
Damir Imamović: «Nuestra obligación es devolverle algo a la tradición, no solo tomar de ella»
El artista de Sarajevo vive su mejor momento profesional. Reconocimientos internacionales, giras por toda Europa, decenas de proyectos para los próximos meses: un libro, producciones… Tras el sonoro éxito de Singer of Tales (Wrasse Records, 2020), ha visto la luz The World And All That It Holds (Smithsonian Folkways Recordings, 2023), una interesantísima grabación convertida en magnífico complemento y banda sonora del último libro del prestigioso escritor Aleksandar Hemon, en torno a la relación de dos hombres de diferente origen cultural y étnico, en el Sarajevo de principios del siglo XX. Una suerte de simbiosis entre la herencia sefardí y la musulmana. Nosotros aprovechamos nuestra enésima escapada a la capital de Bosnia-Herzegovina, para quedar con Damir y charlar sobre todo esto, sobre la libertad personal y creativa, sobre la realidad del país, y sobre muchísimas más cosas. Una larga conversación repleta de mágicas reflexiones del que ya puede considerarse uno de los creadores más importantes de la cultura contemporánea balcánica
«Siempre he pensado que un artista necesita tirar adelante y hacer cosas independientemente de cómo las vea la gente»
«La sevdalinka está muy bien conectada con la cultura musulmana, no con la religión sino con la cultura, pero también ha sido influenciada por otras tradiciones»
«Los viejos comerciantes serbios de Sarajevo del siglo XIX eran más turcos que la mayoría de los bosníacos de hoy»
Por César Campoy.
–En primer lugar, me gustaría que habláramos de cómo surgió la idea de preparar una banda sonora para The World And All That It Holds, el libro de tu amigo Aleksandar Hemon.
-Bueno, Sasha Hemon estuvo escribiendo este libro durante mucho tiempo, durante 14 o 15 años, pero tuvo que parar en varios momentos y retomarlo. Y esta vez estaba a punto de terminarlo justo antes de la pandemia, y me escribió porque necesitaba ayuda con algunos temas porque estaba usando muchas canciones: sevdalinkas y melodías sefardíes. Hablamos sobre ello, y luego me ofreció hacer una banda sonora. Y acepté porque realmente me encantaba, pero, ¿sabes?, ni siquiera estaba seguro de que se convertiría en un álbum independiente; pensé que sería solo una especie de banda sonora para el libro. Pero luego, recibí una oferta del sello Smithsonian Folkways para hacer un disco, así que junté las dos cosas y decidí que sería perfecto si también se convertía en mi propio álbum.
–Sin duda, la historia es un magnífico ejemplo de multiculturalidad y un himno a la libertad, identidad y expresión personal: la relación entre dos hombres de diferentes clases sociales y de diferentes orígenes étnicos.
-Sí, es el caso en sociedades multiculturales, como Bosnia, y especialmente como solía ser Bosnia antes de la Primera Guerra Mundial, cuando las personas entraban en contacto entre sí. Comercian, se comunican, discuten, se aman, y creo que nadie establece esas relaciones pensando: «Está bien, soy serbio, quiero estar enamorado de este croata», ya sabes, o «Soy musulmán bosnio, quiero desarrollar una cooperación con esta chica serbia»… Solo en retrospectiva, en nuestro entendimiento posterior, dependiendo de lo que es importante para nosotros, asignamos estas identidades. Es normal que el día a día te ponga en contacto con todo tipo de personas. Y que a través de la vida cotidiana y las relaciones, los sentimientos, los intereses y las necesidades, nos encontremos con personas que no entendemos en ese momento, y que necesitemos cruzar algunas fronteras para comprenderlas y sentirlas mejor. Y desde ese punto de vista, puedo decir que el libro de Sasha es un libro sobre dos chicos que se enamoran en circunstancias que realmente no están muy en sintonía con eso, ¿sabes? En las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en la época en que la homosexualidad era completamente ajena, y ajena a la mayoría de la población; en la época en que había una guerra, no era el momento perfecto para el amor, y además, eran sarajevitas. Y esta identidad de Bosnia, especialmente de Sarajevo, fue lo suficientemente fuerte como para conectarlos. Y sintieron que Sarajevo era su propio hogar, independientemente de sus identidades étnicas o religiosas individuales: quién es musulmán, quién es judío… Eran habitantes de Sarajevo. Y creo que eso también es importante para Sasha. Él es un gran sarajevita, y suele decir que tiene dos lugares grabados para siempre en su corazón. Uno es Sarajevo, y el otro es Chicago. Y tiene los mismos sentimientos hacia ambas ciudades. Las siente como su hogar y las lleva donde quiera que vaya. Entonces, por supuesto, desde el punto de vista de la teoría política, los estudios culturales y la teoría en general, se puede decir que hay mucho multiculturalismo, pero creo que el arte es importante porque aborda la vida no desde el punto de vista de la teoría y las grandes ideas, sino desde la vida cotidiana en la que las personas se aman, se odian, discuten, comercian, y eso es lo realmente importante de este libro. No está predicando; no está tomando partido ni culpando a nadie.
–¿Cómo elegiste el repertorio? ¿Cómo fue ese trabajo a la hora de combinar canciones originales, piezas tradicionales de la tradición Sevdah y temas de origen sefardí?
-Bueno, normalmente en mis proyectos todo parte de mí, de lo que me apetece cantar, de mis ideas en cuanto a arreglos o de si escribo una canción nueva. Pero, esta vez, comenzó como un proyecto de teatro o un proyecto cinematográfico. Partió de un autor. Si eres un músico que trabaja para una obra o una película, sigues el ejemplo del director. En este caso, iniciamos el proyecto con Sasha dándome material para jugar. Y luego comencé a agregar mis propias ideas, hablando con él; y terminamos con una colección de canciones que son una combinación de sus ideas originales y mis propias ideas, además de mi propia escritura surgida de este proceso. Así que fue un revoltijo. A algunas canciones me opuse fuertemente porque, simplemente, no sabía cómo cantarlas, pero con algunas de ellas logré encontrar mi manera de hacerlo.
–Esta relación entre dos hombres de diferentes orígenes también encuentra su simbolismo en el hecho de que la música de origen judeoespañol haya influido tanto en el Sevdah. ¿Cómo ha marcado la tradición sefardí a la cultura y la música de Bosnia-Herzegovina?
-Creo que todavía estamos esperando buenos estudios sobre esas influencias. ¿Cómo influyó exactamente? Sabemos que tenemos algunas melodías comunes, algunos temas comunes, que algunas personas convivían, cantaban entre sí, y desde las primeras grabaciones, de principios del siglo XX, sabemos que las niñas musulmanas también cantaban melodías sefardíes, las niñas sefardíes también cantaban melodías de Sevdah y Starogradske, o melodías más populares. Así que no era tan estricto como tener solo chicas judías cantando canciones de mujeres judías, hombres judíos cantando canciones de hombres judíos, y luego mujeres musulmanas cantando solo canciones de mujeres musulmanas, porque en realidad se trataba de una mezcla de lo que vemos desde las primeras grabaciones en Sarajevo en 1907-1908 y estas famosas sesiones de Gramophone. Y dicho esto, creo que lo que también podemos aprender de todo esto es que, a menudo, olvidamos que todos éramos parte de este gran imperio. La cultura pública del Imperio otomano influyó no solo en los musulmanes y las comunidades religiosas musulmanas, sino también en otras comunidades, comunidades nacionales más pequeñas de judíos, romaníes, serbios, húngaros, rumanos, albaneses… y esta larga influencia se encuentra hoy no solo en el Sevdah, en las llamadas canciones musulmanas, sino también en las canciones judías. Si escuchas viejo repertorio judío, a menudo reconocerás algunos maqams antiguos de la época turca. Y de hecho, a veces, incluso la comunidad judía ha conservado esas influencias otomanas mejor que la comunidad musulmana.
