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Por César Campoy.

A Hanka Paldum hay que respetarla. Aunque solo sea por su condición de leyenda viva de la música popular de los Balcanes. Nacida, en 1956, en Čajniče, pequeña localidad situada en la Republika Srpska de Bosnia-Herzegovina, cerca de la frontera con Montenegro y Serbia, siendo una niña se trasladó con su familia a Sarajevo. Allí, con 12 años, comenzó a cantar en festivales escolares y actos culturales. Cuatro años más tarde, con tan solo 16, entraba a formar parte de la nómina de Radio Sarajevo, y comenzaba a registrar sevdalinkas como si no hubiera mañana hasta que, en 1973, Jugoton le hace una oferta que, obviamente, no puede rechazar: Grabar un sencillo con dos temas del celebérrimo Mijat Božović (en uno de ellos colabora Rade Dubljević), auspiciada por la Orkestar RTV Sarajevo y el maestro Jovica Petković. Como era de prever, ya no hubo marcha atrás, y en los años siguientes apenas dejó de pisar la moqueta del estudio, más que para girar, de aquí para allá, y comenzar a meterse en el bolsillo a un público que, desde entonces, siente devoción hacia ella.

1973Primera

Lo primero de Hanka

Curiosamente, aquellos primeros discos estuvieron plagados de temas nuevos, compuestos expresamente para ella (muchos, vía Božović) por creadores como Borislav Stevković, Nasiha Kapidžić-Hadžić, Hilmo Mujić, Ratomir Petković, Slavko Balog o Marin Radić. Eso hizo que, pese a la condición de cantante de sevdalinkas de Paldum, la mayoría de esas canciones registradas orbitaran en otros nichos de la música tradicional de la región. Uno de los ejemplos más claros fue aquel Voljela sam oči zelene ideado por el propio Božović, todo un éxito en su momento, y uno de los temas más demandados, incluso, hoy en día. Tan bien iban las cosas que, a finales de los 70 del siglo pasado, junto a su marido, se embarcó en la aventura de poner en marcha una discográfica, Sarajevo Disk, a través de la cual publicó, en 1979, otro de sus grandes bombazos, Voljela sam, voljela, canción que debía haber grabado Vatreni Poljubac, una de las bandas de rock duro más populares de Yugoslavia, liderada por Milić Vukašinović, y que acababa de firmar un contrato con la discográfica. Aquella pieza, típica muestra del heavy bosnio con tintes tradicionales (basta con revisar la discografía de Bijelo Dugme o Divlje Jagode) casó a la perfección con el estilo que, en esos años, frecuentó Hanka, basado en los sonidos orientales, hasta cierto punto, machacones, un tanto actualizados.

1974HankaUnadesusprimerasgrabaciones

Paldum, en sus inicios

De hecho, tanto se empecinó la Paldum en fusionar folk, pop y rock, que, tras el bombazo de Voljela sam, voljela, jóvenes consagrados de la música moderna, como Nikola Borota o el mismísimo Goran Bregović corrieron a ofrecerle sus servicios. Todo aquello quedó plasmado en trabajos como Čežnja (1980) o Sanjam (1982). Como el lector adivinará, a estas alturas, la relación discográfica de Hanka con el universo Sevdah era, más bien, inexistente. Eso sí, había pasado a convertirse en la estrella de música pop-folk más importante en Yugoslavia, a partir de unos ritmos que, en ocasiones, por inmediatos, resultarán cansinos para cualquier amante de la buena música. Además, Paldum comienza a potenciar un registro vocal típico de este estilo, repleto de modulaciones e impostaciones, que le acompañará durante muchos años en sus giras por medio mundo. Justo, hasta hoy en día, cuando esta corajuda artista sigue subiéndose a los escenarios, grabando discos y participando en diversos espacios televisivos, y cuando, curiosamente, sigue siendo considerada una gran dama de la sevdalinka, género que, exceptuando alguna grabación esporádica (como aquel Sevdah je ljubav, de 2008) tan solo ha venido frecuentado en vivo.

1963Dusanka

Dušanka y Himzo

En cuanto al tema que hoy nos ocupa, Zaplakala stara majka, también conocido como Zaplakala stara majka Džafer-begova, es uno de los clásicos del género. Gema tradicional bosnia, la grabación más antigua que de ella se conserva data de principios del siglo XX, en boca del barítono serbio Rada Stojadinović. Varias décadas más tarde, coincidiendo con la era moderna y dorada de la sevdalinka, la podemos encontrar en el epé compartido por Himzo Polovina y Dušanka Labor, en 1963 (vía Jugoton). Allí, es ella quien se marca una versión reposada (y, también, impostada), acompañada de la orquesta de Danilo Blagojević. El propio Polovina, un tanto celoso, acabaría vengándose, con creces, en los años siguientes, como veremos después, a partir de varias versiones.

