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Por César Campoy.

Empecemos por el principio: Jahorina es, además de una montaña, uno de los símbolos más apreciados por sarajevitas y bosnios que, junto a otras cimas como la popular Bjelašnica o el monte Igman, suele ser destino regular de asueto y jolgorio, además de inmejorable decorado para la práctica de deportes de invierno. De hecho, en sus laderas se celebraron las pruebas femeninas de esquí alpino en los añorados Juegos Olímpicos de Invierno que tuvieron lugar en Sarajevo, en 1984.

A partir de aquí, podremos entender un poco mejor el significado de este Kolika je Jahorina planina, todo un himno y emblema de exaltación de las maravillas del terruño, de las que uno debe de estar orgulloso. No es la primera vez que nos topamos con composiciones tradicionales que loan o transcurren en populares paisajes de la región (recurso habitual en gran parte del repertorio tradicional de cualquier pueblo). Desde Sevdalinkas hemos podido viajar, sin ir más lejos, por los bazares de Mostar; las orillas del río Miljacka, en Sarajevo, o las del Pliva, en Jajce; Travnik y los montes Vilenica; el río Vrbas, cerca de Banja Luka

Los primeros años de Nada

Los primeros años de Nada

En cuanto a la intérprete de la versión que hemos seleccionado, poco más podemos añadir a todo lo explicado sobre la vida y obra de la inmensa Nada Mamula, la reina del Sevdah, y una de las voces femeninas más personales, profundas y rotundas que nos ha regalado el género. La dama Mamula grabó el tema que nos ocupa en 1962. Lo hizo para el sello PGP RTB de la radiotelevisión belgradense, en un magnífico EP encabezado por Sarajevo divno mjesto. Kolika je Jahorina planina abría la cara B de un vinilo que completaban Bulbul mi poje y S one strane vode Sane. Para realizar tan histórica grabación, Nada se hizo acompañar de la orquesta del gran violinista serbio Žarko Milanović, que volvió a acompañarla en alguna que otra ocasión.

Por lo que respecta a la traducción de este clásico del universo Sevdah, hemos de aclarar que la revisión de Mamula es ligeramente más breve que la mayoría de las interpretaciones que de este tema se han hecho. En este caso, a la cantante le sobra y basta con cinco de las seis frases que podemos encontrar en otras grabaciones. A grandes rasgos, lo que se nos viene a contar es que la montaña Jahorina es tan inmensa, que ni tan siquiera el halcón gris puede volar sobre ella, y mucho menos un apuesto héroe sobre su caballo.

La montaña mágica

La montaña mágica

La interpretación que a nosotros nos interesa es, como la esencia de la composición, alegre y dignamente orgullosa. Una introducción instrumental, donde las cuerdas toman protagonismo, avanza la melodía que marcará el desarrollo principal de la canción. Esa misma es con la que Mamula comienza a deshojar las, tan sólo, cinco frases que componen esta Kolika je Jahorina. No obstante, la manera de brindarlas, a partir de repeticiones constantes de dichas frases, hacen que esta sevdalinka parezca más larga. En todo momento, Nada se muestra segura y rotunda, cobijada en su profundo y grave registro. Entre frase y frase, pequeñas transiciones instrumentales adornan y sirven de fugaces intermedios para que la cantante vuelva, de nuevo, una y otra vez, a la carga.

Incontables artistas de la región han querido poner voz a este Kolika je Jahorina planina, dotando de un sentido definitivo diferente a la creación final ideada. El coqueto Nedžad Salković registró una versión mucho más festiva, con unos coros, tal vez, prescindibles, y unos arreglos que, por momentos, convertían esta pieza en una sonatina tirolesa, casi clavada a la registrada virilmente por el sexteto vocal serbio Sekstet Skadarlija. Tanto uno como otros, esos sí, parecen basarse en versiones ya existentes como la registrada por la siempre sorprendente Sofka Nikolić a principios de siglo, merced a una vehemente interpretación, muy en la línea del estilo de la mítica, aventurera y avanzada a su tiempo vocalista.

Más clásicamente depuradas son las versiones, más académica de la incomparable Zehra Deović; bajo el acelerado manto del pulso y la púa de Zaim Imamović, así como las de Hamid Ragipović o Zekerijah Đezić. En 1975, la imprescindible banda bosnia de rock progresivo Teška Industrija rindió su particular homenaje a esta mítica pieza, a través de un sencillo publicado por Jugoton, y, ya en los 80, los desmelenados croatas de Let 3 se desmarcaron con un discutible versión. Y son, tan sólo, una pequeña muestra.

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