–¿Cuál puede ser la razón?
-Podemos especular. No todos eran ricos y estaban inmersos en negocios comerciales, pero algunos de ellos, algunas familias eran muy ricas y comerciaban, iban a Tesalónica, a Estambul, volvían, traían canciones, y creo que en todo este proceso se crearon e intercambiaron muchas canciones interesantes, y creo que es nuestra obsesión con el nacionalismo, con la identidad nacional y étnica lo que a veces nos dificulta ver cómo se desarrollan estos procesos, porque siempre pensamos que la comunidad judía de Sarajevo en el siglo XVII es la misma comunidad judía que en el Sarajevo del siglo XX; y que igual sucede con la comunidad musulmana, la ortodoxa o la serbia. Vamos, que si la gente cambia, las influencias culturales cambian. Los viejos comerciantes serbios de Sarajevo del siglo XIX eran más turcos que la mayoría de los bosníacos de hoy en términos de cómo se visten, cómo hablan, su sistema de valores y todo lo demás. Estas cosas suelen ser muy complicadas, y tratamos de simplificarlas, y una de las formas de simplificar esto es a partir de este nacionalismo étnico, cuando pensamos que las cosas tenían un solo significado para una comunidad, y en ese significado influyeron en otras comunidades. No creo que sea el caso. Personalmente, no tengo problemas con esta indecisión de las influencias culturales, porque tal vez influyó, tal vez no, tal vez ambas tradiciones fueron influenciadas por otra cosa, etc, etc. En definitiva, estas redes de influencias nunca se detienen.
–Sobre esto, hay algunas canciones de Sevdah que están influenciadas por temas sefardíes. Por ejemplo, como sabes, Koliko je širom svijeta tiene su origen en la pieza Yo m’enamorí d’un aire. Pero, en ocasiones, no es sencillo encontrar la conexión entre una y otra.
-Bueno, creo que debemos profundizar más porque las versiones que tenemos hoy de algunas canciones conocidas han cambiado bastante con el tiempo. Por ejemplo, por eso fue importante para mí, en este álbum, cantar Nočes, nočes no en la versión de Flory Jagoda y otros muchos artistas modernos. Siempre sentí que esta melodía era agradable, y la letra es maravillosa, por supuesto, pero en términos de melodía, siempre sentí, como músico, que de alguna manera no era decisiva, que no era concreta. Siempre tuve aquello como una especie de premonición en mi mente, como una especie de intuición: hay algo mal en esto. Y luego encontré la grabación de Eliezer Abinun de 1962. Era un hazzan de la comunidad judía de Londres. Y nació en Sarajevo, y vivió en Sarajevo hasta que tuvo los 17 o 18 años; y luego se escapó a Londres, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, en los años 30, y grabó para Deutsche Grammophon, en 1962, cantando a capela, sus propias melodías antiguas sefardíes; y su versión de Nočes, nočes es completamente diferente de lo que canta Flory Jagoda. Su versión se basa en el maqam otomano, hijaz humayun; y cuando escuchas esta melodía, caes en la cuenta: «Ah, es por eso que está tan conectada con muchas canciones de Sevdah». Se desarrolla de una manera diferente; es mucho más estricto e incluso virtuoso en términos de canto. Y también, por ejemplo, con otras melodías, como la famosa canción de Bentbaša Kad ja pođoh na Bembašu. Sí, hay dos versiones en la comunidad judía. Una es un canto de ceremonia religiosa, y la otra es una tonada profana, un canto romántico sefardí. Y en la comunidad musulmana bosnia también hay dos versiones: una es una melodía más antigua, y otra es la que tiene esta melodía a la que nos referimos. Pero en realidad ambas versiones se remontan al Hürriyet Marşı, de Rifat Ali, del siglo XIX, como mostró Risto Pekka Pennanen, porque obviamente así es como se desarrolla la música. Si escuchas una buena melodía, y es lo suficientemente agradable, se quedará contigo, permanecerá en tu oído y formará parte de tu pensamiento musical. Así que, tal vez, en un par de meses, empezarás a cantar algo a partir de esta melodía sin siquiera darte cuenta de que estás cantando, precisamente, esa melodía. Por eso, sobre esas influencias, el hecho de que haya gente que diga, a principios del siglo XX, que estas dos canciones son similares o iguales, no quiere decir que se estén refiriendo a las versiones que estamos cantando hoy. Porque, en 30 o 40 años, las canciones cambian por completo, sobre todo antes de que existiera la radio.
–Una vez me dijiste que tenías una especie de respeto por cantar en judeoespañol. Aquí incluyes Anderleto, Madre mija si mi muero, Nočes, nočes… ¿Tuviste dudas sobre la pronunciación? El judeoespañol y el español de hoy son diferentes… ¿Has perdido, definitivamente, ese respeto, ese miedo?
-Bueno, el respeto, no, pero el miedo, sí. Recuerdo que, tal vez te conté que, cuando fui a México, en 2018, estaba cantando una canción sefardí, Adio Kerida, y una anciana me dijo: «Joven, eres un buen cantante, pero tu español apesta, deberías trabajarlo». Y tuve que explicarle que se trataba de español del siglo XV, cantado por bosnios, que intentaron preservar su identidad. Judíos sefardíes bosnios, que trataron de recordar su identidad a través de estas canciones. Y creo que perdí el miedo cuando escuché las grabaciones de campo de Ankica Petrović, una famosa profesora de etnomusicología de la UCLA y Sarajevo. Solía entrevistar a muchos hablantes y cantantes de ladino, creo que a finales de los 70 y principios de los 80, de las comunidades de Sarajevo y Belgrado.
–Interesante…
-Sí. Ella me dio esas grabaciones y, cuando escuché las entrevistas comprobé que, cuando ellos cantaban las melodías y pronunciaban las palabras, también lo hacían con un fuerte acento de Sarajevo. No estaban tratando de transmitir sonidos particulares. Hablan como habitantes de Sarajevo con un fuerte acento de Sarajevo. Eso me dio una especie de confianza para decir: «Está bien, puedo hacer esto». Porque me sentiría como un impostor si estuviera imitando el español o, no sé, los acentos mexicanos o latinoamericanos o los acentos españoles contemporáneos, al tratar de transmitir algo que viene de un español del siglo XV, conservado en la comunidad bosnia sefardí durante cientos de años y que, por supuesto, cambió. Y en muchas comunidades, como la romaní, la checa, la polaca… que tenemos en Bosnia, y que llegaron aquí durante la época del Imperio austríaco, y también en la comunidad judía, si no tenían una palabra propia para algo, siempre han usado una palabra bosnia.
