordeón y violín nos indican que nos encontramos ante una revisión desenfrenada del clásico. El gran Jovica deja claro y meridiano, con sus continuas florituras, quién manda en el salón. De hecho, las pinceladas de Petković llegan a ser, en ocasiones, demasiado nerviosas y frenéticas, rozando la ilegalidad en cuanto a seguimiento del tempo. Entre transición y transición (ora a base de clarinete, ora vía cuerdas, ora con toda la orquesta entregada) Hamid derrocha un vozarrón y una técnica casi impecables, apenas dejando silencios en los que poder llevar a cabo el sano ejercicio de la respiración. El final, también aquí de manual, llega a partir de una breve línea ralentizada.

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Mamula, por partida doble

Aparte de la ya mencionada versión de Nestor Gabrić, de 1964, tal vez una de las más celebradas fue la llevada a cabo, un año después, por nuestra admirada Nada Mamula, bajo el amparo de la orquesta de Dušan Radetić (en epé con diversas portadas y ediciones, encabezado por la mágica Bere cura plavi jorgovan). Una revisión también tomada como referente en futuras grabaciones.

A partir de aquí (prueba de la condición de himno nacional de nuestra pieza), el listado de voces que se animaron con Srdo moja, ne srdi se na me (en ocasiones, bajo el título sencillo de Srdo moja), es, casi, inabarcable. Sin ir más lejos, en 1974, Mustafa Ezić lo incluyó en su elepé homónimo. Tres años después, hizo lo propio Tozovac, y, cuatro después, la siempre reivindicable Beba Selimović, en su elepé Sve behara…

A ellos deberíamos añadir los nombres de otras figuras como Meho Puzić, Bora Drljača, el acordeonista serbio Ljubiša Pavković (en aquella megacolección en la cual también, como vimos, se incluyó Vratnik pjeva), Nedžad Salković (en su larga duración Snijeg pade drumi zapadoše, en el que se ayuda de Radojka y Tine Živković), Zvonko Bogdan, o la mismísima Lepa Brena.

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La puesta al día de Damir y los suyos

Más recientemente, las gentes de Mostar Sevdah Reunión publicaron, a través de diversas plataformas digitales, una particular revisión, aunque, tal vez, el homenaje más elaborado y rompedor de los últimos años, vino, en 2012, de la mano de Damir Imamović y su Sevdah Takht. La pieza, una deconstrucción en toda regla, al más puro estilo Ferran Adrià, en la cual el sarajevita se sirve del espíritu rompedor de sus socios Nenad Kovačić e Ivan Mihajlović (todavía no se había incorporado Ivana Đurić) para dotar de un nuevo y más descarnado significado al texto, es una muestra más de que Damir es sinónimo de futuro en el arte de la sevdalinka.

 

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