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Por César Campoy.

Todo el mundo en pie. Nos hallamos ante una de las sevdalinkas más profundas y de historia más interesante que el universo Sevdah ha sido capaz de brindar a la humanidad. Sumergirse en su embriagadora melodía tan sólo es comparable a hacerlo en los insondables laberintos que deambulan por las entrañas de una criatura de complicada definición y explicación. Una pieza, entenderá el lector, de difícil ejecución, predestinada a ser desnudada por los grandes del género. Eso explica que hayamos recurrido a la insuperable Nada Mamula para dar a conocer, o recuperar, esta verdadera obra de arte que, por si lo expuesto fuera poco, devino cimiento indiscutible del renacer del Sevdah.

Vamos a ver si somos capaces de desenredar tamaño entuerto. Para comenzar, este Mošćanice, vodo plemenita no podría entenderse sin otra pieza textual (y sonora): Na Obhođi, prema Bakijama. Buceando en los archivos históricos de la sevdalinka, de hecho, es posible encontrar la primera, como pieza independiente (la más popular y conocida); la segunda, con un texto más amplio, en el cual aparece la primera, como segunda parte de la narración, o, incluso, esta Mošćanice, vodo plemenita, dando título al cuerpo completo de Na Obhođi, prema Bakijama. Complejo el tema, ¿no? Todas estas versiones, para complicar un poco más el asunto, con variaciones en su letra. Faltaría más.

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En el principio fue Jugoton

Pero, vayamos poco a poco, para ir desmenuzando tan mágica y misteriosa historia, sin prisa. La primera referencia sonora editada de este Mošćanice, vodo plemenita, de la que tenemos constancia, está datada en 1952, merced a la buena fe del sello Jugoton, que tuvo a bien publicar un sencillo compartido por dos (por entonces) jóvenes pioneros del género. En la cara B, el incomparable Zaim Imamović se marcaba una asombrosa interpretación del tema, mientras que en el lado A, precisamente, nuestra Nada Mamula se atrevía con el Lov lovio Muhareme (también conocido como Lov lovio Muharem-beg). Ambos, contaban, tan sólo, con el colchón del acordeón de otro grande, Ismet Alajbegović-Šerbo. Sin duda, nos encontramos ante una grabación histórica y trascendental. En ese momento, un grupo de jóvenes artistas estaba reconstruyendo el universo Sevdah, y creando los pilares de la nueva edad de oro de la sevdalinka.

Justo diez años más tarde, en 1962, con una Mamula ya convertida en pieza capital de la tradición sonora bosnia, también Jugoton (quién si no) era el encargado de editar un sencillo que abría la versión que hoy analizamos (lo completaba Djevojka sokolu zulum učinila). No obstante, ignoramos el motivo, el título aparecía impreso con una letra modificada: Mošćenice, vodo plemenita. Aquella sesión (agárrense) contaba con el inestimable e impagable concurso, nada más y nada menos, que de los hermanos Petković, Ratomir y Jovica, gloriosos acordeonistas, y piezas indiscutibles de la tradición cultural balcánica. Se trata de la misma versión que, cuatro años después, vio la luz en la celebérrima y más que recomendable recopilación (dirigida, también, al mercado internacional) Bosno moja divna, mila (Narodne pjesme i kola iz Bosne / Bosnian folk songs and dances), en la que Jugoton reunía lo más selecto y granado del género. En 1988, de hecho, la misma compañía discográfica recogió algunos de los éxitos más vistosos de Mamula, adornados tan sólo con acordeón, en el elepé Uz zvuke harmonike. Allí, por supuesto, se encontraba la versión que nos ocupa hoy y que, a esas alturas de la vida, había dado más vueltas que un mortal tratando de encontrar un buen sitio para ver la puesta de sol en Žuta tabija, pasadas las siete de la tarde. Como el avispado lector adivinará, por otra parte, la gran dama del Sevdah llegó a registrar varias adaptaciones más de este clásico (en torno a media docena), en diversos formatos y con variados acompañamientos. Todas ellas han ido formando parte de las compilaciones más solicitadas publicadas, incluso, hasta hace pocos años.

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Nada y su acordeón

Pero no demoremos más el momento, y tratemos de desmenuzar buena parte del tomate que se cuece en esta deliciosa sevdalinka, cuyo título podría ser traducido como Mošćanica, noble agua. Varias fuentes, entre ellas el capital volumen Sevdalinke (firmado por Vehid Gunić y editado por Dobra Knjiga, en 2012), citan al investigador Alija Bejtić a la hora de definir los orígenes y significados de Mošćanice, vodo plemenita. Según todas ellas, esta pieza retrata la historia de amor entre Mustafa Nurudin y Ćamila Fazlagić, cuyo nombre, dependiendo de las diferentes versiones, ha ido mutando en Zlata, Fata, Ajka, Safa y Džehva.

