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Por César Campoy.

Volvemos a hacer una excepción más que justificada (sobre todo en este caso), para incorporar un hito del folclore montenegrino al universo Sevdah. Posiblemente nos encontramos ante una de las composiciones más radiantes que ha dado la música tradicional yugoslava. Una perla tan fácilmente digerible como sentidamente optimista. De aquellas creaciones populares de las que un pueblo puede sentirse orgulloso. Y utilizamos la palabra “popular” en todos sus sentidos, costumbrista y moderno, porque Oj, vesela veselice es una creación que, como veremos más adelante, podría seguir siendo actualizada y adaptada a mil y un estilos, y el resultado final que lograríamos sería siempre el mismo: esencia “pop”.

Y, como era de prever, Ksenija Cicvarić, montenegrina de pro (era extraño no verla ataviada con el traje regional de turno), no podía dejar pasar la ocasión de rendirle merecido homenaje. La señora Cicvarić nació en Podgorica (o Titogrado, como prefieran) en 1929, y pasará a la historia, sobre todo, por el espíritu tremendamente moderado de una voz bella y majestuosa, repleta de melancolía (su vida no fue, precisamente, un cúmulo de hechos dichosos) y que destila un sabor agridulce difícilmente olvidable. Tras despuntar en Radio Titogrado, pronto dio el salto a la capital, Belgrado, donde siempre defendió sus raíces desde una posición de indiscutible modestia. Considerada en Montenegro como un símbolo nacional, muchas de sus interpretaciones, no obstante, forman parte del legado Sevdah, y su relación con grandes del género como Polovina, Mamula o Isović fue, en algunos casos, excepcional .

Una mirada que lo dice todo

Una mirada que lo dice todo

Podemos encontrar, al menos, tres versiones de Oj, vesela veselice grabadas por Ksenija. La primera de ellas vio la luz en 1968, abriendo un EP (editado por PGP RTB) en el que esta dama contó con la colaboración de la orquesta Dušan Radetić, un famoso acordeonista yugoslavo que trabajó con otras grandes figuras del Sevdah como Safet Isović, y que también frecuentó otros estilos como el jazz.

En 1974, bajo la marca del sello Jugoton vio la luz una versión, como cara B del sencillo que encabezaba Milica, jedna u majke, en este caso, bajo el paraguas de la Ansambl Božidara Miloševića-Bokija; vamos, lo que viene siendo la orquesta del imprescindible clarinetista serbio Boki Milošević, maestro entre los maestros del instrumento que, lejos de quedarse anquilosado, ha seguido formando parte de proyectos vanguardistas, y siendo reclamado por nuevas generaciones. La tercera de las referencias, por último, fue publicada en 1981, en un LP repleto de míticas canciones tradicionales de Montenegro. En este caso, como era de esperar, el propio Oj, vesela veselice daba título al disco.

Hemos escuchado la versión del 74, y muy parecida a ella es ésta, un poco más acelerada, pero con un poco menos de intensidad rítmico-instrumental. A nosotros, no obstante, sigue pareciéndonos la más ideal la que hemos elegido; aquella que comienza con una instrumentación que define mucho más claramente la línea musical que se sigue durante los más de tres minutos de duración del tema. Escuchamos un acordeón muy marcado que nunca se separa de Ksenija, otro acordeón que sirve de base, un contrabajo que marca firme pero cadenciosamente el camino, y, si nos fijamos detalladamente, un instrumento de púa que también se mantiene fiel a la inconfundible melodía. En esta ocasión, la maravillosa voz montenegrina desgrana con serenidad, señorío y un ligero trémolo (por momentos) la pieza. Parece que, en ocasiones, incluso, trata de frenar mínimamente el tempo.

A la manera tradicional

A la manera tradicional

El título de esta canción, en castellano, vendría ser algo así como Ah, chica alegre, y su letra es tremendamente romántica y luminosamente agridulce. Quien se dirige a nuestra (por lo visto) bella joven, parece estar realmente prendado de ella. No hay duda. El enamorado sujeto, en cuestión, comienza con un adulador “qué ojos más felices tienes”, para buscar impactar con un “a quien miras, acabas hiriendo”, así que, “me miraste, y me heriste”. No obstante, la parte más bella de la letra (algunos podrán tacharla de cursi), la traca final, se produce en la segunda parte de la canción con una emotiva declaración: “Me hice un cojín bordado, con mi nombre en él, mi nombre y tu nombre, para que ambos nunca puedan separarse”.

Teniendo en cuenta que, como ya hemos apuntado, nos hallamos ante una de las piezas más universales y queridas de la música tradicional montenegrina, imaginarán que las versiones que podemos encontrar son innumerables. Nosotros hemos decidido quedarnos con unas pocas, por razones muy diferentes. La primera, de otra ilustre voz montenegrina, que ya hemos revisado en Sevdalinkas, Branka Šćepanović, vendría a ser más seria y convencional, aunque majestuosa en su ejecución (también ayuda el decorado del clip, es cierto). La segunda, casi bajo la misma filosofía, la interpreta otro viejo conocido de Sevdalinkas, Mirko Rondović muy en su línea, marca de la casa.

El día que Damir decidió poner al día a un clásico

El día que Damir decidió poner al día a un clásico

Nosotros, no obstante, nos quedamos, sin ningún tipo de duda, con la increíblemente sentida, remozada, pero dignamente respetuosa revisión del gran revolucionario del género, Damir Imamović. El homenaje de este sarajevita a esta mítica pieza montenegrina fue registrado durante un par de noches de julio de 2011 en la Casa de Svrzo, una imponente construcción turca localizada en Sarajevo, de obligada visita. Dicha grabación forma parte del CD Svrzina Kuća (iTM, 2011), como todas las referencias de Damir, imprescindible para adivinar cuáles son los senderos presentes y futuros de la sevdalinka.

En esta ocasión, de todas maneras, no tiramos del original grabado, sino de una de sus interpretaciones, por parte de Damir, en directo, en este caso en Bruselas. En ella se puede apreciar a la perfección la facilidad de este mágico artista por incorporar registros y marcas de varios géneros en cualquier pieza tradicional, jugar e improvisar, sin restarle un ápice de autenticidad. Una auténtica gozada.

Hvala lijepo: Dzana.

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