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Por César Campoy.

En 2006 el “Nuevo Sevdah” vivió uno de sus acontecimientos históricos más significativos. Ese año, cuando todavía no contaba las tres décadas de vida, Damir Imamović (hijo y nieto de dos leyendas del género: Nedžad y Zaim, respectivamente), unía sus fuerzas a Edvin Hadžić (contrabajo) y Vanja Radoja (violín) para, a partir del proyecto Damir Imamović Trio, grabar y editar Svira Standarde / Plays Standards  (Buybook), un disco con el cual, este estudioso y divulgador de todo aquello relacionado con lo Sevdah, se presentaba oficialmente en sociedad, recuperando algunos clásicos, y exprimiéndolos a partir de su personal filtro. Esa primera referencia, aunque cosechó algunas críticas por parte de los sectores más inmovilistas, nos hizo presagiar que algo importante estaba a punto de suceder en el universo Sevdah. Posiblemente, entonces, Damir no había pulido, del todo, su registro vocal, pero aquella combinación de los tres instrumentos propuestos (en aquella época, Imamović utilizaba una guitarra clásica y acústica), sumada a la pasión por mezclar y agitar tradición con referentes contemporáneos, abrió una ventana que dejó pasar una suerte de aire renovador que, a día de hoy, está más que asentada. En una década, el sarajevita se ha convertido en uno de los pilares indiscutibles del género, así como en una de las figuras más renovadoras y revolucionarias, en la actualidad, bajo la marca de sus efectivos Damir Imamović’s Sevdah Takht.

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Lo primero de Damir.

Aquel trabajo, registrado con la ayuda de Saša Karabatak, reputado técnico de sonido de figuras como Goran Bregović, Barimatango o Mostar Sevdah Reunion, y viejo conocido de los estudios MC Pavarotti de Mostar, y sustentado en piezas como Omer beže, Moj behare, Kraj potoka bistre vode, Oj, međice, međice o S one strane Plive, brillaba con la interpretación de un clásico entre los clásicos, un Teško meni jadnoj, u Saraj’vu samoj que, a lo largo de la historia ha recibido diversos títulos (también, Teško meni jadnoj, u Saraj’vu sama, Teško meni u Sarajevu…) y cuya primera referencia sonora que nos consta no es otra que la mítica Pjeva uz saz del incomparable Muhamed Mešanović-Hamić, editada en 1966 por PGP RTB. Un epé básico para entender la magia que el saz ha supuesto y supone para la glorificación de la sevdalinka.

En aquel vinilo, en el cual la composición alcanza un nivel de misticismo, casi, inabarcable, el tema que nos ocupa aparecía identificado como Teško meni u Sarajvu sama y, lo que resulta más curioso, firmado por el propio Muhamed (como M. Mešanović), cuando, en la mayoría de referencias, su autoría se atribuye a la tradición.

muhamed

Mešanović, inconmensurable.

En cuanto a la traducción del título original, vendría a significar algo así como Es difícil para mí, una pobre chica sola en Sarajevo. Como intuirá el lector, el tema no invita a tirar cohetes. En resumen, la desdichada se pasa toda la canción lamentándose de su situación: Que si “sola me acuesto, y sola me levanto“, que si “paso las noches esperando algo de cariño“. En definitiva, un texto (corto, somero, directo, efectivo), ideal para una melodía repleta de misteriosa y pesimista melancolía.

Precisamente la misma que, en la versión que nos ocupa, a partir de un inteligente planteamiento, logra su objetivo de atrapar al oyente que, pese a que no entienda la letra, adivina que nos hallamos ante una pieza solemne y agridulce. Los tres instrumentos entran directos, contundentes, a modo de introducción. Inmediatamente, Damir inicia la letanía en una de su mejores y más sentidas interpretaciones vocales del disco. Apasionado del saz, utiliza su guitarra como si de aquél se tratara, acompañando la línea vocal. Una primera transición, mientras Edvin y Vanja continúan con su acompañamiento constante, casi procesional, nos muestra, a partir de un primer solo, la influencia del blues en el líder del trío. Una querencia que, en el posterior lucimiento de Radoja al violín, será más evidente. Fusión en estado puro que, dos años más tarde, y con la excusa de la interpretación de esta misma composición, Damir y los suyos evidenciaron de una manera mucho más clara. Lo apuntado, en definitiva, fue mucho más allá.

