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Por César Campoy.

A las gentes de Mostar Sevdah Reunion (MSR) se les podrá echar alguna cosa en cara. Habrá quien siga pensando que, en algunas fases de su existencia, han representando la cara más comercial de la sevdalinka, o que sus luchas internas (analizadas desde este foro con anterioridad) acabaron desvirtuando un proyecto convertido en bicéfalo. Eso sí, pocos podrán negar que fueron precisamente ellos los encargados de volver a colocar en el mapa musical mundial, desde la segunda mitad de los 90 del siglo XX, los mágicos sonidos de un género que renació. Ellos fueron, sin duda, los que abrieron las puertas para miles de neófitos que, a partir de saber de la existencia de lo Sevdah, decidieron adentrarse en tan fascinante universo. Y ellos han sido los seleccionados para presentar tan preciada pieza musical, Oči moje kletvom bih vas kleo, porque su revisión representa a la perfección esto que acabamos de razonar: Cómo unos arreglos fácilmente digeribles son capaces de convertir un clásico tradicional, en una pieza bailable y desenfadada, capaz de entrar a la primera por los oídos del más reticente.

Novi Pazar,  Koncert Mostar Sevdah Reunion

Nedeljko Kovačević

Cuando MSR grabó este Oči moje kletvom bih vas kleo, la mencionada escisión ya se había consumado. Dragi Šestić había decidido emprender, bajo la misma marca, una nueva aventura con Mišo Petrović y compañía, mientras Mustafa Šantić (que pronto desaparecería de escena) hacía lo propio amparándose en las voces tradicionales de Ilijaz Delić y Nedeljko Kovačević. Precisamente fue este último el encargado de poner voz a la interpretación que nos ocupa, en aquel Emina editado en 2007.

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El joven Nedžad

Para encontrar la primera referencia grabada de este tema, no obstante, tendríamos que viajar en el tiempo hasta finales de los 60 del siglo XX. Amparado por el poderoso manto del sello PGP RTB, un joven Nedžad Salković tuvo la fortuna de entrar en el estudio merced a la ayuda de una de sus máximas valedoras, la magnífica acordeonista Radojka Živković. Ella fue la encargada de construir una bella pieza musical a la que puso letra otro grande del género, un Safet Kafedžić que escribió los textos de innumerables sevdalinkas a lo largo de la historia contemporánea del género. De hecho, son muchas las personas que ignoran que a varios de los temas considerados clásicos y cuya autoría (sobre todo musical) se pierde en la noche de los tiempos, fue el propio Kafedžić quien se encargó de dotarles de o de arreglar unos textos que, en muchos casos, ya son eternos. Hablamos de piezas del calibre de Koliko je širom svijeta o Sinoć sam ti, Safo. No pierdan el tiempo. Si quieren saber qué leyendas de la sevdalinka han grabado composiciones firmadas por Safet, acabarán antes pensando en las más grandes. Por las gargantas de todas ellas habrán pasado varias de las más de 300 composiciones del maestro Kafedžić.

safet

El maestro Kafedžić

De esta manera, y cobijado por la siempre solvente Orkestar Radojke i Tineta Živkovića Salković registró un epé en 1969 que se abría con el Davno, Davno (compuesto por Milan Petrović y Blagoje Košanin), y se completaba con Sad, kad drugog ljubiš, Ljubav u snu y cerraba un, por entonces, titulado Oči moje.

El título de nuestra composición homenajeada podría ser traducido como Mis ojos te maldecirían. Afrontamos aquí una historia dramática a más no poder, y un tanto tenebrosa, enmarcada en el apartado de sevdalinkas basadas en pasiones irrefrenables, tortuosas y con un final fatídico. Resumiendo, al protagonista de los hechos no se le ocurrió otra cosa que mirar a través de la vieja cerca, y se encontró a la mujer del vecino junto al pozo de agua con una jarra de plata. La mujer, posiblemente acalorada, se desabrochó la blusa mostrando sus pechos, y decidió refrescarlos. El sujeto en cuestión, encendido por la pasión y obcecado, acabó cometiendo una locura que, como era de prever, acabará costándole muy caro.

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Emina, por MSR

En cuanto a la interpretación que nos ocupa, muy lejos de la original, mucho más calmada y agridulce, es una muestra perfecta de cómo las gentes de MSR supieron adaptar aquellos sones clásicos a un terreno musical mucho más comprensible e inmediato. El acordeón de Mustafa Šantić abre la puerta, misterioso, para que una explosión rítmica en la que la guitarra acústica adquiere un protagonismo evidente, se ponga al servicio del peculiar registro vocal de Nedeljko Kovačević. Se produce aquí un llamativo contraste entre tradición y modernidad que, para los excesivamente puristas, podría no casar a la perfección. No obstante, es difícil negar el componente resultón de una ejecución que entra a la primera, que no deja de tener muchos elementos originales (de hecho, casi podría llegar a ser definida como una pieza totalmente remozada en lo musical), y que se cierra, solemne, de nuevo, con la presencia siempre agradecida del acordeón de Šantić.

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Isović, también en casete

Por lo que respecta a otras interpretaciones destacadas de este Oči moje kletvom bih vas kleo, no perderemos el tiempo limitándonos a listar revisiones que, en su mayoría, no acaban de aportar nada nuevo. Repararemos, eso sí, en la llevada a cabo por el maestro Safet Isović en 1986. Para la mayoría de los amantes de la sevdalinka, de hecho, es la más reconocida y popular. Formó parte de su elepé Šta se ovo Bosnom čuje…, editado por Diskoton, una prueba evidente de la adaptación ochentera que sufrió el genero, a partir de guitarras eléctricas y sintetizadores. No obstante, es muy posible que la presencia en la producción del reputado acordeonista bosnio Omer Pobrić amortiguara un tanto aquella discutible puesta al día que, en algunos casos, cristalizó en verdaderas aberraciones sonoras.

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Omer Pobrić, con Husein

Pobrić, que puso al servicio de Safet su afamada orquesta, también trabajó con los más grandes. Desde los 60 del siglo pasado lo hizo como instrumentista, pero también como compositor. Sin ir más lejos, entre algunas de aquellas primeras referencias firmadas por Omer podemos encontrar aquel epé interpretado por Husein Kurtagić (editado en 1969 por Jugoton), y que encabezaba Ženo moja, tamburu mi daj, y en el que Pobrić se encargaba de firmar la melancólica Pismo majci y Jedino si što imamo, sine, además de dirigir con vehemencia su conocida orquesta. No anduvo desocupado el bueno de Omer, que en años posteriores se las vio, sin ir más lejos, con figuras de la talla de Meho Puzić ‎(aquel Opet duša boli de 1971), Zaim Imamović (el Znaš li da te duša sanja de 1972) y otros muchos.

Hvala lijepo: Dzana.

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