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Por César Campoy.

Volvemos a recuperar la figura de una de las voces femeninas de la sevdalinka más activas, prolíficas y generosas con las nuevas generaciones (llegó a justificar su retirada sentenciando que dejaba los escenarios para dejar paso a nuevas voces), y lo hacemos con una pieza, como otras tantas, de autor desconocido, breve, concisa, pero muy efectiva. Como ya hemos avanzado en alguna ocasión, Beba Selimović nació en la localidad bosnia de Trebinje, y el gran público sigue considerándola una de las Damas del Sevdah. Una de las primeras grabaciones que se le recuerdan es la dulce Po mojoj bašti zumbuli cvjetaju, editada a finales de los 50 del siglo pasado por Jugoton. Desarrolló buena parte de su carrera durante las siguientes décadas de los 60 y los 70, para dejar los escenarios a finales de los 80, y forma parte de aquella legendaria plantilla de artistas que se convirtieron en mitos merced a la increíble labor llevada a cabo por Radio Sarajevo a la hora de recuperar el folclore del país. Hasta allí llegó siendo apenas una niña, y pronto encandiló al respetable con elegante ímpetu.

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Beba, a la moda

Ese compromiso del ente público bosnioherzegovino con la tradición, y esa continua colaboración de Beba con la empresa hizo que ambos unieran sus fuerzas habitualmente. De hecho, esta interpretación que nos ocupa del Oj djevojko, džidžo moja fue registrado por la Selimović, a principios de la década de los 70, con la colaboración de la solvente, rodada y mítica Narodni Orkestar RTV Sarajevo, por la que pasaron imprescindibles de la música popular yugoslava como Ismet Alajbegović Šerbo (uno de sus fundadores), Jovica Petković o Nedžad Imamović. Todo un seguro de vida para todo aquel artista que tenía la suerte de entrar en un estudio con semejante plantilla. Muchas de aquellas grabaciones, además (y como puede comprobar el lector al inicio de esta entrada), y teniendo en cuenta los medios con que contaba la radiotelevisión de Sarajevo, solían ir acompañadas de unos vídeo-clips promocionales en los que, habitualmente, la naturaleza se convertía en escenario perfecto para grabar en (casi siempre) plano secuencia.

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Una Orquesta Nacional de primera

Como ya hemos explicado alguna que otra vez, el hecho de haber ido creando nuevas versiones a partir de un original cuyos orígenes se pierden, en ocasiones, siglos atrás, ha hecho que los textos de muchas sevdalinkas tradicionales se hayan ido modificando o adaptando según las circunstancias, deseos del arreglista o género del intérprete. En esta ocasión, pese a que la temática de la composición se mantiene, varias frases han sido modificadas, como también lo fueron en una conocida revisión anterior de este Oj djevojko, džidžo moja a cargo de Himzo Polovina.

Lo que no varía en absoluto, es el título de la canción: Oh chica, mi joya. A grandes rasgos, y según parece adivinarse, quien habla es un joyero artesano de Sarajevo. Imaginamos que debe de tener un taller en una de las calles del barrio antiguo de la capital, posiblemente, cerca del bazar cubierto, el Gazi Husrev-begov bezistan, donde en la actualidad se concentra este tipo de comercio. Por lo visto, nuestro protagonista en cuestión se dirige a una joven (intuimos que su prometida) y le dice que su madre (de ella) la entregó a él decorada con joyas, pero luego se arrepintió. El simpático artesano, tras declararse un profesional de primer orden, además de una persona a la que le gusta disfrutar de la animada vida sarajevita, concluye tranquilizando a la chica y prometiéndole brazaletes y demás lujosos accesorios.

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La calle Gazi Husrev-Begova, en Sarajevo

En cuanto a la interpretación que nos ocupa, se nos antoja ideal para destacar la filosofía que emana de un tema tan directo y breve. De hecho, tan sólo son necesarios acordeón y voz para dar buena cuenta de él. Sin introducción ni cierre instrumental, Beba e instrumentación (a modo de segunda voz) entran con energía y sin ningún tipo de duda. La Selimović se muestra (como es habitual) segurísima, con esa voz dura pero repleta de matices.

Por lo que respecta a otras versiones populares de este Oj djevojko, džidžo moja (lo avanzábamos), tal vez la más conocida sea la que ejecutó con profesionalidad supina el maestro Polovina y que formó parte de aquel ya mítico Narodne pjesme iz Bosne i Hercegovine editado en 1972 por Jugoton. En ella, Himzo despliega su aterciopelada voz de manera sensible, en compañía de la orquesta de Ratomir Petković.

Al tratarse de una pieza de un carácter tan festivo y tener una duración tan corta, siempre se ha prestado para ser interpretada en momentos de algarabía y sobremesa festiva. Grandes voces del Sevdah de todos los tiempos, de Mile Petrović a Nedžad Salković, pasando por el propio Božo Vrećo, han dado buena cuenta de ella a partir de estilos y enfoques totalmente diferentes.

El cantautor croata Ibrica Jusić nos lo brindó con un toque especial (percusión y saz) en uno de sus discos más recientes, Amanet 2, hace pocos años. También incorporaron Mostar Sevdah Reunion a su Café Sevdah una especie de curiosa improvisación.

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