Al parecer, tras anunciarse que una temible plaga de peste iba a arrasar Sarajevo y toda su contornada, Mustafa, asustado, decidió tomar las de Villadiego y abandonar la ciudad con destino a la zona de Posavina, en el norte de Bosnia-Herzegovina, para refugiarse en la finca de su padre, cerca del Sava. Pasado el tiempo, la amenaza desapareció, pero el que no retornó fue el precavido infante. Ćamila, preocupada y desesperada, decidió enviarle mensajes de amor a través de tres ríos: el Mošćanica, el Miljacka y el Bosna. Afirman algunas voces que Nurudin no volvió a dar señales de vida, no obstante, los hechos nos demuestran todo lo contrario, ya que ambos personajes son reales (vivieron entre los siglos XVIII y XIX), y sus cuerpos están enterrados en el cementerio de Alifakovac, justo al lado de la carretera que conduce a Kozija ćuprija, lo cual demuestra que aquellos torrentes se encargaron de entregar a su destinatario aquellas nuevas para que retornara a tan bella ciudad.

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Alifakovac

Si vamos un poco más allá, descubriremos que Ćamila Fazlagić y Mustafa Nurudin no son otros que los abuelos del mismísimo Mustafa-beg Fadilpašić (nacido Mustafa Šerifović) que, en 1878, se convirtió en el primer alcalde de Sarajevo, después de que las tropas austro-húngaras arrebataran el territorio bosnio al Imperio Otomano. Su padre (vamos, el hijo de nuestros dos protagonistas) Fadil-pasha Šerifović, tampoco se quedó corto, ya que había sido el gobernador de la capital balcánica, precisamente, durante el dominio turco. Si alguien quiere visitar la tumba de Mustafa-beg Fadilpašić, que, entre otras cosas, se encargó de poner en marcha el primer tranvía de Sarajevo, no tiene más que pasarse por la mezquita de Gazi Husrev-beg.

Evidentemente, el texto de la versión que andamos analizando de Mošćanice, vodo plemenita hace referencia a la reflexión y ruego, en voz alta, que nuestra enamorada lanza a uno de los ríos que hacen las funciones de mensajero. Es la misma letanía, y aquí nos topamos con otra de las madres del cordero, con que se cierra (lo avanzamos antes), la otra sevdalinka, que vendría a convertirse en una suerte de ampliación de la que nos ocupa: Na Obhođi, prema Bakijama. En esta última se incorporan, a modo de introducción, unas estrofas que presentan la historia al oyente, para, después, entrecomillar esas palabras de la desesperada amada, que integran el cuerpo de Mošćanice, vodo plemenita. Por otra parte, es aquí donde el nombre de Ćamila (no su apellido), como comentábamos más arriba, muta en otros. El más utilizado es el de Džehva.

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Muhamed y Selim: ¡Vaya par!

Existen diversas interpretaciones de esta versión ampliada, llevadas a cabo por grandes del Sevdah, de Emina Zečaj (en su versión sencilla y doble) a Safet Isović, aunque nosotros nos quedamos con dos de las ejecuciones más sentidas, separadas por tres décadas: la registrada, en 1973, por Muhamed Pašić-Mašura, con la inestimable ayuda del gigante del saz Selim Salihović, y la grabada, en 2010, por Damir Imamović, para cerrar su disco homónimo. En este último caso, se trata de una sentidísima revisión de casi 10 minutos, en la que el nombre de nuestra protagonista se convierte en Fata.

Todas ellas, no obstante, se quedan cortas ante la inmensa interpretación que de Mošćanice, vodo plemenita se marca la inconmensurable Nada Mamula, en esta grabación que andamos desmenuzando y que, como apuntábamos, cuenta con el concurso de los hermanos Jovica y Ratomir (el Duo Harmonika Braće Petković). De hecho, es el acordeón el único instrumento que sirve de tremendo colchón a la voz de la cantante. La dolorosa introducción que perfilan los dedos de los Petković nos hace adivinar que algo glorioso y punzante se nos viene encima. Inmediatamente, la grave voz de la Mamula comienza a llorar la desesperada angustia de Ćamila Fazlagić. Sin prisa, alargando las frases sin miramientos. Para que duela más. Sintiendo la caricia del lamento de los acordeones de Ratomir y Jovica que, en las transiciones, se rasgan como si no hubiera mañana (reparen en el sonido de la teclas). En definitiva, casi seis minutos de agridulce agonía, de definición perfecta de aquello que es el Sevdah. No hay más preguntas, señoría.

Intentaron, desde aquel 1962, muchos grandes tratar de igualar la gesta de Nada y los Petković. Pocos lograron acercarse a tamaño gigante. Ese mismo año, sin ir más lejos, Anđelija Milić, con aquel registro operístico, muy característico en algunos cantantes que se enfrentaron al género desde el primer tercio del siglo XX, consiguió el favor del público. También, la siempre solvente Zehra Deović, a partir de una dignísima revisión del clásico, aparecida en su disco de 1982 Zehrin Sevdah, bajo la batuta de Ismet Alajbegović-Šerbo (sí, el mismo responsable de la primera grabación de la que tenemos constancia), así como Beba Selimović o Sena Ordagić. Como dato curioso, este Mošćanice, vodo plemenita aparece en los títulos de crédito finales del pintoresco filme La sombra del cazador (The hunting party, dirigido en 2008 por Richard Shepard). En esta ocasión, está interpretado por Arif Alajbegović, en pleno Baščaršija sarajevés.

 

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