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Por César Campoy.

A la inconmensurable Silvana Armenulić la conocemos de sobra en Sevdalinkas, después de haber abordado su innegable calidad artística, así como su desenfrenada y, en ocasiones, atormentada existencia. Dimos buena cuenta de su biografía cuando analizamos la insuperable interpretación que esta primera dama del Sevdah se marcó del mágico y angustioso Kraj potoka bistre vode. En parecida línea estilística y filosófica se enmarca este Ah, što ćemo ljubav kriti que venimos a diseccionar. Como aquél, destila un aire melancólico abrumador y, como aquél, tiene su origen en el folclore tradicional más antiguo.

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Mirada triste

Antes de centrarnos en esta pieza, no obstante, nos trasladaremos a los últimos meses del año 1959, cuando varios intérpretes entraron en el estudio para registrar los cuatro temas que formarían parte del epé Narodne pjesme iz Bosne (es decir, canciones tradicionales de Bosnia), editado por Jugoton en 1960. Hablamos de un por entonces jovencísimo Safet Isović, que se atrevió con el Trepetljika trepetala y el Što li mi se radobolja muti; Radmila Jagodić, que hizo lo propio con Djevojka viče sa Visoka brda, y Munavera Berberović, que se embarcó en la complicada aventura de tratar de bordar, precisamente, Ah, što ćemo ljubav kriti. Es la primera referencia sonora grabada de la que, al menos en Sevdalinkas, tenemos constancia de tan magna composición. En ella, Munavera tira de un registro demasiado clásico, formado, educado, y se hace acompañar, como el resto de sus compañeros, del solvente acordeón de Darko Lukač, instrumentistas de reconocido prestigio, que estuvo al lado, a lo largo de su carrera, de otros gigantes como la mismísima Nada Mamula.

1960

Canción tradicional

Unos 13 años después, nuestra admirada Silvana repetía sello para registrar un sencillo absolutamente magistral. La Armenulić llevaba más de una década sobre los escenarios, y poco tenía que ver con aquella muchacha (en presencia, apariencia y maestría) que, en 1965, compartió epé (encabezado por el Volesmo se zlato moje) con Petar Tanasijević. A estas alturas ya se había convertido en una estrella absoluta en una Yugoslavia que la admiraba y envidiaba (tanto por su incuestionable maestría, como por sus aventuras y desventuras amorosas), y que, tan sólo tres años después, quedaría en estado de shock al recibir la noticia de su fallecimiento en accidente de tráfico.
Como apuntábamos, aquel 1973, la cantante había visto editado un sencillo que encabezaba un Željna sam rodnog doma compuesto por el (más tarde) conocido cantante montenegrino Zoran Kalezić. Aquella cara A, repleta de virtuosismo interpretativo (dirigía la orquesta, nada más y nada menos que el maestro serbio del clarinete Boki Milošević) entre el que destaca un endiablado violín, contrastaba tremendamente con su lado opuesto (nunca mejor dicho), este Ah, što ćemo ljubav kriti que nos ocupa hoy, que volvería a aparecer estampado sobre vinilo, justo después de la muerte de Armenulić, en la imprescindible recopilación titulada Golube, poleti.

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Silvana sólo hay una

Como ya apuntamos cuando analizamos aquel Kraj potoka bistre vode, hay pocas voces femeninas, en la historia del Sevdah, capaces de mostrar tanta sensibilidad en las piezas más dramáticas que ha dado el género, como Silvana. Esa forma de afrontar este tipo de composición, desde la firmeza, pero destilando un dolor inaguantable, en este caso, es única, una marca de la casa. Era necesario contar con un artista así para enfrentarse a una historia cuyo título ya lo dice todo: ¿Por qué deberíamos ocultar nuestro amor?
A partir de una letra casi aterradora, la protagonista de esta historia se dirige a su amado, angustiada, desesperada, resignada, para preguntarle: “¿Por qué deberíamos ocultar nuestro amor, cuando yo debería ser tuya? Mi corazón ya no me pertenece“. A medida que avanza la narración, no se crean, la cosa se complica, y la enamorada, definitivamente, se nos viene abajo con un: “Llévame o mátame, no permitas que otro me bese“.

Como comprenderán, tamaño drama tan sólo puede ser envuelto en un celofán sonoro que pueda estar a la altura. Aquí, la Armenulić, en compañía del virtuoso Boki Milošević y su reputada banda, lo logra, y de qué manera, al acariciar este tema desde la tristeza más absoluta, pero, también, desde la dignidad. Se abre esta versión con el clarinete del maestro, nítido, sobrecogedor. Un escalofrío comienza a recorrer la espalda del oyente, y se torna desconcierto cuando Silvana comienza a interpretar, casi sin respiro, en una suerte de lloro angustiado, que por momentos es salpicado de discretos pero evidentes golpes de rabia. Tras una transición instrumental, a base de violín (más tarde será el acordeón el protagonista), continúa la letanía (descubran las estudiadas pinceladas de Boki y los suyos), que encuentra uno de sus momentos más sublimes en la recta final de la interpretación. A estas alturas de la película, el oyente sensible ya está rendido.

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Amira, en vivo

A aquella pionera versión de Munavera Berberović podríamos añadir incontables referencias posteriores, además de la que nos ha ocupado hoy. La incuestionable calidad artística y emocional de este Ah, što ćemo ljubav kriti es tal, que son pocos los intérpretes que han podido resistirse a abordarla. En esa inabarcable lista encontramos voces de distinta valía y condición. Sin ir más lejos, gloriosas figuras del Sevdah como nuestros venerados Nada Mamula y Himzo Polovina, pasando, más recientemente, por voces de estilos tan diversos como los de Milan Babić, Alma Subašić, Lejla Jusić, Boško Jović, o la mismísima Lepa Brena.

Sin duda, la magia que desprende este tema ha seguido vigente hasta nuestros días, ya que tampoco los renovadores del género han querido dejar pasar la ocasión de revisitarla. Esta década, por ejemplo, lo hizo una de las escisiones de Mostar Sevdah Reunion, aunque tal vez quien mejor ha sabido mecer y relanzar esta joya sonora ha sido la gran Amira que, en 2009, publicó otra referencia básica de los amantes de la sevdalinka, su Live, grabado durante el concierto que tuvo lugar en el BKC (Centro Cultural Bosnio), en el marco del Festival de Jazz de Sarajevo. Allí, la artista, en una interpretación de casi 10 minutos (en compañía de instrumentistas como el guitarrista Dino Šukalo), disecciona sin prisa, pero sin pausa una Ah, što ćemo ljubav kriti tratada con un mimo y un respeto que ponen la piel de gallina al más cenutrio.

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