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Por César Campoy

Otro ejemplo más de la sencillez convertida en obra maestra. Apenas cinco compases, de esta composición cuyos orígenes se pierden en el tiempo, bastan para configurar una de las piezas más serenas y resultonas del Sevdah. De ello fue consciente Nedžad Salković, pieza fundamental del género conocido, tanto por su depurado registro vocal, como por su porte y elegancia. El de Tuzla, de hecho, ama a la cámara, y tanto sus apariciones televisivas como las portadas de sus discos así lo atestiguan. En 1975, tras más de una década de carrera, y con 35 años, publica uno de sus discos más importantes de su carrera, al unir sus fuerzas a la entrañable pareja de acordeonistas integrada por Radojka y Tine Živković. El resultado es Snijeg pade, drumi zapadoše (PGP RTB, 1975), un sobrio y magnífico elepé compuesto por diez clásicos del género, entre los cuales se encuentra nuestra Bol boluje mlado momče, interpretada con un cariño y sensibilidad (como el resto de las criaturas de este larga duración) que atrapan al respetable de inmediato.

Nedžad, con los Živković de fondo

Comentábamos que la pieza no tiene mucho misterio, a nivel compositivo. Así pues, el matrimonio inicia la grabación con una introducción de medio minuto que sirve para explicar, sin concesiones, las posibilidades de tamaña perla. Inmediatamente, Salković comienza a desmenuzar, con dulzura, el texto propuesto. Transición a cargo de la siempre efectiva Radojka; segunda estrofa, servida con idéntico academicismo; nueva demostración instrumental, y recta final de un minuto, en la cual voz y acordeón caminan de la mano, mientras el segundo, de vez en cuando, establece traviesos juegos. Tras la apacible conclusión, el estado de paz y relajación del oyente es, casi absoluto, pese al significado del texto (que se presta a diversas versiones), que podríamos traducir como El joven siente dolor de amor, y que aborda una nueva historia romántica, no sabemos si prohibida o imposible. El mozalbete se dirige a Lejla para preguntarle si está en casa, si está sola y si le han besado. Ella, tajante, responde: «Estoy en casa, estoy sola y nadie me ha besado en este rostro, que está reservado para ti«. Aunque se podría decir que Nedžad, prácticamente, acabó haciendo suya esta Bol boluje mlado momče (ha aparecido en diversos recopilatorios, además, a partir de, al menos, un par de revisiones), deberíamos trasladarnos más de medio siglo atrás para localizar una de las primeras grabaciones que se realizaron de esta pieza.

Otra obra maestra de Beba

La llevó a cabo una de las damas de la sevdalinka, Beba Selimović, en 1958, en compañía de los hermanos Petković, Jovica y Ratomir, que se marcan un dignísimo dúo de acordeones. Aquel vinilo se abría, en su cara A, con el Po mojoj bašti zumbuli cvjetaju de Jozo Penava, otro de los pilares compositivos e interpretativos del Sevdah. Se trata de la primera grabación oficial editada de Beba (18 añitos contaba; cuatro más que cuando fue fichada por Radio Sarajevo), y una buena muestra de la que se le venía encima a los amantes del género en las décadas siguientes. No encontrarán muchas más referencias oficiales editadas de otros artistas, en torno a nuestro tema. Eso sí, hay que aclarar que fueron muchos (y muy grandes) los que se enfrentaron a él, tanto en sesiones de la propia Radio Sarajevo, como en directo: Nada Mamula, Zaim Imamović, Silvana Armenulić, Radmila Jagodić, Mila Lekić… y, más recientemente, el propio Damir Imamović, junto a Jusuf Brkić.

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