1964Joe

‘Yugoslavia – U.S.A.’: ponle un 1

Tan solo unos meses después, Zaplakala stara majka (no confundir con otra pieza titulada de igual manera, interpretada por artistas como Marković Žica) apareció en un curioso elepé titulado Yugoslavia – U.S.A., capitaneado por Joe Marmilich and his Marjon Recording Tamburitza Orchestra. El de Marmilich es uno más de los incontables casos de músicos de ascendencia balcánica que, en los Estados Unidos, desde principios del siglo XX, vinieron demostrando su pasión por las raíces, sobre todo, a partir de las orquestas de pulso y púa. Joe se especializó, dentro del curioso universo de la tambura, en la bugarija y el brač.

1982Hanka

Nuestra protagonista, en 1982

Pero retornemos con la buena de Hanka. Como ya avanzamos, su discografía oficial no representa, precisamente, una colección de lo mejor de la historia de la sevdalinka. Eso sí, a lo largo de su carrera, siempre encontró un hueco para seguir visitando los estudios de Radio Sarajevo y retornar a los orígenes. En una de esas sesiones, en 1981, coincidiendo con uno de sus periodos de máxima popularidad, a buen seguro que Paldum encontró cierta paz aislándose de la fama para sumergirse en este clásico del Sevdah. En aquella grabación le acompañó, como era de prever, su querida orquesta de la Radiotelevisión de Sarajevo, y en los archivos de la emisora quedó prueba de ello.

orquestarsa1982

La Orquesta, sinónimo de calidad

Por lo que respecta al significado de lo narrado en Zaplakala stara majka, existen diversas versiones y textos más o menos largos, pero prácticamente todos giran alrededor de la misma historia, una trágica y desgarradora narración con planteamiento, nudo y desenlace de lo más acongojantes; prácticamente inconcebible, de una mala leche supina. Su título vendría a ser: La vieja madre (o La vieja madre de Džafer-bey) lloraba. El Bey, en época del dominio turco, era el cargo otorgado a ciertos mandamases de algunas zonas del Imperio Otomano; entre ellas, por supuesto, Bosnia. De esta manera, resulta que la vieja madre del Džafer-bey, a grito y lloro pelados, le hace saber que no está muy de acuerdo con la joven con la que se quiere casar. En un caso de manual de complejo de Agripina, la señora se marca una serie de exabruptos y calumnias que tienen un efecto fatal. De hecho, su hijo acude, cegado, a la habitación de al lado, en la cual su querida se encontraba rezando la oración del mediodía, agarra su cimitarra y acaba con la vida de la joven. Duro, ¿no? Pues, lo más guasón del tema está por llegar. En esos momentos, la progenitora aparece en escena y se desmarca, sin remilgos con un: “¿Qué has hecho, Džafer-bey? ¡Tan solo estaba bromeando!“. Su hijo, hundido, tan solo es capaz de responder: “Ahí tienes, madre, tu pecado; el tuyo y el mío, aunque más tuyo que mío“.

1984AStar

Estrella de los 80

La verdad, Hanka y la orquesta de la Radiotelevisión de Sarajevo se marcan un homenaje a Zaplakala stara majka más que digno y sentido. De manera reposada y elegante, una introducción de medio minuto da paso a una Paldum que recita sin prisa. De hecho, parece que vaya, por momentos, un tanto retrasada con respecto al ritmo que marcan los músicos. Sin duda, el registro de la diva, a esas alturas, ya era inconfundible. Repare el oyente, si no, en esa modulación tan acusada.

1972Himzo

Himzo, Mostar y Sarajevo

En cuanto a otras interpretaciones, aparte de las apuntadas, y como ya hemos avanzado, el gran Himzo Polovina, tal vez con la mosca detrás de la oreja tras aquella grabación compartida con Dušanka, también recurrió a Radio Sarajevo para registrar una bella versión, en 1971, acompañado de la orquesta de tamburicas del ente. Un año más tarde, ya con más empaque y promoción, el mago de la sevdalinka volvió a caer en la tentación, junto a la orquesta de Ratomir Petković, e incluyó una revisión más elegante y vistosa en su indispensable elepé Narodne pjesme iz Bosne i Hercegovine (Jugotón). En 1986, otro pilar básico del género, Safet Isović probó suerte con una adaptación no tan bien hallada, a partir de esos malditos arreglos ochenteros y esos ecos salvajes que parecen localizar a nuestro intérprete en lo más profundo de las cuevas de Badanj. El título del disco, para los seguidores acérrimos: Šta se ovo Bosnom čuje… (Diskoton). Los arreglos y producción corrieron a cargo de Omer Pobrić. Poco tiempo después, nuestros queridos Behka i Ljuca, en una de sus habituales apariciones televisivas, también decían la suya.

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