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Por César Campoy.

Često mlađan prošetah kraj Drine es una prueba más de que Rade Jovanović es el compositor más destacado que ha dado el Sevdah contemporáneo. Más de medio millar de piezas, entre las cuales se hallan Na obali DrineJablani se povijajuKad sretneš Hanku y, sobre todo, las universales Negdje u daljine y Ne pitaj me stara majko, son una mínima muestra de su espléndido legado. Fiel, hasta su trágica muerte, a su querida Goražde, a aquella ciudad y a su frecuentado río Drina dedicó Rade, en un acto de sana obsesión, muchísimas de sus creaciones. Entre otras, la que ahora abordamos, una de sus primeras criaturas que, además, le supuso la fama inmediata, así como su condición de proveedor habitual de los más grandes: Nada MamulaMile PetrovićNestor Gabrić,Nedeljko BilkićSafet IsovićPredrag Gojković Cune y, por supuesto, un Zaim Imamović, desde mediados de los 40 del siglo pasado, figura trascendental e influyente del género, al que, con este Često mlađan prošetah kraj DrineJovanović tuvo la suerte de servir en bandeja un éxito seguro y, por lo tanto, pasar a formar parte de la camarilla destacada de Radio Sarajevo

Original sin copia posible.

Curiosamente, cuando en 1958 vio la luz aquel vinilo, que completaba el gran Ismihana, dušo moja de Jozo Penava, y se apoyaba, instrumentalmente, en la Tamburaški Orkestar Radio Sarajeva, las referencias como autor a Rade brillaron por su ausencia. Lo mismo sucedió cuando, tan solo un año después, la propia Jugoton recuperó esta canción para incluirla en el magnífico recopilatorio colectivo Bosna (dentro de la serie Pjesme i plesovi naroda Jugoslavije). Tendría que llegar una nueva (y célebre) compilación, en esta ocasión de Zaim, editada en 1971, para que en los créditos se reconociera la paternidad de un Jovanović que, sirviéndose de su amado Drina, logró crear una pieza repleta de nostalgia. 

La bella Goražde.

En A menudo visito a los jóvenes, cerca del Drina, nuestro apenado protagonista recuerda tiempos felices, cuando su amada y él paseaban por la orilla del río entre abrazos y achuchones varios. Ese amor, desafortunadamente, desapareció, más que nada, porque otra persona apareció. Entonces, «sus abrazos cesaron y todos mis sueños se perdieron«. La verdad, Imamović bordó este Često mlađan prošetah kraj Drine. La pieza se prestaba, sin duda alguna, a ser interpretada vía tamburica, y la orquesta de Radio Sarajevoarticula un manto de cuerdas vibrantes ideal, que traslada al oyente junto al río, en una mañana fresca de marzo. La niebla apenas permite divisar la otra orilla. Paseamos, como en el clip promocional de la radiotelevisión bosnia (realizado a finales de los 60), junto a un Zaim que se lamenta con una maestría total; sin apenas dejar espacio para que sus pulmones recuperen el aire. Sencillamente perfecto. Tanto, que apenas hubo voces que osaran volver a registrar un tema, para siempre, tatuado en la piel de Imamović. Curiosamente, varios lustros después que su padre, el propio Nedžad también protagonizó un vídeo en el cual, a ritmo de Često mlađan prošetah kraj Drine, rondaba la vereda del río.

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