Por César Campoy.
Siempre es un placer acercarse a la obra de Silvana Armenulić; sin duda, una de las voces femeninas más inmensas que ha dado la música tradicional de los Balcanes. Los vericuetos de su manera de abordar las decenas de temas que acabó registrando tan solo son comparables con su azarosa existencia. En este caso, se enfrentó a una Rumena mi ruža procvala cuya primera referencia sonora pudo ser, perfectamente, una registrada por Safet Isović, a finales de la década de 1950, para Radio Sarajevo. No obstante, lo que sí podemos certificar, con certeza absoluta, es que Anica Jocić, con el apoyo de Diskos, publicó un epé, en 1962, encabezado por este tema, y que completaban Radino kolo, Stara lipo y Brzanka kolo, con acompañamiento orquestal de Žarko Milanović.
Nuestra querida Silvana pudo ver editada su versión en 1974 (poco menos de dos años antes de fallecer en un accidente de coche). La cantante ya era una grande cuando vio la luz, vía Jugoton, un soberbio elepé homónimo, repleto de magníficas interpretaciones (reparen en aquel endiablado Da sam ptica, o en su S one strane Plive), que contó con la ayuda de las orquestas de Aca Stepić y el incomparable Boki Milošević. El clarinetista serbio, precisamente, es el encargado de acompañar a la Armenulić en una ejecución bella y acongojante, que se inicia con un violín certero, punzante y melancólico. De inmediato, la diva despliega su maestría con impetuosa serenidad, consiguiendo que el oyente quede petrificado. La efectiva alternancia Boki–Silvana acaba de rematar una faena repleta de dignidad y señorío. Por cierto, de nuevo, como suele ocurrir cuando una sevdalinka recurre al elemento campestre, florido y de la llegada de la primavera, volvemos a toparnos con un texto repleto de dobles sentidos. Un texto que, por cierto, es muy corto (tres frases), y cuyo título lo dice todo: «Una rosa amarilla floreció para mí«. Una joven explica que tan solo hay disponible un sendero, y que por él llega su amado montado en caballo. El resto podemos imaginárnoslo.
En cuanto a otras interpretaciones, a la gran Zehra Deović, una de las defensoras más acérrimas de Rumena mi ruža procvala, se le conocen, al menos, dos versiones registradas, de gran interés. La primera de ellas está datada en 1966, y formó parte del epé liderado por el Ne znam šta ću majko de Škrba y Petković. En aquella ocasión, publicó PGP RTB y dirigió la orquesta Milorad Todorović. En 1982, ya con Jugoton, la artista incluyó otra versión en su más que recomendable elepé Zehrin Sevdah. Aquellas sesiones fueron lideradas por Ismet Alajbegović Šerbo y producidas por Risto Svirkov. Otras figuras de lo tradicional que acariciaron, con sensibilidad, estos compases, fueron Vasilija Radojčić y, unos tonos más bajos y, en 1979, Hanka Paldum; más en concreto, en su disco Srebro i zlato (Sarajevo Disk), con arreglos de Omer Pobrić y producción, también, de Svirkov.