–El disco se abre con una composición propia, Sinoć, una bofetada de sensaciones y emociones bestiales. Ivana, por ejemplo, rompe todos los cánones de la lógica humana con un violín que hiere al oyente. También hay inspiración en Musa Ćazim Ćatić, una de las fuentes literarias más importantes del Sevdah. ¿Tenías claro que había que inaugurar esta obra con esta impresionante creación para dejar al público con ganas de más?
-La verdad es que no. Quería abrir con Kad ja pođem draga, porque comienza con la letra: «Cuando me vaya de Sarajevo, querida… ». Así que para mí, conceptualmente, encajaba muy bien con la novela. Pero luego, con mi productor, Joe Boyd, y Andrea Goertler, hablamos mucho sobre el orden de la lista de canciones, cuál sería el orden de las melodías, e intentamos muchas otras cosa, y Joe trató de explicarme lo importante que sería atrapar a la gente en la primera escucha. Y pensó que la mejor canción para eso sería Sinoć. Luché con eso durante un par de meses; hablábamos mientras mezclábamos, mientras trabajábamos en una versión… Pero, lo que está claro es que, si invitas a unos productores a trabajar contigo, ese es su papel y la rutina: comunicarse con ellos, intercambiar ideas y tratar de hacer algo que no harías solo. Y al final, me alegro de que el disco empiece así.
–Pues creo que es una muy, muy buena idea empezar con esta canción. Es muy impresionante de partida. Después de eso, tienes diferentes sentimientos y emociones.
-Gracias, y es interesante que… ¿Has visto a ese grupo de folk americano? Hicieron una coreografía para esa canción.
–¡Por supuesto!
-Bailando. Y fue, para mí, tan inesperado, porque esperarías otras canciones como Bejturan, otras canciones tal vez un poco animadas, canciones animadas para bailar, y esta fue realmente una elección extraña. Pero me encantó.
–Buena gente. En Bejturan, vuelves a trabajar con Omer Ombašić. Tras la buena experiencia con O bosanske gore snježne (Singer of Tales, Wrasse Records, 2021), ¿tenías claro que volverías a colaborar con él?
-Esta letra me la dio hace mucho tiempo. La tuve presente durante algún tiempo, y la canté con la melodía tradicional de Poravna [se denomina «Poravna pjesma» o «canción llana», a la manera más natural de cantar la melodía tradicional, sin una métrica fija]. Y resulta que Sasha utiliza en el libro la historia del famoso héroe épico bosnio Alija Đerzelez, en torno a un hada cuyo hijo salvó y que le compensó dándole una fuerza sobrehumana… y Omer menciona en esta letra a Alija. Así que, cuando Sasha mencionó esto, instantáneamente recordé la composición de Omer. Y se la envié, y le encantó porque realmente suena como si hubiera sido escrito en el siglo XVII. Omer transmitió muy bien este estilo tradicional. Y luego, cuando estábamos comenzando los ensayos, improvisé con la banda, y lo hice porque yo ya había grabado varias versiones de canciones de Poravna, como Gdje si dragi, živa željo moja, que registré dos veces. Y otras más, por lo cual la conozco muy bien. La canción de Poravna es un tipo de repertorio de la sevdalinka. Por lo general, se la conoce como la forma más auténtica, por así decirlo, de hacer sevdalinka. Y creo que es bueno tener algo así en un género. Algunos clásicos del repertorio pueden ayudarte a construir tu propio arte. Y luego, tratar de hacer algo nuevo con eso. Y en esta versión, definitivamente quería cambiar el ritmo de esta melodía, y todas estas cosas se juntaron, y estoy muy contento de que lo hayamos conseguido.
–Hablábamos antes del tremendo simbolismo de este disco, rebosante de sensibilidad y con una carga emocional abrumadora para ti, teniendo en cuenta que tu padre falleció mientras estabas trabajando en él. Además, Harmoniko es una canción en memoria de la irrepetible Farah Tahirbegović. ¿En qué medida ha significado para ti este trabajo una especie de exorcismo sanador, para saldar deudas?
-Sí, por supuesto, mi padre murió a fines de 2020 debido al Covid, y eso me impresionó mucho. Me llevó meses volver a poner mi vida en orden. En ese momento, ya me estaba preparando para un álbum. Estaba escribiendo algunas canciones… Creo que esta idea de un álbum con Sasha aún no estaba terminada. Todavía estaba en fase de preparación. Definitivamente, aquello me impactó y cambió muchas cosas en mi vida, emocionales y de otro tipo. Pero la canción a la que te refieres sobre Farah es tal vez, no sé… como una manera de procesar el duelo. Pero eso lleva mucho tiempo. A veces, cuando estás abrumado por la emoción, y eso puede durar no solo un par de semanas o meses, sino incluso años, cuando muere alguien cercano a ti… He estado escribiendo esta canción para Farah durante unos 10 años. Ha sido muy difícil para mí, porque cuando estás abrumado por las emociones, por lo general puedes escribir tonterías y cosas kitsch, o cosas demasiado superficiales que son emocionales porque eres emocional, pero el material no es emocional porque no tienes límites, no tienes… no eres objetivo, no eres realista, estás trabajando en tu dolor y… de alguna manera eso nubla tu juicio artístico. Es normal. Y por eso he estado escribiendo esta canción durante tanto tiempo, porque siempre tuve miedo de componer alguna tontería solo por estar tan abrumado por las emociones. Y decidí incluir la canción en este disco porque también la escritura de Hemon tuvo mucha importancia en la amistad entre Farah y yo. Porque uno de los primeros libros que nos recomendábamos leer fueron los primeros cuentos de Sasha, que aparecieron traducidos en Sarajevo en la década de 1990, creo. Y con mi padre… realmente no puedo responder a la pregunta de cómo influyó en este álbum en particular. Trabajar de nuevo después de la pandemia fue una vía de escape de este tiempo horrible: no viajar, no trabajar, volverse vago y gordo en el sofá, ya sabes, y esperar a que sucedieran las cosas y estar completamente indefenso como lo estaba el mundo entero. Y por eso no puedo responder a esa pregunta. Tal vez en 10 años pueda manejarlo artísticamente y escribir algo. Pero, ¿sabes?, de la muerte de Farah, aprendí una lección muy importante, y es que no hay que esperar a que alguien muera para rendirle homenaje.
–No conocí a Farah, pero creo que era una mujer muy, muy especial…
-Sí, lo era. Al mismo tiempo, fue activista, editora de libros y emprendedora cultural en el mejor sentido, porque estaba muy en sintonía con la vida cultural de esta ciudad, de este país y de toda esta región. Sabía quién hacía qué y dónde, y era excelente conectando a las personas y tratando de comprender el significado de las cosas, no solo para ese momento sino también para la historia de esta región. Era tan divertida y graciosa. Divertida y graciosa de una manera muy agradable. Influenció a tantas personas, especialmente al cambiar el formato en el que entendemos nuestro patrimonio cultural. Para mí, era la gran Farah; era mayor que yo. Y ahora, solo ahora, puedo ver cuán joven murió. Podría haber logrado tantas cosas grandiosas.
