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Por César Campoy.

Pieza clásica y solemne donde las haya, se cree que fue compuesta a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el alcalde de Banja Luka era Himzaga Bahtijarević (en la localidad, la llamada Casa Bahtijarević, cerca del río Vrbas, está considerado monumento nacional). Uno de sus hijos, Edhem, bastante sociable y educado, se había formado en Viena y, junto a sus amigos, en su famosa morada, organizaba veladas en las que, entre otras cosas, se cantaba. Por lo visto, las jóvenes solían reunirse en una vivienda de enfrente, escuchando y uniéndose al jolgorio. En tan festivo contexto, según se cuenta en Banjalučki sevdah u vremenu (Omer Pobrić, Institut Sevdaha, 2004), surgió esta sevdalinka tan popular que, en su texto original, nombraba, entre otros, al mismo Edhem, seguramente, bastante pretendido por su condición social. De hecho, el verdadero espíritu de este tema se basa en los anhelos de una chica, que sueña con el amado ideal, que debería tener las virtudes de los chavales con más solera de Banja Luka; entre ellos, por supuesto, el hijo del alcalde.

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Vieja estampa de Banja Luka

Por desgracia, la letra definitiva, la que aparece en la práctica totalidad de las versiones registradas, es mucho más reducida e incorpora evidentes cambios, aunque la esencia del mensaje, como veremos, perdura. Posiblemente, una de las primeras versiones de este tema que fueron registradas sea la que llevó a cabo Dušan Nikolić, pionero del arte de la sevdalinka, nacido a principios de la década de los 20 del siglo pasado. Fue en 1958, bajo el auspicio de Jugoton y con el apoyo de la famosa orquesta liderada por Dušan Radetić, cuando vio la luz un sencillo que encabezaba nuestro Vrbas voda nosila jablana y que completaba el Nabrala je djevojka, de Miodrag Todorović Krnjevac. En él, Nikolić daba buena cuenta de ese peculiar registro nasal tan llamativo.

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Nikolić ya la grabó en 1958

Y, precisamente, esa condición de composición clásica, con ese tempo tan conservador y esas posibilidades tan poco dadas a la experimentación, nos han hecho optar por Sejo Pitić a la hora de mostrar una de sus versiones más destacadas. Más que nada, porque podríamos afirmar que este sarajevita hasta la médula vendría a ser uno de los últimos guardianes de las esencias más conservadoras de la sevdalinka; el último (o penúltimo) de una generación de intérpretes que se ajustan a cánones inamovibles. Sejo, de hecho, pertenece a esa quinta de artistas que aprendió de la hornada dorada surgida en los 60 del siglo pasado. Sobreviviendo, de kafana en kafana, e, incluso, tocando instrumentos para otros artistas, fue empapándose del oficio, poco a poco, hasta que, a principios de los 70, Beograd Disk publicó sus primeras grabaciones oficiales con el apoyo de orquestas como las de Ismet Alajbegović Šerbo (aquel Ako želiš moju ljubav) o Branimir Đokić (ese Čiča peče rakiju arreglado por Boki Milošević).

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El disco que encumbró a Sejo

Tras algún vinilo con Diskoton y Jugoton, el éxito le sobrevino, en 1980 (Sarajevo Disk), con el celebérrimo Plava žena, del cual se llegaron a editar más de un millón de copias. Este tema, compuesto por Mijat Božović, con el cual participó en el festival de la canción de Ilidža, acabó por lanzarle al resto de Yugoslavia, y le llevó a residir en Belgrado durante una temporada, justo en la que vivió uno de sus mejores momentos profesionales. No obstante, Pitić siempre le fue fiel a su querida Sarajevo, donde continuó actuando durante el asedio. Tras la guerra, y pese a algunos problemas de salud, siguió pisando tablas, participó como jurado en algunos espacios musicales de televisión y presidió alguna asociación de artistas locales. El homenaje seleccionado forma parte del disco Iz kulturne baštine 1, un recopilatorio compartido con Hanka Paldum y publicado, en 2002, por la discográfica de la radiotelevisión de Bosnia-Herzegovina, tan interesante como parco en detalles. De hecho, no es la única referencia de este sello que, pese a incluir (como es el caso) jugoso material de archivo de Radio Sarajevo, carece de un libreto digno. Una pena.

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Trabajo compartido

Como avanzábamos, también en el caso de Vrbas voda nosila jablana existen diversas versiones, con más o menos variaciones en su letra, pese a lo breve de su texto. Sin ir más lejos, mientras que Safet Isović canta: “Vrbas voda nosila jablana, na jablanu kuje kujundžija“, Silvana Armenulić cambia el “na” por un “pod“. Es decir, uno sitúa la acción en el árbol, y, la otra, bajo el árbol. Resumiendo, la tonada, cuyo título podríamos traducir como El agua del Vrbas arrastraba un álamo, narra la petición (¿recuerdan el sueño de la joven?) a un kujundžija (artesano joyero) para que elabore un gran hombre o un marido de oro. Ya advertíamos que esta pieza de estilo y compás tan clásicos no se presta a demasiados experimentos. Consciente de ello, Sejo la aborda desde la ortodoxia más pura. Aparece la orquesta con una introducción de manual y, acto seguido, nuestro protagonista tira de experiencia para desgranar las frases apoyándose en constantes modulaciones y ejercicios de respiración que le facilitan alargar las palabras como si en ello le fuera la vida. Tres bloques perfectamente definidos, en los que apenas hay hueco para la floritura, y que mueren en un final ralentizado, como mandan los cánones.

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Silvana, siempre Silvana

Con esa misma prestancia académica, desde principios de los 60 del siglo XX, (lo avanzábamos) el mismísimo Isović acogió en su seno una composición que le venía como anillo al dedo. De hecho, desde que la utilizó para dar nombre a aquel epé publicado por PGP RTB, en el que se hizo acompañar por la orquesta de la radiotelevisión belgradense, nunca faltó en su repertorio (ni en sus constantes recopilaciones). Precisamente, con idéntica formación, entró en el estudio, en 1969, nuestra admirada Silvana Armenulić, para cincelar una tierna y eterna revisión de un tema, el que nos ocupa, que también podrán encontrar a partir de voces tan solventes como las de Haris Džinović o Vida Pavlović, o acordeones tan reconocidos como los de Ljubiša Pavković o el maestro Jovica Petković.

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