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Por César Campoy.

Estuvimos dudando mucho a la hora de decidirnos si incorporar, o no, a nuestro listado, este precioso tema. Incontables son las fuentes que reclaman su origen serbio o montenegrino. Su mágica tonada ha pasado, de hecho, por la garganta de artistas de la zona como Branka Šćepanović, Šaban Šaulić, Mirko Rondović o Ljubomir Đurović. Es más, una de las primeras pruebas sonoras que se conservan (data de 1956) se integra en el volumen 6 de la magnífica colección Yugoslav folk songs and dances (ideada por Jugoton para expandir las tonadas tradicionales al resto del mundo) que, efectivamente, lleva por título Serbian folk songs and dances. En este elepé, es el célebre artista Vukašin Vule Jevtić (nacido cerca de Kruševac), acompañado de la Narodni Orkestar Radio Beograda, quien desgrana una sentida revisión de este clásico.

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Coros y danzas

Por otra parte, el hecho de saber que el mismísimo Himzo Polovina se hubiera animado a registrar este Oj, moja ružo rumena nos hizo replantearnos muchas cosas. No es sencillo encontrar esta grabación en su discografía, todo sea dicho. Hay que rebuscar en los archivos de Radio Sarajevo para lograr toparse con una impagable sesión, de 1968, en compañía de la Tamburaški Orkestar RTV Sarajevo. Pero existe, y si uno de los pilares del Sevdah se había empecinado en rendirle un homenaje, esta gema podía tener todo el derecho de ser considerada una sevdalinka.

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Torbica y Petrović: Un dúo dinámico

Para quedarnos más tranquilos, decidimos consultar a dos fuentes más que solventes. Damir Imamović, una de las mentes contemporáneas más revolucionarias del género, apenas tiene dudas: “Hay muchas canciones de Serbia y Montenegro, incluso algunas de Croacia, que fueron incluidas en el Sevdah. Especialmente, en los últimos 50 años. Es justo tener en cuenta de dónde proviene la composición, pero también si ha sido cantada y grabada por artistas del género”. Por otra parte, Mirza Redžepagić, figura indiscutible del Flamenco en los Balcanes, reputado docente, y estudioso de los sonidos de la zona, aporta nuevos datos sobre la partida de nacimiento de Oj, moja ružo rumena: “Es original de Jeleč, un pueblo cerca de Foča, lo que le convierte en una sevdalinka bosnia”. Redžepagić basa sus argumentos en los imprescindibles estudios del artista checo Ludvík Kuba que, como vimos en entregas anteriores de Sevdalinkas, se dedicó, entre finales del XIX y mediados del XX, a recopilar gran parte del legado sonoro folclórico de la región.

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Pasaporte a Ilidža

Por otra parte, le debíamos una a Mira Torbica, una de las voces más injustamente olvidadas de la música tradicional del país. Vehid Gunić la definía, a la perfección, en su breve reseña escrita en el imprescindible volumen Sevdalinke: “Se produjo un verdadero soplo de aire fresco cuando, a mediados de los años 60 del siglo pasado, apareció en las ondas de la famosa Radio Sarajevo“. Mira no figurará en las listas más habituales y simplonas de lo Sevdah (“Era modesta y poco ambiciosa, por lo cual no logró tanto como hubiera podido, ni cuanto de ella se esperaba (…), sin embargo, el archivo musical de la RTV BiH se enriqueció con, al menos, un centenar de grabaciones suyas”), pero su suave voz merece un recuerdo constante.

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Por Kemal Monteno

Efectivamente, las primeras referencias sonoras de Torbica las encontramos en los archivos radiofónicos. Poco después, se dio a conocer a partir del dúo musical compartido con el hombre con el cual ha compartido su vida, Stanimir Petrović. Siendo ambos jovencísimos llegaron a editar con sellos como Jugoton, PGP RTB o Diskos, bajo el manto de músicos como Ilija Spasojević o Spaso Berak. En el vinilo de la edición de 1968 del Festival de Ilidža, sin ir más lejos, la pareja se marca dos temas: Sinoć kasno u sokak y Pozdravljam te pesmom, dragi. En unos meses, Mira ya volaba sola. A partir de ahí, su carrera fue oscilando entre la canción pop, el folclore comercialote y, de vez en cuando, el retorno a la sevdalinka, más o menos, pura.

1974

De niña a mujer

Las contadas referencias editadas entre finales de los 60 y principios de los 70 del siglo XX, apenas rinden pleitesía al género. En 1970, por ejemplo, retorna a Ilidža con el tema compuesto por Nedžad Imamović, Nekad sam ti usne ljubila. Dos años después se marca un interesantísimo sencillo con las canciones de Kemal Monteno, Dugo sam te čekala y la pegadiza Neću više da te molim, en la que, no obstante, la voz de Mira duda en algunos pasajes. Eso sí, en 1983, vía Diskoton, obsequió al respetable con una selección de clásicos del género, más que digna. Tanto Mira como Stanimir continuaron con sus carreras y siguieron apareciendo en los medios nacionales. Cuando los combates comenzaron a sonar en las inmediaciones de Sarajevo, la pareja optó por trasladarse a la zona de Prnjavor, cerca de Banja Luka, en la hoy República Srpska.

1983

Retorno al Sevdah

La versión que la cantante realiza de Oj, moja ružo rumena no aparece en ninguno de los discos oficiales editados por la cantante. Así pues, todo nos hace pensar que la grabación pudo ser realizada en una de las sesiones de Radio Sarajevo.

Con tanta literatura sobre los orígenes y la carta de identidad de este Oj, moja ružo rumena (que podríamos traducir como Ay, mi rosa carmesí), el lector entenderá que los textos sean de lo más variados. Tanto el recogido por Ludvík Kuba en Jeleč, como el que podemos encontrar en volúmenes que recopilan sones tradicionales montenegrinos, apenas comparte algunas frases con la versión que popularizaron las diferentes voces que la grabaron desde finales de los 60 del siglo pasado. Incluso, entre estos últimos casos, existe alguna diferencia puntual.

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El sentido Ljubomir

En cuanto a la interpretación que nos ocupa, la de Torbica se desarrolla en un tempo intermedio. Tamburica sin concesiones en la introducción instrumental, y una Mira que se muestra tranquila, pero segura. Justa modulación, respiración bien gestionada, matices melodramáticos… y una estructura sencilla, nada complicada: estrofa vocal, intermedio-estribillo a base de pulso y púa, y final nada artificioso.

Como avanzamos más arriba, nuestra tonada de hoy ha sido reivindicada por registros de diversa condición. Si, en 1968, la acarició, de manera un tanto acelerada, el maestro Polovina, fue en las últimas décadas del siglo XX cuando Oj, moja ružo rumena gozó del favor de un mayor número de artistas; entre ellos, el montenegrino Ljubomir Đurović (en 1979, vía Jugoton), o el serbio Šaban Šaulić que, en 1996, la incluyó en su disco Od srca. Nosotros, no obstante, siempre caeremos rendidos ante la hipnótica adaptación, de claro aire (de nuevo) montenegrino, que fue capaz de labrar la gran Branka Šćepanović, en su recomendable Narodni biseri (PGP RTS, 1994). Elegante, agridulce, pausada y monumental.

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