–¿Tenías claro, desde el principio, que solo Mustafa Šantić, uno de los mejores acordeonistas y clarinetistas de las últimas décadas, podía expresar todo el sentimiento de Harmoniko?
-Sí. También hubo mucho componente emocional ahí. Mujo era el acordeonista favorito de Farah. Ella solía arrastrarme cuando Mostar Sevdah Reunion tocaba en Sarajevo, y no tocaron mucho por aquí: solo en un par de lugares. Ella me llevaba, cada vez, para que escuchara a Mujo; no a Mostar Sevdah Reunion, sino a Mujo individualmente. Porque a Farah le encantaba tocar y cantar también. Entonces, cuando yo estaba a punto de grabar esta canción, y recordé que ella también tocaba la harmonika, el acordeón, cuando era niña, definitivamente supe que tenía que ser con Mujo. Y también es mi primera grabación con harmonika, con acordeón, en este estilo de Radio Sarajevo, así que quería tener al padrinoconmigo.
–Tu adaptación de Kad ja pođem draga es la canción que suena más moderna, en términos de instrumentación. ¿Cómo estableciste los parámetros para que unas canciones siguieran un camino más tradicional, y otras más actualizadas?
-Estas cosas no las suelo hacer conscientemente. Bueno, sí sé lo que hice: rearmonizarlo todo. Dondequiera que hubiera un acorde mayor, se trataba de poner un acorde menor paralelo, solo para ver qué pasaba. Porque hay dos tipos de armonización en la música balcánica. Uno sigue esta tradición del saz, armonizando todo alrededor de la raíz principal de la melodía, la que se transfirió a la escuela bosnia, la vieja escuela bosnio-serbia de armonización en acordeón, llevada a cabo por gente como Šerbo [Ismet Alajbegović], y otros acordeonistas capitales. Y está esta nueva versión que es más pop y está más conectada con Macedonia. Armonizaban desde la raíz menor de la escala. Empecé a jugar con todo eso, mostrándoselo a la gente en talleres, tratando de ver cómo se comporta la melodía si la armonizas de esta manera o de la otra. Y vi que este experimento resultó ser realmente bueno para esta canción. Y me gusta, porque nunca he querido que mis discos tuvieran un solo color, usar la misma forma de arreglar, armonizar, tocar, etc. en todas las canciones.
–¿Cuál es el objetivo que te propones cuando preparas un disco?
-Siempre he querido que un disco fuera como un viaje y tener algunas canciones más oscuras y lúgubres, otras más divertidas, otras más virtuosas o más rápidas… Me encanta esa mezcla. Creo que resulta realmente interesante, y creo, y mis productores, porque he trabajado con muchos, también me han dicho siempre que pueden reconocer un sentimiento común o una corriente en mi trabajo, independientemente de lo que haga. Supongo que es una expresión personal, y eso es genial.
–¡Sin duda!
-Cuando trabajo en un cedé, trato de cubrirlo desde muchos ángulos. No tengo una razón particular por la cual esto es de esta manera o de esa otra; se trata, solo, de intuición. Pero tal vez la razón por la que, por ejemplo, mis productores trataron de persuadirme para que no pusiera primero Kad ja pođem draga fue, precisamente, porque suena demasiado moderna. Y a veces las personas en el extranjero, cuando escuchan algo de un país en particular, quieren algo que no conozcan; quieren algo tradicional o lo que ellos llaman auténtico; quieren algo extraño, porque si escuchan algo que se parece a una melodía pop, dicen: «Oh, Dios mío, esto es música pop de ese país; no estoy interesado en ello». Mucha gente tiene este tipo de problema. Hace poco vi, por segunda vez, este maravilloso documental sobre Camarón[Camarón, Alexis Morante, 2018]. Qué le pasó cuando intentó, después de cantar con Paco de Lucía en numerosos discos, hacer aquel disco de pop rock.
–La leyenda del tiempo…
-Sí, sí. A pesar de que es un disco brillante, él canta y todo es genial, le toca aguantar mucha mierda. En España, pero también en el extranjero. La gente, simplemente, no entendía aquello. No obstante, él tenía derecho a hacer lo que le diera la gana. Era un genio. Así que siempre he pensado que un artista necesita tirar adelante y hacer cosas independientemente de cómo las vea la gente. Porque esa es tu prerrogativa como artista: hacer estas cosas y probarlas. Sí, a veces tal vez hagas un mal disco intentándolo, pero, ¿a quién le importa?

–Sí. Siempre he pensado que deben pasar 10 o incluso 20 años antes de poder analizar objetivamente lo que puede representar un disco en la historia de la música. Este episodio fue muy duro para Camarón. La gente lo repudiaba y decía que se había vuelto loco. A día de hoy, ese disco se considera una obra capital, no sólo en la historia del flamenco, sino también del pop, del rock, de la mezcla de estilos...
-Por supuesto. Y creo que, en cuestiones culturales, especialmente musicales, la gente está demasiado obsesionada con escuchar tan solo algo que ya conoce. Porque así se les enseña, a eso están acostumbrados: a escuchar determinados tipos de arreglos, determinados tipos de canciones, etc. Creo que el aburrimiento es uno de los poderes artísticos más poderosos. El aburrimiento es realmente importante, y debemos dejar que el aburrimiento entre en nuestras vidas y alentarlo. Cuando comencé a tocar en conciertos en solitario, recuerdo que había gente mayor que venía a verme. Algunos de ellos odiaban lo que hacía, pero otros no. Venían a mí, y siempre tuve una audiencia mixta. Jóvenes, personas de mediana edad, personas mayores, y creo que he logrado sobrevivir en la música y poder vivir de mis conciertos durante los últimos 16 o 17 años, desde 2005, porque he conseguido atraer diferentes tipos de audiencias. No son solo los jóvenes, no es solo el público mayor tradicional, no son solo los amantes del Sevdah, no solo del jazz o del rock and roll o los amantes de la música artística…
–Sino pequeños grupos de todo tipo de audiencia…
-Sí. Recuerdo que cuando comencé a hacer arreglos, como canciones de Poravna en otros ritmos, o cambiando el famoso intermezzo que siempre te remitía a melodías tradicionales, algún músico mayor venía a mí: «Oh, Dios mío, gracias a Dios, tío. Estaba tan harto y cansado de esta vieja melodía». Por ejemplo, en Bejturan cuando cambié el ritmo, el acento, la canción se volvió más como un ritmo pakistaní, indio o asiático, pero todavía sonaba tradicional. Creo que estas cosas simplemente surgen del aburrimiento, porque estás tan rodeado por esta tradición… Has escuchado estas versiones tantas veces que has llegado a aburrirte de ellas. Y eso también significa que has acumulado tanto conocimiento y tanta rutina al tocar esos temas tradicionales que tienes una base sólida sobre la cual construir. Entonces, si cambio el ritmo, todavía seguiré sabiendo cómo comportarme como cantante de Sevdah en este nuevo ritmo. He trabajado con algunos cantantes o músicos mayores que no podían hacer esto. Solo podían hacer melodías tradicionales en formato tradicional. Si cambian un acento aquí y allá, o solo un acorde aquí y allá, se pierden por completo. Y creo que todo forma parte de nuestro proceso de crecimiento dentro de nuestra cultura como músicos. Músicos de Sevdah, tratando de ser más sofisticados, más emocionales, más interesantes, más abiertos a nuevas ideas. Pero cuando digo nuevas ideas, no me refiero solo a las ideas de los procesos de modernización del mundo occidental del jazz, la música clásica, la música electrónica y demás, sino también a algunas ideas antiguas que hemos olvidado pero que aún podemos utilizar. Por lo general, cuando las personas hablan de nuevas ideas, piensan: «Oh, Dios mío, ahí está este saxofonista ganador de un Grammy; vamos a robarle un ritmo». No. Eso es superficial. Yo suelo pensar: ¿Puedo tomar una melodía que se cantó en 1923 y hacerla interesante hoy, e intentar hacer algo con ella? Porque lo estoy tomando desde antes de la época de esta gran codificación de esta música que sucedió en la cultura de la radio en los años 50, 60 y 70. Y pienso que este es mi octavo cedé, y sigo sin cansarme de este proceso. Sigo queriendo hacer más. Probar algo nuevo con él. A veces es nuevo para nosotros, los amantes de Sevdah, pero tal vez no lo sea para algunas personas que tocan jazz en Estados Unidos. Pero eso no me importa porque no puedo abarcar todas las posiciones. Solo la mía. Y creo que le toca a cualquier artista tener su propia posición, un punto desde el que ver el mundo; pero ver el mundo de verdad y no limitarte solo a tu tradición. Hay tantas cosas hermosas que puedes aprender de todos los diferentes músicos y artistas del mundo… y no veo por qué no deberíamos hacerlo.
