Home

Por César Campoy.

Posiblemente nos encontremos ante una de las diez sevdalinkas más populares y versionadas. Y, de nuevo, menos es más, ya que Stade se cvijeće rosom kititi se articula a partir de tan solo nueve compases. Son los que bastan para crear una pieza tan entrañable como pegadiza, que nosotros hemos decidido recuperar a partir de una interpretación no excesivamente conocida de la más grande: Nada Mamula. Entendemos, por supuesto, que haya aficionados que se lleven las manos a la cabeza conscientes de que el magnífico Himzo Polovina tiene la patente reconocida de este tema, pero creemos que valía la pena desmarcarse de las innumerables adaptaciones que el Doctor realizó de tan preciosa serenata. 

Esto es histórico.

La más conocida, de hecho, posiblemente sea la primera de la que existe registro sonoro. Data de 1958, es una verdadera maravilla(reparen en la joven voz de nuestro protagonista), y se apoya en una pizpireta interpretación de la Tamburaški Orkestar Radio Sarajeva. Aquel sencillo se completaba con otro clásico, U lijepom starom gradu Višegradu, y tal fue su repercusión que aquel vinilo vivió reediciones hasta la extenuación, incluso, con carpetas de diferente color y diseño. Tan bien pintaron las cosas que, nada menos que ocho años después, aquel disco de Himzo Polovina volvía a ver la luz, esta vez, en formato epé, completándose con Telal viče y Prošetala Suljagina Fata (correcto, el Lijepi li su mostarski dućani). Estas dos últimas habían sido publicadas en 1963, con lo cual, la maniobra de Jugoton fue maestra al unir dos sencillos populares de Polovina y convertirlos en un epé imprescindible. Tan suya hizo Himzo este Stade se cvijeće rosom kititi que, en 1976 y en 1984, volvió a grabarla. En la primera ocasión, junto a la Narodni Orkestar RTV SA, para los archivos de Radio Sarajevo, y, en la segunda, con el apoyo de Omer Pobrić y la producción de Blagoje Košanin, para incluirla en su elepé Sevdah i suze (Jugoton).

Lo mejor de Nada.

Pero, bueno, retornemos a la dignísima versión (faltaría más) que nos dejó Nada Mamula. Resulta bastante complicado establecer la fecha exacta de grabación, ya que, con toda probabilidad, la pista pertenece a los archivos de Radio Belgrado. De hecho, es la propia Narodni Orkestar de la radiotelevisión de la capital serbia la que se encarga de acompañar a la artista, a partir de una revisión repleta de ternura y melancolía, en la cual los instrumentos se ponen al servicio de la cantante. Mamula, por su parte, pese a esa delicadeza, arrolla con todo aquello que sale a su paso. En pocas ocasiones alguien había sacado tanto partido a menos de una decena de compases, porque, este Stade se cvijeće rosom kititi, que podríamos traducir, literalmente, como Las flores comenzaron a rociarse con rocío, es un canto desesperado.

Hanka, por Pobrić.

Su letra, por momentos, es bastante cruel: «Los hilos de plata comenzaron a volverse plateados, los jóvenes comenzaron a emparejarse con las chicas. Tan solo yo no tengo a nadie en ninguna parte, nadie que me quiera. Solo yo, triste, tristemente, vivo en la tristeza. Solo yo no espero nada de nadie«. El mal rollo va en aumento a medida que nuestra protagonista pasea por el parque y observa a palomas y golondrinas flirteando. Entonces se da cuenta de que nunca fue amada por nadie, nunca recibió un beso de amor real. No obstante, lo peor está por llegar: «Joven me entregaron, por dinero, a un hombre viejo, para que cuidara de su casa y acariciara su barba blanca«. En este momento tan crucial y angustioso, muchas de las versiones del Stade se cvijeće rosom kititimarcan su final. Sí, en todo lo alto. Eso sí, la letra, en algunos escritos concluye que, la mujer, tras sentirse utilizada, lanza un grito final reclamando compasión: «Quiero amor, vida y alegría. Quiero Sevdah, la canción y la alegría«. ¿Cómo se han quedado? ¿Podemos ya considerar la sevdalinka como algo más que un género de simples e inocentes canciones de amor?

Mueve tus caderas a lo tradicional.

Comprenderán, ahora, lo solicitada que ha estado, a lo largo de la historia, esta criatura. La mayoría de las interpretaciones ahondan en ese espíritu delicado. Por ejemplo, la de Ivanka Stefanović; la de Anđelija Milić junto a (también) la orquesta de la radiotelevisión belgradense; la de Hanka Paldum, en 1980, en compañía de la banda liderada por Pobrić, o la de 1982 de Mersa Miljković, apoyada en Vladimir Felker. Más recientemente, Amira Medunjanin fue una de las primeras en reivindicar este clásico. Lo hizo en su disco en vivo, Live (Gramofon, 2009), registrado en el transcurso de la edición número 12 del Festival de Jazz de Sarajevo. Le acompañaban, entre otros, Edvin Hadžić (contrabajo), Dino Šukalo (guitarra), Amar Češljar (percusión) y Kim Burton (piano y acordeón). Además, existen un par de curiosas versiones más, llevadas a cabo entre 2016 y 2018. La primera, a cargo de Dražen Franolić y Kamenko Ćulap, es decir, a base de oud y percusión (en el disco Bujrum). En la segunda, a estos se unió Marko Jovanović con su armónica (el trabajo lleva por nombre Put).

Sobran las palabras.

No queda aquí la cosa. Existen homenajes de lo más variados. En 2018, Boško Jović incluyó una virtuosa revisión, a dos guitarras, junto a Sanel Redžić, en su disco Voyage, mientras que, en 1984, y a toda cuerda, las gentes de Ex Panonija tiraban de serenata en su disco Svirajte mi, tamburaši. Entre las adaptaciones más coloristas, en primer lugar, la que se marcó la conocidísima banda de pop, 7 Mladih, en un sencillo publicado por Jugoton en 1969. Aquella interpretación, pasados unos minutos, adquiere un ritmo mezcla de R&B y soul, y la letra es cantada en inglés. No obstante, la palma del bizarrismo se la lleva el croata Roman Butina que, en 1982, se desmarcó con Yu Disco Show (Jugoton), un elepé en el cual, en su cara B, establecía un pupurrí de 31 piezas tradicionales yugoslavas (entre las cuales se encontraba nuestro Stade se cvijeće rosom kititi, pero, también, U Stambolu, na BosforuTamo dalekoKad ja pođoh na Bembašu S one strane Plive) a partir de una orquestación bailonga. 

Deja un comentario