Por César Campoy.
La de Mara Đorđević (de familia, Marija Mišović) es una historia curiosa. Nacida en la localidad rumana de Odobești, en 1916, acabó convirtiéndose en una de las intérpretes serbias de tonadas tradicionales más populares del segundo tercio del siglo XX. Tras diversas penalidades familiares, acabó pasando su infancia en la ciudad macedonia de Tetovo, demostró que era una estudiante con mucho futuro, y decidió dedicarse a la música. A principios de los 1940 ya formaba parte de la plantilla de Radio Skopje. De hecho, su voz inauguró las emisiones, en 1941, poco antes de que el país fuera invadido. Tras la guerra perduró su destino nómada, y acabó viviendo, hasta el final de la década, en Pristina. De allí, después de que su marido fuera trasladado por cuestiones profesionales, viajó hasta la localidad en la que ya residió buen parte de su vida, Pančevo, a pocos kilómetros de la capital de Yugoslavia. Casi de inmediato, se convirtió en una figura de Radio Belgrado.
Su peculiar registro es tan personal como atractivo, así como una invitación al oyente para acercarse a un universo onírico surgido de su forma de afrontar los sonidos más ancestrales, sobre todo, si provenían de las zonas de Kosovo y de Macedonia. Esto es debido a que, en los periodos en los que vivió allí, no dudó en empaparse, de manera brutal, de las correspondientes piezas típicas. Pararse y cerrar los ojos ante sus interpretaciones de canciones como Čaglavčanke sve devojke, Mori, Ano o Beli lice Prizrenka devojka es un verdadero ejercicio de purgación interno. Mara siempre tuvo algo especial en su forma de afrontar los temas que se le pusieran por delante, y esa magia adquiría una dimensión superior si, como decíamos, se localizaban al sur de Serbia. Es el caso de Karanfile, cvijeće moje, criatura que, en sus primeras notas, puede llegar a recordarnos a otra vieja conocida. Telal viče. Aunque considerada, por muchos tratados, una sevdalinka pura y dura, sus orígenes nos llevan al área de Peć, cerca de la frontera con Montenegro, pese a que otras fuentes se van casi 100 kilómetros más al sur, a Prizren. Hay que andar con cuidado, porque existen varias letras bajo este título, de la misma forma que también las hay bajo la leyenda Karanfile, pleme moje. De hecho, Himzo Polovina es uno de los pocos artistas que llegó a grabar diversas de estas versiones, en su más variadas combinaciones de textos. Por supuesto, tampoco hemos de confundir esa creación con otra titulada Karanfil se na put sprema, aunque la propia Đorđevićtambién registrara su visión.
Así pues, no daremos muchas más vueltas, y trataremos de centrar la mirada en la pieza que a nosotros nos interesa, una Karanfile, cvijeće moje (que la Đorđević abordó en varias ocasiones) grabada el 7 de noviembre de 1958 con el apoyo de la Orquesta Nacional de Radio Belgrado, dirigida por Đorđe Karaklajić, y que a inicios del siglo XXI apareció, tanto en el recopilatorio Oj golube: Najlepše Tradicionalne Pesme, como en la imprescindible antología, en torno a Mara, titulada Pesme sa Kosova i Metohije (Canciones de Kosovo y Metojia). Arreglada por Vojislav Trifunović, su ejecución es angelical y sanadora. Tras una introducción, que nos abre la puerta a una nueva dimensión, entra Mara, con su aguda voz que, hipnótica, arriesga con la afinación para deleite del oyente ávido de nuevas sensaciones. El desarrollo propuesto es perfecto para que el respetable pueda asimilar el texto que se nos propone, cuyo título podríamos traducir como Clavel, mi flor. Sí, una vez más, el elemento floral repleto de simbología sensual. Miren, si no: Se plantea la duda sobre cuál sería el lugar ideal en el cual posarse la semilla y florecer el clavel: «¡Bajo la ventana de mi querido! Así, cuando se acueste a dormir, mi olor se apoderará de él«.
Muchas y variadas son las voces que, desde hace décadas, han querido registrar su versión de Karanfile, cvijeće moje. A la dePolovina deberíamos añadir las de Zora Dubljević, Safet Isović o, más recientemente, Mostar Sevdah Reunion (como banda, y con Ljiljana Buttler) o las gentes de Afion (sí, la formación donde podemos encontrar al Nenad Kovačić del Sevdah Takht de Damir Imamović). En su elepé Čudni svati apostaban por una personal adaptación cuya letra que ahondaba en la idea original propuesta: «Me gustaría ser una semilla de clavel para llegar hasta la ventana de mi querido, crecer allí y desprender un dulce aroma«.


