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Por César Campoy.

A lo largo de esta aventura llamada Sevdlinkas hemos podido llegar a algunas conclusiones. Una de ellas, que el universo Sevdah rezuma composiciones cuya temática tiene que ver con el amor, en general, y con el enamoramiento no correspondido, en particular. Y, en muchas ocasiones, como recordarán, los protagonistas de nuestras historias andan sumergidos en un círculo vicioso de sensaciones casi enfermizo. Ya saben: Lo Sevdah duele; para bien, o para mal.

Y decimos todo esto porque, en cierta manera, este Šećer Mujo (también conocido como Šećer Mujo i besjede tvoje) bien pondría encajar en esta clasificación que acabamos de describir someramente. Se trata de una pieza tradicional, admirada y conocida por los amantes de la tradición balcánica, y que en esta ocasión hemos decidido reivindicar a partir de la excelente y celebrada versión de Zora Dubljević, a la que ya conocimos en Sevdalinkas a partir de aquella sentidísima Sjećaš li se djevo bajna, y a la que recordamos, entre otras cosas, por ser una habitual de las famosas sesiones de Radio Sarajevo y haberse convertido en la primera artista en conseguir un disco de oro en Bosnia-Herzegovina.

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Zora sabe que domina la técnica de la respiración

Pese a que gran parte de la producción sonora de la Dubljević vio la luz a través de Jugoton, la canción que nos ocupa fue editada en 1967 por el sello PGP RTB, es decir, la marca disquera de la radiotelevisión de Belgrado, con una influencia tremenda en toda Yugoslavia. Aquel epé, encabezado por un Šećer Mujo alegre y vivo (distinto del que analizaremos más detenidamente), se completaba con otras tres creaciones cuya música corrió a cargo del inmenso Zaim Imamović, artista total (compositor, instrumentista, gran voz…) que firmaba aquellas Lišće žuti, lišće pada (con letra de Rade Dubljević), Bolujem ti od sevdaha, majko (con texto de M. Juričić) y Vezak vezla Ajka (con letra del celebérrimo Safet Kafedžić). Todas ellas fueron interpretadas bajo el colchón del sexteto de Rajmund Likić, un afamado clarinetista que, posteriormente, fue una de las piezas clave de la Orquesta Filarmónica de Sarajevo y de la Escuela de Música de la capital bosnia.

Canciones y danzas yugoslavas

Canciones y danzas yugoslavas

En cuanto al mensaje de esta pequeña perla artística, hemos de reconocer que, como avanzábamos, nos encontramos ante una deliciosa melodía que da cobijo a una maravillosa letra de amor, cuyo título vendría a ser Dulce Mujo. Es una doncella quien ha de poner voz a dicha declaración ya que, como saben, Mujo es el diminutivo o hipocorístico de Mustafá utilizado en buena parte de Bosnia. Así pues, nuestra encandilada joven, tras confesar que ha quedado prendada con la manera de hablar de Mujo, se dirige sin tapujos a él y le promete que si la madre de éste asiente, ésta le complacerá cubriendo su colchón de rosas y colocando un clavel en la almohada, y que (en un éxtasis floral y vegetariano) tras cubrirle con ramas de apio de monte, no le dejará dormir en toda la noche. Pueden imaginarse el nivel de encandilamiento de la moza.

La Dubljević también ama la naturaleza

La Dubljević también ama la naturaleza

Centrándonos ya en la interpretación que nos ocupa, hemos decidido optar por otra más reposada, con un dulce acompañamiento de acordeón. Este ritmo, estimamos, da un toque más sentimental a esta sevdalinka, de acuerdo con su texto, y permite a la gran Zora modular su voz de manera más vistosa, y recrearse a partir de esa maestría que siempre demostró a la hora de manejar la respiración. Comienza la interpretación con una típica introducción de, precisamente, acordeón, que, acto seguido, acompaña la línea melódica que va desmenuzando la cantante, muy segura de sí misma, con contundencia, pero respetando el mensaje. En las transiciones, el mismo acordeón se desmarca con unas simples y frescas notas que dan tiempo a la artista a recuperarse y volver a coger aire. El cierre, finalmente, no es nada espectacular: Ralentizamos someramente, y acabamos.

En cuanto a otras versiones de este Šećer Mujo, hemos de reconocer que la interpretación de Dubljević es la más recordada. Eso sí, podemos encontrar otras también celebradas como la llevada a cabo por la siempre válida Hanka Paldum, así como la registrada por la sensual Milena Plavšić a principios de los 80 del siglo pasado.

Hvala lijepo: Dzana.

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