–El libro de Hemon es tremendamente complejo. En él, hay varios escenarios, tanto físicos como temporales, y varias historias y temas. Uno de ellos es el de las migraciones, que además cuenta con una magnífica y clásica canción en su banda sonora, Koliko je širom svijeta. Una migración que, en Bosnia y Herzegovina, está causando una gran herida con la salida de muchos jóvenes. ¿Cómo está afectando este éxodo y cómo afectará el futuro del país?
-Los lugares como Bosnia siempre fueron descritos, por ejemplo por los economistas, como una tierra pasiva. Lugares de donde las fuerzas y poderes económicos, políticos y culturales más grandes, los imperios y los estados nación han extraído su mano de obra. Siempre ha sido así. Los turcos otomanos utilizaron a los bosnios para la guerra. Así salvaguardaban su frontera contra Europa. Los austriacos utilizaron a los bosnios como parte de su proyecto de colonización orientalista porque nunca tuvieron colonias. Bosnia era su propia colonia, aparte de lo que intentaron hacer en México. Y, tan solo años después, en la época de la Yugoslavia socialista, durante un período, llegamos a desarrollarnos como una cultura indígena que contaba con que la gente se quedara aquí y encontrara el sentido de la vida aquí. Aunque, incluso entonces, a fines de la década de 1960, la gente comenzara a ir a trabajar a Alemania por razones económicas. Esa es la razón por la cual muchas personas recuerdan aquellos tiempos de finales de los 70 y 80 como la época dorada de Sarajevo y de la ex Yugoslavia en general, porque esa era la época en que la gente no soñaba con irse a vivir y ganarse la vida a Alemania, Suecia, Estados Unidos, Canadá, Australia o donde sea, sino que trabajaba, se educaba y participaba en procesos sociales porque quería quedarse aquí y trabajar aquí. Pero desafortunadamente, tras la guerra, con la división étnica del país y con esta horrible situación política en la que hemos estado viviendo durante 30 años, de constantes inseguridades en términos de la existencia misma del estado o la sociedad y todas las instituciones, de alguna manera hemos vuelto a esta vieja mentalidad de que para tener éxito en la vida, debes irte de Bosnia. No se trata solo de personas reales que se van debido al genocidio, la limpieza étnica, una gran cantidad de refugiados por todo el mundo tras la guerra… sino que las personas no podían ganarse la vida aquí en Bosnia y se veían obligados a escapar y trabajar en otro lugar. Este país tiene algún tipo de actitud nacional, mentalidad o como se llame, un discurso que prevalece aquí. Así, todavía la gente piensa que no tendrás éxito en la vida si no te vas de Bosnia y consigues un pasaporte alemán, estadounidense, canadiense o sueco. Eso es lo establecido. Y si te quedas en Bosnia, es que tienes un grave problema.
–Te conviertes en una especie de persona fracasada…
-Eres estúpido o no tienes éxito, y cosas por el estilo. Pero estoy tratando de ver un lado bueno de este proceso. Estoy tratando de ver cómo la identidad bosnia, la identidad de Sarajevo, la identidad de Tuzla, la identidad de Mostar, todas las identidades que tenemos aquí, deben formarse conjuntamente y tener en cuenta no solo a los que vivimos aquí, sino también a los bosnios que viven en todo el mundo. Y siguen siendo parte de la comunidad. Quiero decir: ahora estamos hablando en este café, y veo a gente que vive en Londres, en los Estados Unidos, y están aquí para el Bookstan Festival, y son habitantes de Sarajevo; ellos, como Sasha Hammon, llevan su condición de sarajevita o de bosnio a otro lugar, y están constantemente en comunicación con Sarajevo y Bosnia. Y creo que en esta comunicación suceden muchas cosas hermosas. Incluso esta misma novela que escribió Sasha es su comunicación con Sarajevo y Bosnia que aún continúa a pesar de que ha estado viviendo en los Estados Unidos durante 30 años y está haciendo muchos proyectos que no tienen ninguna relación con Bosnia. Ha estado escribiendo la tercera temporada de Sense8, la famosa serie de televisión, aunque esa tercera temporada nunca salió. También ha estado co-escribiendo The Matrix Resurrections, ya sabes, y ha estado trabajando en cosas sin relación son este país. Pero he aprendido de él que estas conexiones deben conservarse no solo en recuerdos nostálgicos como: «¡Oh, antes de la guerra lo pasábamos genial!». Porque siempre tenemos nostalgia de los viejos tiempos. Incluso hoy en día escucho a personas de mi edad que sienten nostalgia por finales de los 90 y principios de los 2000, aunque en ese momento pensábamos que estábamos viviendo el peor momento posible en Sarajevo. Pero ahora vemos algunos lados buenos y cosas buenas de aquel período. Cada vez que miramos al futuro, tenemos que dar dos pasos hacia atrás. Creo que las comunicaciones constantes no solo con los bosnios de todo el mundo, sino con todas las diferentes culturas del mundo pueden ayudarnos a entender eso. De alguna manera se trata de renunciar a esta actitud provinciana de que somos los más importantes del mundo, y si no tenemos éxito como una gran ciudad o un gran país, somos un fracaso. No es así. No creo que este proceso cultural deba construirse sin tener en cuenta a todas las diferentes personas que quieren formar parte de esta identidad bosnia, independientemente de dónde vivan. Algunos de los libros más importantes de historia, antropología y ciencias políticas han sido escritos por bosnios en instituciones y universidades de Australia, Canadá, Estados Unidos, Suecia, Alemania, Suiza, Finlandia, y aún participan en este proceso. Creo que no deberíamos ver eso como una razón para estar triste o melancólico, sino que deberíamos verlo como algo grandioso. Porque, ¿cuándo estaría interesada cualquier universidad americana en temas de Bosnia si no hubiera algunos bosnios allí para hablar sobre ello? Estoy tratando de ver cosas positivas a partir de circunstancias históricas realmente horribles.
