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Por César Campoy.

La Milman Parry Collection es, posiblemente, el más importante registro textual y sonoro catalogado (a partir de un tremendo trabajo de campo) sobre el legado de la canción heroica y la tradición oral de buena parte del territorio yugoslavo. Realizado en el primer tercio del siglo XX, muchísimos de los expertos que han querido investigar sobre el tema (entre ellos, el gran Béla Bartók, obsesionado por el folclore balcánico) han acabado adoptándolo como referencia indiscutible.

En 1935, a lo largo de una de sus diversas estancias en la región (poco antes de morir debido a un disparo accidental), inmerso en el estudio de aquellas epopeyas que se pierden en la noche de los tiempos, el propio Parry y su ayudante Albert Lord aprovecharon la coyuntura para registrar centenares de aquellas canciones consideradas heroicas o épicas. Contaron, para ello, con la inestimable colaboración de varias mujeres de la zona (este tipo de sonata, tradicionalmente, fue atesorado y divulgado por féminas), entre ellas, Halima Hrvo, una campesina de más de 60 años, oriunda de Tjentište, cerca de Foča, en el sureste de Bosnia-Herzegovina.

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Vasilija, folclórica

Gracias a aquellas sesiones, y a la memoria de Halima, los cinco compases que componen nuestro Karanfil se na put sprema (no confundir con otras sevdalinkas populares como Karanfile, cvijeće moje o Karanfile uspomeno stara) quedaron oficialmente plasmados, y las diferentes variaciones de su texto estampadas negro sobre blanco. Una de las piezas más emblemáticas de la tradición sonora eslava, de esta manera, adquiría, justamente, la condición de inmortal, ya no sólo bajo el punto de vista popular, sino también científico.

Apenas un año más tarde de aquella histórica sesión, nacía en la localidad serbia de Kragujevac, Vasilija Radojčić. Tras licenciarse en Literatura y Filología Francesas en la capital de su país, con apenas 20 años ya formaba parte de la plantilla de cantantes de Radio Belgrado. Iniciada la década de los 60 del siglo pasado, el sello PGP-RTB decidió contar con sus servicios. Apenas unos lustros más tarde, Vasilija se convertiría en una de las voces balcánicas más conocidas de la música popular al alternar, sobre todo al principio de su andadura, composiciones netamente folclóricas con algunas adaptaciones de éxitos del pop occidental. De hecho, uno de sus primeros epés, editado en 1963, estaba encabezado por un curioso Flamenko Rok, remozado a partir de aquel original grabado por la italiana Milva tres años antes.

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Rock flamenco: Todos tenemos un pasado

Todavía no se había enfrentado nuestra protagonista al tema que nos ocupa, cuando una jovencísima Mara Djordjević ya frecuentaba las instalaciones del gigante Jugoton. Posiblemente, ambas vocalistas llegaron a coincidir en Radio Belgrado, ya que esta última publicó, en 1956, con la ayuda del conocido Narodni Sekstet de la emisora, y bajo la dirección de Dušan Radetić, una de las primeras referencias sonoras que se conocen de Karanfil se na put sprema, en esta ocasión, bajo el título de Karanfile (completaba el sencillo, una ampulosa revisión de otro clásico, Ajde Jano). Ese mismo año, veía la luz uno de esos vinilos que forman parte de la discoteca esencial del folclore yugoslavo: Pesme i igre naroda Jugoslavije (Canciones y danzas yugoslavos). En él, junto a otros siete temas, también aparecía la referencia interpretada por Mara (catalogada, aquí, como de origen kosovar, pese a que muchos estudios la califican como bosnia -otros, afinando, serbo-bosnia-). Dos décadas después, una nueva reedición del primer sencillo de la Djordjević será completado con un par de temas más.

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Mara se adelantó

Mientras tanto, y aprovechando el tiempo, nuestra Vasilija ya se había labrado una importante carrera como intérprete. Su facilidad para hacer propios, tanto temas originarios del terruño, como particulares adaptaciones de creaciones de compositores como Theodorakis, arreglados dignamente por el compositor de jazz serbio Vojislav Djonović, y completados, sobre todo a partir de la década de los 70 del siglo XX, con otras creaciones de espíritu más melódico, convirtieron a Radojčić en una especie de todoterreno que, en la mayoría de ocasiones, acababa saliendo airosa merced a un agudo y, hasta cierto punto, nasal registro vocal que solía modular con bastante oficio.

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Cantos y bailes yugoslavos

Ocurre, sin ir mas lejos, con este Karanfil se na put sprema que, en la versión divulgada por Vasilija, se apoya en una solvente base de instrumentos de cuerda que va acompañándola en todo momento. Teniendo en cuenta, como comentábamos al principio, la sencillísima estructura de esta canción, que gira alrededor de esos cinco únicos compases, el oyente adivinará que todo (introducción, transiciones y cuerpo central) circula en torno a la misma línea melódica, en la cual se desmenuzan las tres estrofas que componen su texto. Poco más se puede pedir, teniendo en cuenta estas limitaciones, que jugar con la intensidad vocal e instrumental en diversos pasajes. Cualquier floritura, si no es concienzudamente meditada previamente (como veremos poco después), podría acabar en un total fiasco.

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Simplemente, Vasilija

Podría decirse, en definitiva, que las 26 notas que construyen este tema se convierten, además de en un mantra recurrente y efectivo (por pegadizo), en el vehículo ideal para las que fueron creadas: Dar visibilidad a un texto que, a grandes rasgos (su traducción literal vendría a ser Karanfil se prepara para viajar), nos habla de la dolorosa partida de un mozo y, era de esperar, la desesperación de su amada, que, llorando, y oliéndose lo peor, clama al cielo previendo que quedará viuda demasiado joven. El sujeto trata de consolarla diciéndole que no debe desesperar, que se queda con su madre y con su suegra. Por supuesto, el chaval no ha hecho más que empeorar las cosas, ya que la mujer acaba respondiéndole que qué le importan su madre y su suegra, si ya no volverá a tener a su amor a su lado. Curiosamente, en la mayoría de interpretaciones de este tema, podemos encontrarnos con el típico “aman, aman” (algo así como un “oh, oh”) intercalado, una figura lírica tradicional presente en multitud de sevdalinkas, aunque según los archivos de Parry y Lord, Halima empleaba la opción “ej”.

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Una vida, compilada

Disquisiciones aparte, que probablemente harían que acabáramos divagando sobre asuntos que se nos pueden ir de las manos, nos sentimos honrados al saber que este Karanfil se na put sprema que entonó ante dos estirados ingleses Halima, hace casi un siglo, ha seguido formando parte del legado sonoro de los Balcanes. Prácticamente hasta nuestros días, sus notas han pasado por las gargantas de numerosas voces de la región: De aquella versión de mediados de los 60 de la centuria pasada, a cargo de Rade Mladenović, pasando por los homenajes rendidos por Mersa Miljković, Vera Ivković o Nada Obrić, hasta el mismísimo Branimir Štulić, inmerso en aquellas fiebres que le llevaron a registrar de manera compulsiva incontables gemas del folclore de la zona, cayó rendido ante tan hipnótica melodía.

Posiblemente, no obstante, haya sido la de una vieja conocida de Sevdalinkas, Amira, la revisión más sofisticada y sabiamente actualizada. Junto a la acordeonista croata Merima Ključo, la despampanante vocalista bosnia creó un disco imprescindible para los amantes de la tradición balcánica puesta al día, Zumra. A partir de una sabia reconstrucción (magnífico, el dominio del instrumento por parte de Merima), ambas fueron capaces de dotar de una nueva dimensión a una criatura sonora eterna.

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