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El trío, en vivo, por Almin Zrno.

Hablamos, como el lector adivinará, del disco Abrašević Live, publicado en 2008, a partir de los tres directos realizados por Damir Imamović Trio, los días 8, 9 y 10 de noviembre de 2007, en el mítico espacio cultural OKC Abrašević de Mostar. Aquella producción se abría, sorprendentemente, con las primeras frases del celebrado estándar Summertime, de George Gershwin, de la ópera Porgy & Bess, revisado por incontables solistas y bandas de la historia del Blues, del Soul, del Pop y del Rock. El trío mantenía la base instrumental ya apuntada en su anterior trabajo para su adaptación de Teško meni jadnoj, u Saraj’vu samoj. Tras el “Your daddy’s rich, and your mamma’s good lookin’. So hush little baby, don’t you cry“, y  ante el delirio del respetable, una transición preparaba el terreno para que Damir se lanzara con la primera frase de la universal sevdalinka. Claro y cristalino. No hay más preguntas señoría.

Esa especie de obsesión por mostrar la conexión entre la sevdalinka y otros ritmos posteriores o contemporáneos, no obstante, ha ido decreciendo con el paso del tiempo en un Damir que, en los últimos tiempos, sobre todo a raíz de la creación del Sevdah Takht, ha tendido más a lo tribal, aunque, hoy en día, en vivo, cuando se lanza a revisar este Teško meni jadnoj, u Saraj’vu samoj, la banda sigue tirando de esas evidentes pinceladas blueseras apoyadas en el (ahora) bajo eléctrico, la guitarra del propio Imamović y el violín. Más que nada, porque se puede afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que Damir, a partir de una pieza que difícilmente es capaz de sonar auténtica sin el acompañamiento del saz, logró reconstruir esta gema hasta convertirla en una criatura personal y, prácticamente, nueva.

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Emina siempre estará ahí.

Y arriesgó, como suele ser habitual en el artista de Sarajevo, e hizo lo que casi nadie de su generación se ha atrevido a hacer: recuperar y redefinir un clásico difícil de reciclar. De hecho, tan sólo otro transgresor del “Nuevo Sevdah”, Božo Vrećo, se ha animado, en contadas ocasiones, y siempre en vivo, a lanzarse con este Teško meni jadnoj, Saraj’vu samoj. Eso sí, a capela. Antes que él, y siempre bajo el amparo del tan repetido saz, además, obviamente, del propio Muhamed Mešanović-Hamić, han acariciado las notas de la composición que nos ocupa, sin ir más lejos, la particular pareja integrada por Behka i Ljuca, Hasiba Agić (en una interpretación memorable), Avdaga Vrabac, y, más recientemente, otra pieza básica del Sevdah, la inmensa Emina Zečaj, en su disco Traditional Bosnian Songs (Gramofon, 2003), acompañada por Mehmed Gribajcević. De las pocas figuras clásicas del género que optaron por enfrentarse a Teško meni jadnoj, u Saraj’vu samoj acompañadas de orquesta, como era de esperar, tan sólo podemos destacar a la siempre valiente Silvana Armenulić.

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Pavle y Slobodan, con lo Sevdah a flor de piel.

En definitiva, hoy nos hemos sumergido en el océano de una auténtica y embriagadora criatura, convertida en basamento elemental de lo Sevdah y de la cultura popular, ya no sólo bosnia, sino también yugoslava. En 1981, un joven Emir Kusturica deslumbraba en Venecia con su primer largometraje oficial, ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (Sjećaš li se Dolly Bell?). Uno de los momentos más recordados del filme también tiene como protagonista a nuestro Teško meni jadnoj, u Saraj’vu samoj, en este caso, interpretado por el célebre actor Pavle Vuisić (que también se atreve con el saz), con la pequeña ayuda del no menos carismático Slobodan Aligrudić, en una escena mítica en la que el segundo, un tanto tajado, se deja llevar por la melancolía (¡faltaría más!). Un momento glorioso del cine yugoslavo, brindada al respetable por dos de las más grandes y queridas figuras del arte balcánico.

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