–En el disco también aparece el clásico Snijeg pade. Se ha convertido en un símbolo de libertad en Bosnia y Herzegovina después de que la interpretaras en la Marcha del Orgullo de Sarajevo en 2019. ¿Crees que algunos sectores conservadores o tradicionales pueden pensar que ha habido algún tipo de sacrilegio al darle una nueva dimensión a esta canción?
-Bueno, no, porque el Sevdah es música secular. Tuvo una fuerte conexión con la música religiosa musulmana en muchos aspecto del sonido, en la formación conjunta de líneas melódicas y cosas así, pero no fue la única influencia. Tuvo muchas más influencias seculares. ¿Sabes de dónde viene esta actitud? Durante el socialismo, la música religiosa de cualquier grupo religioso no era gran cosa, y las instituciones religiosas como Islamska Zajednica, Pravoslavna Crkva y todas las demás iglesias estaban de alguna manera fuera de la corriente principal de la sociedad. Ese fue el momento en que sucedieron las cosas más importantes en la cultura aquí. Nos liberamos lo suficiente de estas influencias conservadoras para poder educarnos, para cambiar completamente la situación en nuestra sociedad, para que las niñas también se educaran y para que los niveles económicos, educativos, de salud y todos los demás se elevaran probablemente más que nunca en la historia de esta región. Y luego, la única forma en que, por ejemplo, los musulmanes reconocían su presencia en los medios públicos era a través de las sevdalinkas. Así que, cuando Zaim [Imamović] cantaba una melodía y mencionaba a Alá en ella, y otros nombres musulmanes como Mujo, Fata y demás, la gente se sorprendía porque no tenía música religiosa que estuviera presente en la vida pública. Quiero decir: en la radio socialista también había programas dedicados al Bajram, a la Navidad, programas de etnomusicología… No es cierto que no existieran. Pero, teniendo en cuenta que el socialismo se basa en una constitución secular de la sociedad, no era aquella la corriente principal. La principal corriente en la que podía apoyarse esta cultura musulmana eran las melodías de Sevdah. Por eso, cuando el socialismo se derrumbó y Yugoslavia se disipó y comenzó la guerra, mucha gente mantuvo esta actitud hacia la sevdalinka. Era importante para ellos estar presentes, aunque hoy en día son libres de tener todas las ceremonias de música religiosa y cosas por el estilo. Siento que es mi papel recordarle a la gente que se trata de una tradición secular, no religiosa. Por supuesto, está muy bien conectada con la cultura musulmana, no con la religión sino con la cultura, pero la sevdalinka también ha sido influenciada por otras tradiciones.
–¿Y qué pasa con esos posibles problemas con los sectores más reaccionarios?
-Hagas lo que hagas, alguien se acercará y dirá: «Eso no está bien, eso no se debe hacer de esa manera». Y, ¿que puedes decir? El problema del conservadurismo es que, durante mucho tiempo, no ha producido nada de valor. Nómbrame un escritor importante, un músico importante, que transformó las cosas en los últimos 50 años, y que fuera netamente conservador. No los encuentras. Es que se nos olvida que el canto de Zaim, el canto de Safet y el canto de Nada Mamulaen los años 50, 60 y 70 también fueron criticados por gente como Vlado Milosević. El conservadurismo sirve para defender emancipaciones anteriores, cambios anteriores para las próximas generaciones, desaprobando los cambios futuros. Creo que lo más importante es que hay nuevas comunidades, y muchos de los que cantamos Sevdah somos parte de esas comunidades. Matrimonios mixtos, gays, lesbianas, incluso trans, travestidos como Božo Vrećo, muchas perspectivas feministas… La diáspora también es una comunidad muy particular. Y creo que está al mismo nivel. Puedes ser bosnio, gay y formar parte de la diáspora. Nada es exclusivo. Siempre habrá personas que no reconozcan que las cosas cambian, pero en la historia hemos visto que esas personas suelen perder la noción de lo que sucede a su alrededor. Y porque no tienen los oídos ni los ojos en sintonía con lo que está sucediendo, se perdieron por completo el desarrollo del Sevdah en los últimos 60 o 70 años. Se perdieron por completo esta perspectiva, cómo se modernizó esta música, cómo pasó de la tradición oral de canciones narrativas largas, bla, bla, bla, a la canción moderna, melodías cortas con coros… Piensan que el canto de Sevdah del siglo XVII era igual que el que cantaba Zaim. Por supuesto, que todo cambia. Míranos. Estamos sentados en una cafetería completamente moderna, bebiendo de los mismos vasos, café, espresso… Podríamos hacerlo en Valencia. Podemos hacer esto en Washington D.C. Podríamos hacer esto en Pekín. Exactamente en el mismo café. Así es como cambia el mundo y, en cierto modo, esto está acabando con esta vieja noción de autenticidad.
–¿La echas de menos?
-También lo echo de menos. Odio cuando voy a China, México, Japón, Turquía, Gran Bretaña, Serbia y dondequiera que voy, y veo los mismos malditos centros comerciales, las mismas tiendas de ropa, y todos usan la misma ropa. No existe la diversidad étnica, o llamémosla diversidad etnográfica, con la que la gente soñaba. Porque incluso en la década de 1920, la gente de Sarajevo se diferenciaba entre sí por su vestimenta. Quién usaba fez, quién usaba este tipo de camisa, quién usaba ese otro tipo de camisa. Pero ya no vivimos en ese mundo. Y creo que los conservadores están tratando de alguna manera de preservar este mundo perdido hace mucho tiempo que simplemente no se puede preservar. No, es imposible. Es como tratar de preservar la tradición oral en la era de la modernización. Es irreversible. Y creo que, a veces, los conservadores, al prescribir lo que debemos hacer o no, están deteniendo la conversación. No participan en la conversación. Nunca he tenido problema alguno con las personas con las que no estoy de acuerdo, si quieren hablar sobre eso y si quieren discutir sobre eso. Artística o científicamente. Pero el problema es esa actitud de muchos conservadores de parar la conversación.
–Y, como artista, ¿crees que tienes algún tipo de responsabilidad con la sociedad o con la gente?
