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Por César Campoy.

Del cordial de Zekerijah Đezić poco podemos añadir a lo ya apuntado en la entrada en la que abordamos su correcta interpretación del Razbolje se šimšir list. Se trata de uno de los nombres más destacados de la música popular yugoslava, enamorado de una ciudad, Tuzla, en la cual se desarrolló como artista, antes de dar el gran salto a Sarajevo. A aquella localidad, capital del cantón al que da nombre, y uno de los centros neurálgicos del país, el intérprete rindió, a lo largo de su carrera, diversos homenajes. Del Tuzlanka se Sarajkama hvali, al tema que hoy abordamos.

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Sentido homenaje a Tuzla

Y es que, sin ninguna duda, podemos considerar esta Pod Tuzlom se zeleni meraja como una de las joyas de la tradición popular de lo Sevdah. La versión que nos ocupa (su texto) es la más popular, la más conocida. Una versión acortada y, hasta cierto punto, modificada, a partir de la que está considerada la original. Pese a que esta narración más breve es la que ha perdurado en el desarrollo histórico de la sevdalinka, en el maravilloso e imprescindible volumen Serbo-Croatian Folk Songs, dentro de la colección Yugoslav Folk Music, publicada en 1951 por la Universidad de Columbia, a partir del minucioso trabajo llevado a cabo por Béla Bartók y Albert B. Lord, se da prioridad a la narración completa, compuesta por un total de ocho estrofas, frente a las cuatro de la versión estandarizada.

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La mítica plaza Soni

Las crónicas aseguran que las primeras referencias sobre la existencia de esta sevdalinka nos trasladan a la época del Sultán Selim III (1761-1808), más en concreto, al tiempo en que la mezquita Jalska, de Tuzla (evidentemente), fue reformada. Según asegura el reconocido escritor e historiador Husein Đogo Dubravić, en su estudio Naša lijepa i bogata Tuzla u slici i pjesmi (Nuestra bella y rica Tuzla en imágenes y canciones), publicado en 1944, en la actual plaza Soni había diversas fábricas de sal (la denominación de la ciudad, a lo largo de los siglos y en los diferentes idiomas de sus habitantes, siempre ha estado ligada a esta sustancia), y su seguridad estaba en manos de una suerte de agentes que se encargaban de que no existiera ningún tipo de robo o fraude. Mujo, así como el resto de protagonistas de nuestro tema, existió de verdad. De hecho, era conocido como uno de los vigilantes más severos. ¿Qué ocurrió aquel día para que lo acontecido mereciera una sevdalinka imperecedera? Después lo sabremos.

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Con Vinka, y a 78 rpm

En primer lugar, deberemos viajar hasta los Estados Unidos, a la primera mitad del siglo XX, para localizar la grabación más antigua de esta composición, de la que somos conscientes. En 1940 la llevó a cabo, nada más y nada menos, que Vinka Ellesin. Nacida en Ohio, en 1921, hija de emigrantes serbios, allí fue bautizada con el nombre de Reina de la Sevdalinka. Con 16 años ya participaba en algunos programas de radio locales y, con 18, actuaba en clubes de solera. Inmediatamente, se convirtió en una de las voces más conocidas que frecuentaban el folclore yugoslavo de Norteamérica. De hecho, apenas paró quieta en interminables giras, que también se extendieron a Europa. Formó parte de la vieja guardia de voces serbias en el nuevo continente, junto a otras figuras archiconocidas como Edo Lubich, y actuó en algunos saraos en homenaje al cabecilla chetnik Draža Mihajlović, así como en numerosas fiestas de guardar.

En los estudios de Detroit regentados por John Dobranich, creador también del sello Zora, especializado en música tradicional yugoslava, Vinka registró aquel sencillo a 78 rpm, encabezado por la tonada nupcial Svatovac, y completado con, efectivamente, un Pod Tuzlom sin desperdicio.

