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Por César Campoy.

Hay quien lo duda, pero nosotros estamos convencidos de que el futuro del Sevdah, al menos a medio plazo, parece estar, como mínimo, asegurado. La pasión y, sobre todo, el rigor con que contados pero constantes intérpretes (surgidos de las nuevas generaciones) se están encargando de adaptarlo o, simplemente, recuperarlo, es evidente. De entre ellos, uno de los más jóvenes es Jusuf Brkić, nacido en 1992 en Gradačac, una localidad bosnia próxima a Tuzla, y alumno aventajado de una de las grandes leyendas del saz, Hašim Muharemović. El chaval se ha convertido en una de las figuras con más futuro en el universo de este hipnótico instrumento, y de ello se percató muy pronto un avispado Damir Imamović, que decidió producir su primera referencia discográfica de elocuente título, Kuća saza, que vio la luz a finales de 2015.

Saz is in da house

Saz is in da house

Grabado en los frecuentados estudios del Centro Pavarotti de Mostar, Jusuf se encarga de afrontar los 12 temas que componen este disco, tan sólo con la ayuda de su voz y, por supuesto, su saz (contadas, aunque necesarias, son las pinceladas al chelo de Isak Haračić). Arriesgada aventura que, en ocasiones, consigue definir curiosas adaptaciones (el registro vocal de Brkić, aunque todavía por concretar, es bastante personal en esa tradicional nasalidad). Enigmática es la ejecución de, sin ir más lejos, Haj, kolika je Jahorina planina, aunque nosotros hemos decidido prestarle atención a la dignísima interpretación de un clásico del género, Zašto si me, majko, rodila, compuesto (¡qué pequeño es el mundo!) por el maestro Zaim Imamović, como todos ustedes saben, leyenda del Sevdah, abuelo de Damir, y uno de los pilares del género a partir de su mágica maestría a la hora de interpretar (cantaba e, incluso, tocaba el acordeón) y crear sevdalinkas de altura. Una de ellas es ésta que nos ocupa. La misma que Zaim llegó a grabar, en 1962, en un mítico epé compartido con otro gigante, Safet Isović. Hablamos del aclamado Pjesme iz Bosne, editado (y reeditado en años posteriores) por Jugoton.

Un dúo dinámico (y mítico)

Un dúo dinámico (y mítico)

Ambos eran prácticamente unos pipiolos cuando se lanzaron a registrar esta imprescindible referencia que incluía dos temas interpretados a dúo, el amable Zelen lišće goru kiti y el más melancólico Stara staza, con música de otro viejo conocido del acordeón: Ismet Alajbegović. El mismo Ismet, además, es el encargado de poner música, precisamente, con su acordeón, a esta grabación, junto a otro gigante del instrumento, Jovica Petković. El conocido como Duo Harmonika Alajbegović-Petković, integrado por dos piezas básicas y trascendentales de la sevdalinka, estaba más solicitado que un burek tras una noche de parranda en Sarajevo. Aquel mágico epé se completa con dos interpretaciones en solitario por parte de Isović (el Sjetuje me majka de Jozo Penava) e Imamović (precisamente, este Zašto si me majko rodila que nos ocupa). Como cualquier buen aficionado a lo Sevdah sabrá, ambos, Zaim y Safet, protagonizaron numerosos dúos, como ya hemos apuntado en otras entradas desde Sevdalinkas.

La elegancia, retratada por Imrana Kapetanović

La elegancia, retratada por Imrana Kapetanović

Estaba sembradísimo el bueno de Zaim cuando creó este Zašto si me, majko, rodila, cuya traducción de su título vendría a ser algo así como ¿Por qué me pariste, madre? Adivinarán, ayudados además por la melancólica melodía, que no estamos, precisamente, ante una cantinela festiva y pizpireta. Más bien, todo lo contrario. Amparándose en esa dramática tonada, un joven (más bien amargado) es capaz de echarle en cara a su propia madre, tanto que le trajera al mundo, como que le criara. La causa (efectivamente) tiene que ver con asuntos de amores. Por lo visto, la sobreprotectora mujer no desea que su hijo contraiga nupcias ni festeje con cualquiera, y resulta que de quien su vástago anda enamorado, muchos posibles parece no tener. El infante, desesperado, trata de convencer a su madre a base de frases como “aunque mi amada es pobre, madre, su alma es rica; hay riqueza de sobra si la quiero de verdad“. Aquella, por lo visto, mira para otro lado al más puro estilo “que si quieres arroz, Catalina”, mientras el chaval se despide con un contundente: “Hasta que mi corazón no desaparezca ella estará junto a mí“. En cuanto a la interpretación que nos ocupa, la sensación de desnudez es total cuando saz y voz comparten línea melódica cabalgando sobre un sendero nebuloso y triste. El peculiar registro y la pronunciación de Jusuf dotan a esta interpretación de una sensibilidad que, por momentos, se torna abrupta, mientras el instrumento soporta de manera punzante y metálica tan desazonador texto.

Otro punto de vista: El de Nedžad

Otro punto de vista: El de Nedžad

Por lo que respecta a otras revisiones de este tema, en primer lugar convendría aclarar que no deberíamos confundir este Zašto si me, majko, rodila compuesto por Zaim Imamović, con el Zošto si me, majko, rodila, del celebérrimo músico macedonio Stevo Teodosievski, que popularizó su (y nuestra) querida Esma Redžepova. Aquél es otro otro clásico de los sonidos balcánicos, una pieza irrepetible; una de las gemas más despampanantemente tímidas de Esma (en esta ocasión, en compañía de Enver Rasimov), a partir de aquella reverberación tan frecuentada por la gran diva en sus grabaciones de los 60 y 70 del siglo XX, y un clásico que, décadas después, revisitó otra gran voz femenina de la región, Amira, en su imprescindible Zumra, de 2010, donde compartió grabación con la personalísima acordeonista Merima Ključo.

Regresando a la composición que hoy elogiamos, por lo tanto, cabe señalar que no son muchas las revisiones de entidad, más allá, por supuesto, de la composición original (desmenuzada de sobra más arriba). De hecho, la de Zaim es la más popular y reconocida por el respetable (existe otra segunda grabación, con instrumentos de cuerda y viento), a partir de ese embriagador trío (voz y dos acordeones), que sería capaz de competir en empaque y profundidad con una orquesta sinfónica de 300 músicos. También se atrevieron con esta impactante creación el propio Safet Isović o el mismísimo Nedžad Imamović, hijo de Zaim y padre de Damir. Lo hizo en su disco 17 sevdalinki, no demasiado celebrado por sus arreglos y producción, pero una buena muestra del arte que ha venido cultivando (tanto vocal como instrumentalmente) el segundo miembro de una de las sagas más trascendentales de la sevdalinka.

Hvala lijepo: Marc.

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