-Bueno, creo que los artistas tenemos responsabilidades. Sea cual sea el género en el que estés trabajando, hay algo de tradición. Hoy en día, incluso si trabajas en experimentos con la llamada música artística contemporánea, también tienes algo de tradición con la que comunicarte. No eres el primero que intentó reproducir música sin escalas, que intentó reproducir música con la ayuda de computadoras. Así que algún tipo de comunicación con la tradición siempre es buena porque la tradición es algo que pertenece al campo de la cultura, de la herencia, la identidad y esas cosas, y el arte es algo que se basa en eso, pero que trata de ir un poco más allá, y creo que la idea de la libertad es muy importante. Por eso llamé a mi exposición de 2015, Sevdah, el arte de la libertad. Porque para mí, lo importante no es decir: «Ay, nuestra vieja música, nuestras viejas costumbres, hagamos todos como que queremos revivir eso». No quiero revivir el mundo en el que las niñas no pueden caminar por las calles. En el que llega su padre y le dice: «Está bien, te vas a casar con este tipo porque necesito su tierra». No quiero vivir en ese mundo. Creo que nuestra obligación es devolverle algo a la tradición, no solo quitarle. A veces, lo que le devuelves es completamente inesperado. Por ejemplo, Božo Vrećo, lo que está haciendo, está interesado en esta mezcla de géneros, masculino y femenino. Y esta música siempre tuvo género. Siempre se suponía que sabías quiénes son los chicos, quiénes son las chicas y cuál es su función exacta. Se prescribe cuál es su papel en la sociedad. Pero también había muchas canciones que hablaban de travestismo, de esto y aquello, y siempre se consideró que era solo una licencia poética. Pero, de repente, un cantante decide hacerlo y grabarlo en su propio cuerpo. Decir: «Está bien, así es como lo hago, soy un chico con un vestido, soy un chico que canta en un tono femenino agudo». Y nos hace leer esta tradición de manera completamente diferente, y preguntarnos: «Bueno, tal vez esas viejas canciones no eran solo licencias poéticas; tal vez se basaron en algunos hechos concretos que hemos olvidado». Entonces, mi idea básica es que tienes la obligación de devolverle algo a tu tradición y comunicarte con ella de una manera nueva. A veces, simplemente, tal vez no funcione, y nadie repare en ello. Otras veces, algunas personas sí serán conscientes.

–Antes hablabas sobre esto. Personalmente, creo que, definitivamente, has logrado crear un sonido inconfundible que te define, y sin duda Ivana Đurić, Nenad Kovačić e Ivan Mihajlović han contribuido mucho. ¿Crees que has encontrado los compañeros ideales que mejor te ayudan a expresar tu arte?
-Bueno, Ivana, Nenad e Ivan somos como una familia. Cuando no los veo, los extraño. Hemos trabajado juntos en algunos álbumes y en muchas giras, y ahora mismo toco con ellos, en trío con Derya Türkan y Žiga Golob y en otros proyectos. Trato de hacer ambas cosas: tocar constantemente con las personas a las que amo, y tratar de soñar juntos, pero también de hacer cosas nuevas con otros artistas. Nenad está en muchas bandas y en muchos proyectos. Ivana, también. Ivan está trabajando en el estudio con diferentes personas. Así que, cuando nos juntamos, nunca es lo mismo, pero tenemos algo que nos une. Yo soy el que lleva el material, el que compone, pero me interesan sus aportes y cómo ven las cosas. Y son diferentes. Ivana es lo más parecido a una colaboradora tradicional de Sevdah que tengo, pero también sueña con cosas nuevas, y trato de empujarla constantemente para que haga lo que se le antoje. Y, a veces, no llegamos a ningún acuerdo sobre lo que debemos hacer. Simplemente comenzamos a tocar, y algo sucede. Porque creo que es muy importante, en cualquier proceso artístico, combinar las decisiones intelectuales con algo que simplemente suceda a partir de los sentidos, sin negociaciones ni conversaciones. Es bueno no dejar que las ideas maten la improvisación, y viceversa. Y esa es, también, mi forma de lidiar con los productores. Primero con Chris Eckman, luego Joe Boyd y luego Andrea Goertler, buscando que nos brinden nuevas perspectivas. Y, por supuesto, trabajar con otras personas como este brillante contrabajista estadounidense Greg Cohen, luego otro gran, gran contrabajista esloveno, Žiga Golob, y un maestro de la música turca, Derya Türkan. ¿Sabes?, cuando estábamos preparando Singer of Tales, no tuve ningún problema a la hora de juntar a Derya e Ivana. Tenía miedo, por si debiera arreglar algunas cosas. Y luego dije: intentemos ver cómo suenan juntos sin arreglar nada. Y resultó ideal. En el primer ensayo, cuando los dos comenzaron a tocar la misma melodía, él con su enfoque otomano, turco y de Estambul, y ella con su enfoque bosnio y balcánico, se unieron de manera brillante, porque muchas de las raíces de estos dos enfoques son las mismas, aunque las circunstancias históricas sean diferentes.
–Te has convertido en el referente indiscutible del Sevdah más libre.
-Me gusta eso de «el Sevdah más libre». ¡Dejemos de llamarlo «New Sevdah» y llamémoslo «Freest Sevdah»! ¡Me encanta «el Sevdah más libre»!
–En todos estos años has luchado contra muchos obstáculos y has confiado en ti mismo. Imagino que el camino ha sido duro, pero has acabado ganándote el respeto internacional. ¿Ha valido la pena tanto esfuerzo, ir a contracorriente?
-Lo bueno es que, en el momento en que comencé, la gente estaba interesada en la World Music y el Sevdah. Pero de una manera muy particular, a través de bandas como Mostar Sevdah Reunion y también el primer disco de Amira Medunjanin. Y lo que Dertum y Farah cantaron en los 90 tratando de hacer esta mezcla de canciones balcánicas, Sevdah, macedonias, canciones del sur de Serbia, y tratar de hacer un concierto divertido, tratar de hacer bailar a la gente y cosas por el estilo. En mi caso, no creo que lo más importante desde mi comienzo hayan sido ni siquiera los arreglos o la manera de cantar. Fue, al menos yo lo veo así, el cambio de escenario de producción. Traté de que la gente se sentara y escuchara las canciones. No tengo nada en contra de las fiestas, ¡yo me considero una persona festera!, no estoy en contra de eso. Es solo que esto no es lo que hago. Intento contar algunas historias de formas nuevas y diferentes, y eso requiere la atención de la gente. Y, por alguna extraña razón, tuvo éxito desde el principio. He estado viviendo únicamente para mis conciertos desde 2005. Y en los últimos siete u ocho años, he ganado más y más éxito internacional. Incluso en Sarajevo, cuando empecé, siempre tuve conciertos llenos, giras exitosas y cosas por el estilo. Pero lo que realmente llevó mucho tiempo fue que la gente comenzara a ver esto como algo valioso. Este enfoque, la forma en que lo hago. Y creo que este logro ha hecho posible que otros proyectos que vinieron después abrieran este espacio de producción para hacer cosas diferentes. Y así lo hicieron. Algunas personas criticaron toda esta escena de Sevdah, como Mostar Sevdah Reunion, Amira, yo mismo, Divanhana, artistas más jóvenes como Zanin [Berbić] y Jusuf [Brkić], artistas veteranos como Ćamil [Metiljević]… Les hubiera encantado que todos tuviéramos el mismo estilo. Radio Sarajevo creó un estilo particular con acordeón, tamburica y cosas por el estilo. Pero creo que ahora es imposible porque, en primer lugar, el estilo de Radio Sarajevo surgió de la política de una institución. Así que todos tenían los mismos entrenadores vocales, arreglistas, ingenieros de sonido y sellos discográficos con los que trabajaron. Y si escuchas los discos de Zaim, los discos de Safet, los discos de Nada Mamula, todos suenan igual porque los grabó la misma orquesta. Hoy en día, no tenemos instituciones fuertes que impulsen un estilo en particular. Y es por eso que tenemos tantos diferentes… Y sabes, la forma en que se produce la música hoy en día es completamente diferente. No necesitas, no sé, 200.000 euros para producir un disco como los que necesitabas en los años 70 u 80. Hoy en día, puedes hacerlo con un micrófono y una computadora, y si tienes una persona que sepa grabarte. Así que es normal que sea diferente. Pero, ¿cuál era la pregunta? ¡Lo siento! [Risas].