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Safet, de los primeros

Sobrepasada la mitad de siglo, en 1959, fue nuestro respetado Safet Isović quien hizo lo propio, en una versión en la que se acompaño del acordeón del enorme Ismet Alajbegović Šerbo. A partir de ahí, al maestro de la sevdalinka le entraron los nervios, y se puso a grabar revisiones del Pod Tuzlom se zeleni meraja como si no hubiera un mañana. Con orquesta, sin orquesta, rimbombante, íntima…

No obstante, nosotros hemos decidido optar por la interpretación que se marcó Zekerijah. Nos consta que fue publicada, en 1984, vía Jugoton, en un recopilatorio en el que once artistas se genuflexionaban ante la ciudad de Tuzla. Đezić, efectivamente, interpretaba un Pod Tuzlom se zeleni meraja que, además, daba título a un trabajo producido por el solvente Risto Svirkov, y que contaba con el inestimable concurso de la Tamburaški i Narodni Orkestar de la radiotelevisión de Sarajevo.

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Zekerijah, enamorado de Tuzla

Por otra parte, y como avanzábamos antes, lo expuesto en Pod Tuzlom se zeleni meraja está basado, según las crónicas, en hechos reales, recogidos por Đogo. La historia que desarrollamos, evidentemente, es la que inspiró a la sevdalinka de ocho estrofas a la que nos referíamos. La misma en la que están basadas las posteriores versiones, entre ellas, la que nos ocupa.

Habíamos dejado al eficiente Mujo al cargo de la plaza en la cual se encontraban las fábricas de sal. Celoso de su trabajo, cuidaba de que nadie tratara de estafar a nadie, y de que ninguna mano furtiva se hiciera con un puñado del preciado material. Nuestro protagonista, de origen albanés, estaba autorizado, por supuesto, a imponer la multa correspondiente, si estimaba que se había cometido delito alguno. Aquí entran en acción las otras protagonistas de esta historia: Fata y sus amigas, dispuestas a coquetear con Mujo y, de paso, tomarle un poco el pelo. Fata era la reina de la fiesta. Guapa, coqueta, un tanto creída y, por supuesto, rica. Hija de Salih-aga Starčević (Atiković), provenía, como sus compañeras, de la barriada de Atik Mahale, y gustaba de presumir ante vecinos y extraños.

El caso es que, aquel día, su vena más traviesa se había despertado, y el objetivo no iba a ser otro que el pobre Mujo. Allá que se fueron unas, entre gritos y alboroto, para engañarlo y llevárselo a bañar al río Jala, mientras otras se agenciaban un puñado de sal. Nuestro recto guardián, evidentemente, hizo prevalecer el deber sobre el placer, e inmediatamente dictó sentencia en juicio callejero sumario, ajeno a que las chiquillas, lo único que querían, era coquetear. “¡Al cuartelillo, todas!“, aseguró, firme. Entre carcajadas, ellas le respondieron que no hacía falta, que tenían dinero de sobra para abonar, en aquel momento, y sin necesidad de descuento por pronto pago, lo que se les demandara. La situación, evidentemente, ya se había enrarecido, y el buen rollo se había transformado en tenso momento. “¿Así que éstas tenemos?“, pensó Mujo, y se desmarcó con una penalización que ni el más reputado y curtido abogado neoyorquino sería capaz de rebajar: “Como sois tan ricas, y el Estado necesita dinero, un ducado por cabeza“, sentenció, mientras los vecinos le acusaban de gruñón y abusón.

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La verdadera protagonista

Y allá que fueron pasando, una a una, pagando su ducado, mientras el guardián miraba de reojo a la bella Fata que, cuando llegó ante él, lo miró con desprecio y arrojó la moneda a sus pies. Mujo, enfurecido y humillado le gritó: “¡Tú deberás pagar más de 100 ducados o te pongo los grilletes!“. La joven, sin pensárselo dos veces, se arrancó el valioso collar de su cuello, se lo lanzó a la cara al albanés y, entre vítores y olés, saludó al tendido dando media vuelta y escupiendo un: “Ahí tienes, muerto de hambre“. Al día siguiente, la autoridad competente inició una investigación, el pobre Mujo se vio obligado a devolver lo cobrado, y fue despedido sin derecho a paro. Evidentemente, el suceso ya había recorrido toda la contornada. Era cuestión de horas que alguien ideara una sevdalinka para que, más de un siglo después, la chanza continuara.