–¿Ha valido la pena tanto esfuerzo?
-Sí, sí. Creo que ha valido la pena porque me ha permitido hacer cosas diferentes. No necesito hacer duetos con estrellas del pop y folk para que la gente me preste atención. Por lo general, la gente piensa que hay una forma de producir, una forma de hacer las cosas, y que si te involucras en eso, tienes éxito o no lo tienes. Y probablemente si hubiera comenzado a hacer Sevdah a lo «cafe society», y tocando en bodas, y tratando de hacer tantas canciones rápidas como pudiera para lograr que la gente bailara, tal vez estaría ganando más dinero, pero nunca me he obsesionado por el dinero. Quiero decir, gano lo suficiente y no necesito llenar grandes estadios. Así soy más libre. Porque conocí a muchos de mis amigos músicos que tuvieron algunos temas exitosos desde el principio, y todo el mundo siempre esperaba que hicieran más de eso, que hicieran solo eso. Y hay una cosa que me sorprendió. La primera canción conocida que tuve, duraba seis minutos y medio, y era una melodía repetitiva que escribí para la vieja y tradicional Dva se draga, que cerraba la película Sevdah[Marina Andree Škop, 2010] y también aparecía en mi disco Abrašević Live [Autoeditado, 2008]. Hice esa canción solo porque me encantaba la letra y porque también tenía ese componente de género ambiguo. Y le compuse la melodía, la grabé y no esperé nada más. E incluso hoy en día hay personas que me preguntan sobre esa canción. Y mucha gente que me conoció, luego me dijo que fue por esa canción. Creo que estas cosas son inesperadas, pero me encanta. Me encanta que una de mis primeras canciones exitosas fuera tan poco ortodoxa: solo con la guitarra, melodía repetitiva durante seis minutos y medio o siete, contando una vieja historia a la manera antigua… Así que es genial.
–Háblanos sobre tus planes. Evidentemente, estás inmerso en la presentación de este último disco, y tu agenda está completa. Recientemente giraste por Gran Bretaña, ahora tienes más conciertos en la región y en el resto de Europa… Pero creo que también estás trabajando en un nuevo libro sobre saz…
-Desde que salió mi último disco, como hace menos de dos meses, y tenemos presentaciones, giras y todo, en este momento en particular tengo algunas ideas para grabar algunas cosas nuevas, pero aún están madurando, así que tengo que ver. Y, sí, he estado haciendo otras cosas. He producido un álbum de palabras habladas para un amigo mío, un poeta, Ahmed Burić, se titula Sin pustinje o Hijo del desierto. Ha sido lanzado por Dallas, un sello croata. Hemos tocado en Sarajevo y vamos a hacerlo en Novo Mesto, Ljubljana, Zagreb y muchas otras ciudades. También hemos actuado en Copenhague. Hemos tenido a Toni Kitanovski allí, e incluso a Ivan Mihajlović en el bajo, además de otros invitados. Es un proyecto realmente interesante en el que básicamente soy solo un guitarrista y el productor. Y es tan liberador hacer algo completamente diferente en el escenario. Y luego también estoy produciendo un álbum pop de una maravillosa joven cantante de Sarajevo, Esma Numanović. Realmente espero mucho de ella. Para mí, ha sido muy liberador trabajar en dos proyectos musicales completamente diferentes; diferentes de lo que hago y luego diferentes entre sí. Y realmente creo en Esma y su voz y sus canciones y todo, y estoy muy feliz de participar en ello. En otro frente, por así decirlo, durante mucho tiempo he estado terminando este libro sobre la tradición saz en Bosnia y particularmente en la región de Sarajevo, porque creo que históricamente sucedieron algunas cosas muy importantes no solo para la tradición musical sino también político-cultural de estas regiones, y espero que este libro salga en la primavera del próximo año, 2024. Es divertido, pero supone mucho trabajo, y es muy difícil encontrar tiempo entre conciertos y giras para hacerlo, pero soy persistente.
–No es tu primer libro. ¿Te gustaría…?
-No tengo ninguna ambición como escritor. Pero con mis escritos sobre música, trato de llenar huecos que siento que están vacíos. Como en 2016, cuando publiqué Sevdah, la historia del Sevdah. Simplemente, mucha gente me preguntaba sobre la historia del Sevdah, cómo se desarrolló, cuáles fueron las influencias, bla, bla, bla, y me di cuenta de que no tenía un libro o un artículo para enviarles. Porque la gente suele escribir artículos o libros sobre poesía oral, música de tambura, acordeón o radio, o cosas por el estilo. O algún canto tradicional y transcripciones de melodías. O escalas y cosas así. Y pensé: «Bueno, eso son fragmentos detallados y son académicamente importantes en términos de investigación científica, pero en términos de audiencias generales»… Y leí algunos libros geniales sobre rebetiko o flamenco o blues o lo que sea, que no estaban escritos por profesores de etnomusicología o musicología sino por periodistas, gente así, que solo trata de decir: «Está bien, ¿cómo puedo explicar esta música históricamente sin aburrir al personal con análisis teóricos que no siempre son buenos e importantes?». Y por eso lo hice. Solo traté de completar una parte del rompecabezas que faltaba. Creo que como artista que también está investigando mucho, estoy en una buena posición para combinar estos mundos, porque creo que tengo un sentido de lo que necesita el público en general, no solo en Bosnia sino en todo el mundo, y tengo bastante experiencia en investigación y puedo ofrecer algunas cosas realmente interesantes.
Discografía:
–Damir Imamović Trio: Svira Standarde/Plays standards (Buybook, 2006)
–Damir Imamović Trio: Abrašević live (Autoeditado, 2008)
–Solo: Damir Imamović (Gramofon, 2010)
–Solo: Svrzina Kuća (iTM, 2011)
–Damir Imamović Sevdah Takht: Sevdah Takht (iTM, 2012)
–Damir Imamović Sevdah Takht: Dvojka (Glitterbeat Records, 2016)
–Con Ivana Đurić, Greg Cohen y Derya Türkan: Singer of Tales (Wrasse Records, 2020)
–Con Ivana Đurić, Nenad Kovačić, Ivan Mihajlović y Mustafa Šantić: The World And All That It Holds (Smithsonian Folkways Recordings, 2023
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Sevdalinkas: 150 joyas del Sevdah, por César Campoy