Con el paso de los años, esta historia (ya lo advertíamos) fue variando, y, con ella, las diferentes letras de las diversas canciones cuyo título, eso sí, en todos los casos siguió siendo Pod Tuzlom se zeleni meraja, que podríamos traducir por algo así como La pradera era verde por Tuzla. En cuanto a los textos, ya decimos que los hay para todos los gustos. Otra versión presenta a Mujo como una especie de guardia de aduanas, que corteja a Fata advirtiéndole de que no podrá pasar hasta que no pague un beso como prenda. En la propuesta por Bartók, bajo el asesoramiento de Lord, y a partir de aquella presentación en ocho estrofas, Mujo recibe el pago de las jóvenes en un ambiente más festivo, y también pretende cobrarse el premio gordo en forma de ósculo. En el breve texto que a nosotros nos ocupa, por otra parte, también se hace referencia al hecho de que Fata decide saldar su deuda con el collar, mientras sus amigas lo hacen con el ducado de turno. Poco más.

En cuanto a la interpretación de Zekerijah que hoy degustamos, el tema arranca con una abrumadora introducción a base de tamburica (lo que viene siendo una orquesta de pulso y púa). Acto seguido, Đezić nos muestra su voz educada, repleta de matices y verdaderos ejemplos de control de la respiración. El aire melancólico y, en ocasiones, agridulce, es evidente. Sobre todo, cuando el acordeón acompaña la línea vocal. Ambos estructuran una interpretación sentida, casi hipnótica, calmada, sin artificios absurdos, pero repleta de pasión. El final, austero y básico.

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Hašim y su inseparable saz

El grado de popularidad alcanzado por Pod Tuzlom se zeleni meraja es tal, que nos resulta harto complicado seleccionar algunas de sus revisiones más conocidas. Eso sí, en cualquier compilación al respecto, no debería faltar las llevadas a cabo por la mismísima Nada Mamula que, como Safet, se vino arriba a la hora de recrearse con varios homenajes a tan celebrado tema. Lo mismo hizo el enorme Jovica Petkovic, que se marcó una (evidentemente) instrumental y virtuosa revisión. Por otra parte, en 1978, otras dos figuras imprescindibles del género la incorporaron a su repertorio grabado. Se trata de Nedeljko Bilkić, y Hašim Muharemović, maestro del saz que consigue dotar de una nueva dimensión a tan preciada gema.

Ya iniciado el siglo XXI, en 2004, Nedžad Salković, una de las personalidades artísticas de la región con más discos editados, se marcaba una versión repleta de efectos y cuyo vídeo-clip, realizado por una televisión local de Tuzla, es una verdadera oda al croma. Tres años más tardes, veía la luz el disco de Nedžad, Najveći hitovi live, editado por el sello belgradense Take It Or Leave It Records, y el artista se recreaba en una composición que se deja querer.

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Actualizando un clásico

No han sido éstas las únicas revisiones llevadas a cabo en los últimos años. Las nuevas generaciones, impulsoras y renovadoras de la sevdalinka también han querido saber lo que se siente interiorizando este Pod Tuzlom se zeleni meraja. Pioneras fueron las gentes de Dertum, a partir de aquel mítico Vezak Vezla, editado agonizando ya el siglo XX. Esta década, y en apenas dos años, dos de los pilares del Sevdah más rompedor se unieron a la fiesta. En 2011, Damir Imamović publicaba aquel mágico Svrzina kuća, registrado en vivo, tan sólo acompañado de su guitarra, en tan emblemático edificio de Sarajevo. Su interpretación, como era de esperar, dio una nueva vuelta a este clásico, y consiguió poner los pelos de punta a los allí congregados aquellas dos inolvidables noches del 27 y 28 de julio. Dos años más tarde, Halka, la formación liderada por el incombustible Božo Vrećo, se vestía de largo en su estreno, bajo el manto de Gramofon. Por supuesto, un Pod Tuzlom se zeleni meraja totalmente tuneado no podía faltar en su repertorio.

Para finalizar, y como curiosidad, tampoco deberíamos dejar de prestar nuestros oídos a la grabación que, en 2015, brindó al respetable Dragan Mlađenović, bajo el título Pevanje srpsko, en la cual adaptaba clásicos del folclore de Kosovo, Dubrovnik, Bosnia y el Sur de Serbia.

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